Chick Corea y Herbie Hancock deslumbran en el cierre del Festival de Vitoria

Los pianistas Chick Corea (fondo) y Herbie Hancock (i) en el concierto que cierra el Festival de Jazz de Vitoria. /
Los pianistas Chick Corea (fondo) y Herbie Hancock (i) en el concierto que cierra el Festival de Jazz de Vitoria.

En un concierto sin interrupciones, dedicado a Paco de Lucía, han tocado temas de ambos y hasta una reinterpretación del Concierto de Aranjuez en la que han conseguido hacer cantar al público

PABLO MADARIAGA (EFE)

Chick Corea y Herbie Hancock han planeado con su música, deslumbrando al público de Vitoria en un concierto de cierre del Festival de Jazz que han dedicado íntegramente a Paco de Lucía, con quien Corea compartió este mismo escenario hace un par de años.

Por una vez, la organización les ha permitido tocar sin interrupciones, algo insólito en este festival, y el conjunto ha durado algo menos de dos horas que se han pasado en un suspiro, incluidos los dos bises, el primero de los cuales ha sido una reinterpretación del Concierto de Aranjuez en la que han conseguido hacer cantar al público que lo ha pasado en grande.

Durante el resto del concierto han tocado alternativamente temas de ambos, algunos de ellos viejos conocidos de los espectadores que los han ido recibiendo con júbilo.

Ambos músicos pertenecen a la generación más importante del jazz, sin ninguna duda. Una época que produjo intérpretes de la talla de Shorter, Pastorius, Zawinul, Davis, Carter, o ellos mismos. Son la gente que tuvo el instinto de electrificar su sonido y la inteligencia de escuchar otras músicas, poniendo las cosas de tal manera que ya todo ha sido posible para los más jóvenes. Para hablar de su trabajo, se inventaron palabras como jazz-rock, latin-jazz, jazz-funk, fusión... y otras muchas que, a pesar de todo, no les hacen justicia.

Lo que se les ha podido escuchar hoy es todo eso, si se quiere, y mucho más. No merece una etiqueta como no la merecen ellos, a sus setenta y tantos años de creatividad ininterrumpida. Aunque no haya sido fácil para el público esta noche entrar en su mundo, como seguramente no puede serlo para ellos mismos, tampoco han necesitado tanto para empezar a sonar como una máquina afinada y sólida.

Cada uno de ellos ha traído un piano de cola, que han situado enfrentados en el centro del escenario, y un teclado electrónico, que utilizaban a menudo, añadiendo atmósferas menos acústicas al conjunto. Porque en ningún caso ha sido un "duelo" entre estos dos monstruos. Más bien una búsqueda, desde ambos lados del escenario, de ese momento de compenetración en el que uno más uno sean más, o mucho más que dos.

Es un ejercicio que no parece nada fácil, teniendo en cuenta quiénes son los implicados, algo que tiene más que ver con la actitud que con la capacidad de ambos. Desde luego uno de esos retos por los que Iñaki Añúa, el director del festival, está dispuesto a apostarlo todo, y eso tiene que agradecerle el público de Vitoria.

Casi en la despedida, ellos mismos han incluido al público en la ecuación, diciendo que había un total de tres intérpretes en la sala. Se les ha visto muy relajados y amistosos. Incluso Chick Corea ha sacado su móvil para hacer fotos a la gente, y en un momento dado a convocado a Hancock para hacerse un "selfie" con la concurrencia de fondo.

En conjunto esta 39 edición de la muestra vitoriana ha tenido grandes momentos y otros algo menos brillantes, zonas de puro jazz, y otras no tanto, pero ha conseguido mantener atento y divertido a un público de todas las generaciones que no siempre ha llenado el pabellón, aunque la asistencia haya sido muy aceptable todos los días.

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