Aretha Franklin, la espina clavada en el Festival de Jazz de Vitoria

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Aretha Franklin

Iñaki Añua, director del certamen, lamenta que el pánico a volar de la genial cantante americana obligara a cancelar el concierto en Mendizorroza para el que se había comprometido en 1982

JOANA MOLINUEVO / EFE

Iñaki Añua, director del Festival de Jazz de Vitoria, puede presumir de haber tenido en su certamen en un mismo año a dos grandes damas del jazz, Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan, sin embargo, tiene una espina clavada, Aretha Flanklin. El pánico de la artista a volar ha sido más fuerte que la perseverancia de Añua y Vitoria se ha quedado sin disfrutar de la diva americana.

Aretha Franklin firmó en 1982 un contrato para actuar en Mendizorrotza pero ese año sufrió su primer ataque de pánico en un avión y la reina del soul canceló su concierto en Vitoria. Desde entonces, Añua lo ha intentado todo para conseguir tenerla en la capital alavesa. De tanto llamar a su mánager, Ruth Bowen, llegó a hacerse amigo de ella y ambos llegaron a trazar un plan casi perfecto para conseguir que Añua hiciera realidad su sueño.

Concorde a Londres y coche a Vitoria

La estrategia incluía como cómplice al psiquiatra de Aretha Franklin, quien se ofreció a viajar con ella desde Nueva York a Londres en el Concorde, mucho más rápido que un avión comercial convencional, y a hacer también juntos el viaje de vuelta a casa. Una vez en Londres, la artista haría la gira por Europa en coche y llegaría por carretera a Vitoria. Sin embargo, a la cantante no le convenció el plan que le tenían preparado y cuando Ruth Bowen le puso el contrato sobre la mesa para que lo firmara, "le dio un codazo y lo tiró".

Ante la imposibilidad de que Aretha Franklin cruzara el charco para estar en Vitoria, Añua se decidió a hacerlo él y comprobar por sí mismo las maravillas de las que hablaban sobre la artista sus amigos directores de festivales en Estados Unidos y Canadá. Ocurrió en 2009, en Toronto, y el esperado concierto tuvo lugar en el Roy Thomson Hall, "famoso por su acústica". Añua, que asegura que no es de lágrima fácil, terminó llorando cuando la escuchó cantar gospel.

En busca de ELLA

En sus 36 años como director del Festival de Jazz de Vitoria, Añua ha dedicado muchas horas de trabajo a contratar a grandes figuras pero solo a una de ellas, a Ella Fitzgerald, ha ido él en persona a buscarla.

Fue a principios de los años 80, la artista estaba en un hotel de Biarritz, al que Añua llegó a bordo de un lujoso Cadillac con matrícula de Vitoria, que le prestó un gran industrial, con chófer incluido y con la gasolina pagada.

Durante el viaje de vuelta, Añua preguntó a Fitzgerald qué se sentía al tener en su casa de Beberly Hills un retrato suyo hecho por Picasso -el único que Picasso ha hecho nunca a un artista-, y ella respondió que "no lo sabía porque se lo había llevado Norman Granz, su mánager personal, para ponerle un marco y debía de ser un trabajo muy difícil porque aún no se lo había devuelto".

Granz era "uno de los mayores coleccionistas privados de Picasso en Estados Unidos y fue quien promovió una reunión en casa del genial pintor con ella", explica Añua.

Otra artista de la que el director del Festival de Jazz de Vitoria guarda muy buen recuerdo es Sarah Vaughan y eso que la gran dama del jazz estuvo a punto de darle plantón a pocos minutos de salir al escenario cuando se dio cuenta de que tenía el mismo vestido con el que había actuado meses antes en un concierto en Vitoria en beneficio de los damnificados por las inundaciones del 83.

Cuando Añua llamó a la puerta de su camerino segundos antes del concierto, Vaughan le dijo que "no podía cantar porque la gente iba a pensar que era pobre porque no se podía comprar otro vestido". Con el público esperando fuera, Añua tuvo sangre fría para reaccionar rápido y hacerle ver que su vestido era como el traje de luces de un torero."Sarah, en España hay una costumbre, cuando un torero tiene una buena tarde, ese es el traje de la buena suerte", le contó. Entonces, ella se sonrió, le agarró del brazo y le pidió que lo dijera en el escenario al presentarla. Añua lo hizo y durante el concierto vio con diversión que en muchas ocasiones ella se agarraba del vestido de volantes y decía "good luck dress" (el vestido de la buena suerte).

"El amor empezó aquí"

Vaughan tenía fama de impertinente pero con Añua nunca lo fue, más bien todo lo contrario, tanto que en el comedor de su casa, el director del festival tiene un cartel dedicado por ella en el que dice, "el amor empezó aquí".

Cuando se enteró de la muerte de Vaughan, Añua estaba a punto de comenzar un programa en directo en Radio Vitoria, que acabó improvisando por completo con canciones de ella que encontró en la discoteca de la emisora y en esta ocasión también lloró. "Fue la única vez que he llorado con la muerte de un músico", confiesa.

Con la muerte de Paco de Lucía, mucho más reciente, Añua se ha llevado "un grandísimo disgusto" y todavía no se hace a la idea de que el genio de la guitarra flamenca ya no está. "Paco y yo teníamos muchos proyectos de futuro diferentes y asombrosos y no he borrado todavía su teléfono móvil", afirma.

Sin embargo, tiene buen recuerdo de la última conversación que mantuvo con él en persona después de un concierto que dio con el pianista Chick Corea en Vitoria el año pasado y que la revista francesa "Jazz Magazine Jazzman" consideró como el mejor recital de 2013. "Le pregunté qué tal le había ido y me dijo, Iñaki, soy feliz porque el público de Vitoria es muy especial, reacciona maravillosamente como hay muy pocos públicos que lo hagan a mi música", sostiene mientras sonríe. Paco de Lucía es de los pocos artistas que ha tocado en este festival hasta cinco veces pero para Añua "fueron pocas".

En su 38 edición, que se va a celebrar entre el 14 y el 19 de julio, el Festival de Jazz de Vitoria homenajeará al guitarrista gaditano, que llegó a decir a Añua que cuando estaba de gira solo comía bien cuando estaba en la capital alavesa.

 

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