Nombres de aquí que podrían ser de allá

Pet Fennec en el escenario del BBK Live. /CARLOS BENITO
Pet Fennec en el escenario del BBK Live. / CARLOS BENITO

Los guipuzcoanos Pet Fennec y la bilbaína Hakima Flissi han sido los encargados de poner en marcha la jornada, con una solvencia que merecía mejor hora

Carlos Benito
CARLOS BENITO

Es raro que los grupos locales trepen muy alto en el cartel de un festival con vocación internacional como el Bilbao BBK Live. Su hábitat natural son la letra pequeña y las primeras horas, ese arranque en el que no importa tanto la capacidad de atraer a miles y miles de personas, porque se da por hecho que todavía no van a estar aquí arriba. A esta hora, lo que cuenta es convencer en esa comparación inevitable y un poco injusta que se establece entre los participantes en todo festival, como si la música tuviese algo de competición deportiva. Y, año tras año, lo que podríamos llamar las sobremesas del Bilbao BBK Live demuestran el altísimo nivel de algunas propuestas vascas, que incluso dejan en evidencia a artistas con muchos más medios que ocupan los escenarios horas más tarde. Ayer, por ejemplo, los vizcaínos Lukiek ofrecieron uno de los conciertos más enérgicos de la jornada ante unas pocas decenas de personas, entre las que no faltaban figuras inesperadas como Skatebård, el DJ y productor noruego que pinchaba un rato después en Basoa.

Hoy, esa encomienda de inaugurar la jornada, ingrata y placentera a la vez, les ha correspondido a los guipuzcoanos Pet Fennec, que han dejado muy claro que son de aquí pero perfectamente podrían ser de allá. El quinteto liderado por Urko Eizmendi ha ocupado el escenario Gora! a las cinco y media, cuando todavía no había allí más de veinte personas, y se ha puesto a interpretar canciones que habrían dejado satisfechas a mil o dos mil: lo suyo es una música pegadiza, con fibra y melodía, entre el power pop de Big Star y el rock adulto de los 70, con cuidado primoroso por la artesanía instrumental y vocal y cierto toque contemporáneo que remite a la espaciosidad arquitectónica del post rock. El 'efecto llamada' ha funcionado y pronto ha ido llegando más gente.

Un cuarto de hora más tarde, estrenaba el escenario Heineken otra propuesta que, sin información previa, resultaría difícil de ubicar geográficamente. Hakima Flissi, bilbaína del 97, ha ofrecido un 'set' de música urbana con desenfado y actitud, sin dejarse intimidar por la amplitud del lugar y lo importante del evento: «Es nuestra primera vez en un festival y casi que en la música», ha reconocido en el arranque de su actuación, con un solo acompañante que se ocupaba de las bases electrónicas. Hakima ha sonado sensual y poderosa, manejando con solvencia los silencios y los recitados: «En el amor -cantaba- hay mucho que aprender».

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