Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz

Y ardieron las suelas en la pista

Un solo de guitarra de Al McKay que hizo vibrar al polideportivo. /Igor Aizpuru
Un solo de guitarra de Al McKay que hizo vibrar al polideportivo. / Igor Aizpuru

Mendizorroza se entrega al disco-funk de Earth, Wind and Fire en una segunda parte de regreso a los ochenta

LAURA ALZOLA y NATXO ARTUNDO

¿Quién dijo que en Mendizorroza no se baila? Todos los mitos cayeron ayer en el polideportivo. Quizá porque los vocalistas de Earth Wind & Fire desconocían la costumbre de los alaveses de sentir la música más bien por dentro, se atrevieron a exigir lo imposible. «Vamos a hacer que os soltéis», advertían nada más comenzar. Y en la cuarta canción, la mitad del público bajó desde las gradas a bailar a la pista. Con desparpajo, sin vergüenza.

Para lograrlo, los de Chicago lanzaron un pequeño órdago a modo de pseudo-rebelión contra el 'establishment', al estilo de Queens of the Stone Age en el festival Mad Cool la semana pasada. Con descaro, los vocalistas de la banda se atribuyeron la zona reservada frente al escenario, que llamaron VIP. Cordones rojos abajo, público al frente.

El semblante de los abonados de primera fila fue un poema a ratos. Quizá porque todo el concierto estuvo dedicado a mover el esqueleto y a ellos les taparon la vista decenas de traseros agitándose al son del 'beat' más 'funky'. La coreografía era complicada de ejecutar pero Tim Owens, DeVere Duckett y Claude Woods marcaban cada paso como si hubiesen firmado un pacto con el diablo. Toque preciso de cadera, ondas con el tren superior, brazos de plastilina siempre coordinados. Los años pasan por todos los mortales, pero quien una vez fue el rey de la pista no deja de serlo. El que tuvo retuvo. Eso mismo debieron pensar, por cierto, muchos de los asistentes al concierto. «Esto sí lo sé bailar», se escuchaba entre sonrisas de complicidad.

Un solo de Dean Gant a los teclados, encajado en mitad de la vorágine para ofrecer un respiro, cautivó a quienes para la octava canción se habían quedado sin aliento. Enseguida, los móviles salieron al acecho. Sonaban los primeros acordes de 'After the love has gone', la balada lenta hecha a medida de los aficionados a danzar 'agarrado'. Después el público se mantuvo en trance gracias al saxo de Ed Wynne durante 'Reasons' y 'Fantasy'.

Rozando la medianoche, la guitarra del gran Al McKay y su trombonista de rastas plateadas, Shaunte Palmer, devolvieron la aceleración a las suelas de los zapatos. Con el nuevo día, la temperatura empezó a subir, y ni siquiera el ya habitual bochorno del polideportivo logró detener los engranajes. Como colofón sonó 'September' y sólo pudieron resistirse al tarareo los más escépticos. En el bis dieron el resto con 'Boogie Wonderland' y 'Let's Groove'. Sí, fue un concierto alejado del género que da apellido al festival; pero de entre quienes se quedaron a la segunda parte, nadie negará haberse divertido.

Hudson inundó de jazz fluido y contemporáneo la segunda velada Un enorme caudal de música
Maestros. Scott Colley, en primer plano, frente a John Scofield; los dos demostraron su virtuosismo ayer en Mendizorroza.
Maestros. Scott Colley, en primer plano, frente a John Scofield; los dos demostraron su virtuosismo ayer en Mendizorroza. / Igor Aizpuru

Las personas que llenaban más o menos la mitad del aforo de Mendizorroza sabían que iban a disfrutar. Hudson son uno de los 'platos fuertes' de esta edición, pero las expectativas no siempre se cumplen. Claro que con un póquer de estrellas como el formado por Jack DeJohnette, John Scofield, John Medeski y Steve Colley era difícil que la propuesta no sonara fluida. De hecho, el propio nombre del proyecto, como el río que recorre el valle donde los cuatro tienen su residencia habitual, ya daba idea de que el contenido de la actuación iba a contar con todo un caudal de música.

Y así fue, con un enfoque eléctrico a ratos y más clásico en otros momentos, pero siempre con una buena dosis de contemporaneidad y frescura, como puede disfrutarse en el disco. Por cierto, que el repertorio se basó en 'parte'del álbum titulado 'Hudson'. En concreto, la selección del material estuvo virada más hacia las composiciones propias, con piezas como la que pone título al proyecto o las que firma en solitario Scofield 'El Swing' o 'Tom Then Jack', así como el 'Dirty Ground'de DeJohnette. Quedaron fuera las composiciones de Bob Dylan —'Lay Lady Lay' o 'A Hard Rain's Gonna Fall'— o la pieza que tocaban The Band, 'Up On Cripple Creek'.

Entre las versiones reinaron las del mítico guitarrista Jimi Hendrix, como 'Wait Until Tomorrow' que abrió la velada o el 'Castles Made of Sand' que —al igual que parte de 'Dirty Ground'— cantó el batería. DeJohnette, que cumplirá 75 años el 9 de agosto, pocas horas antes de que Celedón retorne a los cielos vitorianos, es el que ha engrasado las cosas para juntar a semejante banda, a la que lleva esa volandas con su intenso y versátil concepto de batería. Junto a él, Colley asume sin complejos el lugar que ocupaba en el álbum el gran Larry Grenadier. Lo demostró con un exquisito solo que arrancó con el arco en el contrabajo para terminar con los dedos arriba y abajo del diapasón.

En el caso de Scofield, su Ibanez negra de media caja lanzó toda una pamplina de recursos musicales a lo largo de la actuación. Desde lo más eléctrico y conspicuo hasta los detalles de más gusto, por no hablar de los inteligentes intercambios de frases musicales con John Medeski. El teclista ofició verdadera magia tanto con un piano que llevó con exquisitez a la zona más clásica del amplio espectro sonoro como con el órgano Hammond, donde su maestría hizo vibrar al público a través de esa señal inconfundible del amplificador rotativo Leslie, que tanta tradición ha escrito en el jazz, el blues, el soul o el rock. Como el tema legendario de Joni Mitchell, 'Woodstock', que cerró el concierto en los bises.

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