Destellos de gospel en el arranque del Festival de Vitoria

Bryant Jones andThe Victory Gospel Singers, esta noceh en Mendizorroza/
Bryant Jones andThe Victory Gospel Singers, esta noceh en Mendizorroza

El concierto de Bryant Jones & The Victory Gospel Singers gustó al público, aunque fue largo y perdió presión en algunos momentos

NATXO ARTUNDO

Ellas, de morado. Ellos, de gris. Las cuatro cantantes y los dos vocalistas salieron al escenario de Mendizorroza para dar una gran sesión de música espiritual. Era el arranque de las actuaciones en el polideportivo en la XL edición del Festival de Jazz de Vitoria, que estuvo lleno, aunque no hasta las cartolas (eso será el viernes, con Jamie Cullum). Y Bryant Jones & The Victory Gospel Singers comenzaron alabando la belleza de la ciudad y su gente, para empezar fuerte con un 'Jesus Will' donde el juego de llamada y respuesta entre el reverendo y sus fieles compañeros brilló, antes de que el grupo afrontase un jubiloso 'The Lord Is Blessing Me'.

Las voces empastaban como engranajes bien engrasados que encajan a la perfección. Todo un vehículo para emocionar a los asistentes, a quienes el reverendo Jones quiso llevar de la mano a conocer a la gran familia del gospel, el jazz y el bues. Gracias a un sentido 'Motherless Child', donde la voz del líder y pianista destacó sus capacidades y feeling.

Más adelante llegó el primero de los viajes a Chicago, a la iglesia baptista, para el cual el público fue invitado a levantarse. Hubo mucho aplauso y algunos demostraron que en su idea de un buen concierto de gospel se incluye un cierto dolor de manos al final. Con 'The Holy Ghost', la cadencia del ritmo se aceleró y levantó el ánimo de la parroquia.

Jones quiso dejar claro que le gusta la música en general, no sólo el gospel, por lo que se puso unas gafas negras e imitó a Ray Charles y, en el estilo de 'El Genio', se volcó en un gran 'Nobody Knows', con su clásico juego de llamada y respuestas, intercambio de 'aleluyas' y, en definitiva, el gran vínculo entre lo religioso y el rhythm and blues profano del maestro invidente. Pero sin salirse del género, hasta que el reverendo observó que el de Vitoria es un festival de jazz, y el grupo se lanzó a un aplaudido 'What a Wonderful World' y el tema popularizado por Louis Armstrong cosechó los mayores aplausos.

O Happy Day

Brillaron los artistas de Chicago en 'Amazing Grace', así como en el clásico 'He's Got The Whole World', así como en el 'Jesus Is The Answer', que el cantante contrapuso a «tanta violencia y odio» que hay en el mundo. Como para tener que aprender a amar de nuevo, valoraba, a la vez que invitaba a la concurrencia a dar un abrazo a alguien próximo. El final del concierto, con 'O Happy Day' y numerosos móviles ejerciendo de linterna en las gradas, fue otro momento memorable, como el también archiconocido 'Amen'.

Lo que no lo fue para tanto fue el conjunto del concierto. Aunque tanto Bryant Jones como las sopranos Lisa Jackson y Cantrell Ward, las altos Debra Lane y Jeannie Lightfoot y el tenor Tim White un gran animador y 'showman', sin duda hicieron buenos papeles, no hubo solos tan destacados o memorables como en otras actuaciones (la de Tina Brown de 2015 sigue pesando mucho). Tampoco el experimentado director fue capaz de mantener la tensión del concierto a lo largo de sus dos horas, a pesar de su buen humor, su cercanía y sus ocurrencias como poner a una espectadora a dirigir al grupo.

Intermedio fuera de lugar

Pero lo peor, sin duda alguna, fue un intermedio totalmente fuera de lugar, que sólo se explica para que el festival aumente sus ingresos por ventas hosteleras. Pero son las cosas que, Dios mediante, sirven para ayudar a que el ciclo garantice su continuidad, aunque el balance no debería ponerse nunca por delante de lo artístico o, en este caso, musical.

Quienes disfrutaron de la sesión vespertina en el Teatro Principal, degustaron una Konexioa entre el contrabajista vitoriano Pablo Martín Caminero y el saxo estadounidense Chris Cheek. El batería Borja Barrueta y el pianista Albert Sanz completaron la lista de ingredientes para una química especial, en la que temas del alavés como 'El 13 de la suerte' o 'Soleà de Gasteiz' se combinaron en el repertorio con piezas del americano como 'Panels', 'Lunar' o 'Cargols' o el 'Bird's Eye' firmado por Sanz. Un buen prólogo para las siempre interesantes actuaciones del Jazz del Siglo XXI, que hoy cuentan con el estupendo guitarra Ximo Tébar.

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