Blues de gourmet en Mendizorroza

Ruthie Foster en el escenario de Mendizorroza/
Ruthie Foster en el escenario de Mendizorroza

Ruthier Foster y Taj Mahal brindaron una doble propuesta, ecléctica y de alto nivel, en torno a la música norteamericana

NATXO ARTUNDO

Parecía una declaración de principios. Cuando a las 21.00 horas la tejana Ruthie Foster inició su concierto en el polideportivo de Mendizorroza, el tema elegido se titulaba 'Singing the Blues' ('Cantando el blues'). Con reminiscencias de la música sureña estadounidense, fue el arranque de algo que llegó mucho más allá del género de los manidos doce compases. Ya lo dijo la cantante y guitarrista: la cosa iba de «gospel, blues, soul y puede que un poco de reggae».

Con un tempo y una armonía muy del gusto del veterano Van Morrison, la pieza permitió apreciar ya lo bien empastados que sonaban el bajo de cinco cuerdas de Larry Fulcher, la batería de Samantha Banks y la guitarra de Hadden Sayers. Por cierto, que el curioso instrumento era un 'frankenstein' a base del cuerpo de una añeja Fender Stratocaster, el mástil de una Telecaster y los fonocaptores de doble bobinado con pinta retro. Quien la manejaba demostró con creces su clase como instrumentista elegante, incisivo y eléctrico, en el amplio campo entre el country, el rhythm and blues o el rockabilly y arrancó más de una andanada de aplausos.

El bajista, por su parte, quiso tener el detalle de saludar en español «Hola gente, ¿cómo estás?» y fue aplaudido por ello. Pero su trabajo con las frecuencias graves fue absolutamente imprescindible para, junto a la batería de la jovial y eficaz Samantha Banks, crear una base que diera potencia al blues tejano 'Small Town Blues', tras el cual la poderosaa voz de Foster se destapó del todo en 'Brand New Day', con un inicio a capella, un coro pegadizo «a-ha-uh» y toques de guitarra wah.

La guitarra acústica Gibson, que Foster tocó con púas de dedos, fue otro elemento casi constante. Y es que hubo piezas a capella o voces acompañadas por palmas y pandereta. Volvió a sonar el gospel y hasta hubo gente a quien gustó más en este género que el sexteto de Bryant Jones. Ella también empleó un teclado Nord con sonido de piano eléctrico y entusiasmó en el tema 'Phenomenal Woman', con unos alardes vocales especialmente apabullantes.

Ya en la recta final, 'Stone Love' sirvió para que cada fraseo de guitarra y voz se llenaran de profundo blues sobre una base más soulera o de r 'n' b. Pero el final, con 'Travelin' Shoes' dejó a todos con ganas de más, en clave de espiritual con palmas transportado al terreno del funk y con solos de la banda. No hubo bises, algo que lamentó la concurrencia.

Taj Mahal Trio

Y si Ruthie Foster conquistó al público, Taj Mahal lo acompañó como un vetreano guía por los senderos de la música americana, como un entrañable abuelo. Simpático y con la cercanía que le permitía su conocimiento del español «¿Cómo están ustedes?» repartió el trabajo de sus manos entre diversos instrumentos. Comenzó con un dobro de tres conos una guitarra de cuerpo metálico con la que recordó bastante a su amigo y compañero de aventuras en Rising Sons Ry Cooder.

'Good Morning Litle Schoolgirl' sonó con autoridad, conocimiento, sabiduría de viejo bluesman y mucho más. La voz de Taj Mahal sigue potente y firme a sus 74, e incluso saca de vez en cuando ese tono grave y ronco tan característico. El conocido tema 'Corrina, Corrina' que Taj Mahal ha interpretado junto a Wynton Marsalis y Eric Clapton o a The Rolling Stones no podía faltar en un repertorio donde también estuvo el clásico 'Fishin' Blues' que, yendo a la explicación más adecuada, sonó a vintage contemporáneo, pese al aparente oxímoron.

Taj Mahal, perfectamente escoltado por los integrantes de su trío Eddie Rich al bajo y Kester Smith a la batería, tocó también el banjo de cinco cuerdas o el ukelele de ocho, al que llamó «la niña», además de una guitarra clásica con la que se acercó a los aires españoles o una acústica con pastilla de eléctrica con la que tocó el estándar 'C.C. Rider' o riffs a lo Elmore James, de gran sabor bluesero. Eso, por no subrayar sus intervenciones al piano y al órgano con un teclado Kurzweil. Todo un maestro, que se despidió «hasta la próxima». Una gran velada.

 

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