Paul Anka asegura la diversión en la noche de Vitoria

El cantante y compositor estadounidense Paul Anka durante el concierto./
El cantante y compositor estadounidense Paul Anka durante el concierto.

Esta noche será la velada de clausura con Chucho Valdés y Buenavista Social Club

PABLO MADARIAGA | EFEvitoria

Ha sido una noche de menos a más, desde el punto de vista de la diversión, la que han protagonizado Richard Bona y su grupo primero, y Paul Anka con una big band después, en el Festival de Jazz de Vitoria.

El concierto de esta noche en un Mendizorroza no tan lleno como otros días al principio, ha empezado muy suavemente, con las teclas de Éric Legnini, a las que se han sumado el resto de músicos haciendo crecer la intensidad del tema: Richard Bona con el bajo eléctrico, Manu Katché a la batería y Stefano di Battista al saxo.

La música de estos cuatro no da una preferencia especial a ninguno de los instrumentos, sino que todos ellos se superponen y colaboran en un objetivo común. En ese sentido entronca con el sonido de corrientes recientes del jazz, particularmente de Metheny, Pastorius, Brecker o Zawinul. Son músicos todos ellos que sin duda han influido a un Richard Bona, camerunés de origen pero parisino de adopción, que tiene mucho de autodidacta.

Con unas melodías amables y relajadas, los cuatro han conseguido del público la concentración necesaria para disfrutar del jazz. Un jazz no excesivamente complejo ni exigente, pero jazz sin ningún género de dudas.

También han hecho gala de muy buen humor, aún sin dirigirse a la audiencia hasta la mitad del concierto para presentar a los músicos. Lo ha hecho Manu Katché en castellano. Sin duda parecían disfrutar tocando juntos. En ese momento Legnini se ha girado para encarar el piano, hasta entonces ha estado tocando un teclado eléctrico Fender.

Bona se ha dirigido también al público, esta vez en inglés, para presentar el primer tema cantado del recital. Ahí ha mostrado sus raíces africanas y su buen humor, bromeando con el origen vasco de la canción: "Es tan antigua que la mayoría de los vascos no la conocen", ha dicho. Superponiendo loops vocales ha conseguido ir generando todo el sonido, en una muestra de virtuosismo y buen gusto. Después se ha puesto a cantar encima la melodía.

Ha sido un recital largo, de hora y media más o menos, y para entonces el recinto estaba lleno y esperaba el swing de big band que Paul Anka sin duda iba a traer al escenario.

Sorprendentemente, el concierto ha empezado con un pequeño reportaje proyectado en vídeo en el que el propio Anka rememoraba sus comienzos ante las imágenes de su pasado de adorado teenager.

Entonces es cuando ha aparecido él, recorriendo todo el pasillo, mezclándose con el público, estrechando manos, bromeando, cantando "Diana" en un recorrido que ha durado toda la canción.

Desde luego su actitud esta noche ha sido la de un crooner no a la manera de Nick Cave, más bien a la de Tom Jones, por poner dos ejemplos del pop. La actitud de alguien que parece necesitar de la adoración del público, que encandila más que transmite, que demanda tanto como da.

Su directo resulta divertido, probablemente en mayor medida porque esto es Europa y es difícil encontrar este tipo de actitudes que están más en la tradición norteamericana. Además, obviamente, la orquesta ha tocado un swing de primera división ¿O es diversión?

Suena Nirvana a standard, Van Halen en plan amable y todo lo que haga falta. Para Paul, no hay montaña que no se pueda escalar, pero el contenido de la canción original se ha perdido por el camino, porque hay que ser Kurt Cobain, hay que ser Michael Stipe.

Cuando encara temas de su generación, todo resulta mucho más creíble y más interesante, más emocionante y más coherente: más Paul Anka.

Mañana será la velada de clausura hasta el año que viene, con Chucho Valdés y Buenavista Social Club.

 

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