Lo mejor y lo peor del BBK Live

Lo mejor y lo peor del BBK Live

Kobetamendi recupera poco a poco la normalidad tras tres días de ritmo frenético

Silvia Cantera
SILVIA CANTERA

Desafiando a las supersticiones, la decimotercera edición del BBK Live, ha contado con momentos estelares culminados por el extraordinario concierto de Gorillaz. El alto nivel musical del cartel, el siempre elogiado entorno y los nuevos escenarios han sido algunos de los puntos fuertes de un festival que sin embargo ha cosechado numerosas quejas por las largas colas. Estas son las caras y las cruces del festival de Kobetamendi, que ha congregando a 120.000 personas.

Lo mejor

El cartel

Aunque tardaron en concretar qué grupos coincidirían con Gorillaz (primeros confirmados) en Kobetamendi, el cartel ha acabado siendo uno de los mejores de las últimas ediciones. El nivel de los principales conjuntos ha quedado patente en cada actuación, los nombres escritos en letra pequeña han dado la talla y el público ha coreado con emoción himnos de Talking Heads y Oasis. 'This is America' de Childish Gambino sobre el escenario principal es otro de los temas que ya forman parte de la historia del BBK Live.

El pago con pulsera

Superadas las dificultades por parte de quienes no se entiende bien con las nuevas tecnologías, lo cierto es que el chip para pagar que incluyen las pulseras es todo un acierto. Puedes recargarlas con un simple click en el móvil y evitas tener que subir a Kobetamendi con mucho efectivo. Se ahorra tiempo por no tener que devolver cambios, los riesgos de que haya robos disminuyen y tienes la 'cartera' más a mano que nunca. Sin embargo, en la primera jornada una caída del sistema hizo que durante buena parte de la primera jornada no se pudiera recargar el dinero. Y se mantiene la molesta comisión de un euro por recuperar el saldo sobrante en los ingresos que se realizaron en los stands del festival.

La comida

Las casetas y foodtrucks repartidas por todo el recinto ofrecieron una amplia variedad gastronómica. Comida tailandesa, pizza, bocatas, hamburguesas, perritos calientes… y hasta talos. Y con abundantes opciones veganas.

Menos residuos

Desde que el año pasado comenzasen a utilizarse los vasos reutilizables, la reducción de basura ha sido más que evidente. Hasta entonces se producían obscenas acumulaciones de plástico al final de cada gran concierto. Además de trabajo para los servicios de limpieza, suponía una enorme molestia poder salir de las aglomeraciones entre tanto residuo. Esta vez, tras el multitudinario bolo de Gorillaz la campa estaba prácticamente despejada y por lo tanto suponemos que el césped de Kobetamendi tardará menos en volver a su estado habitual. Los vasos costaban 2,5 euros, aunque eran retornables si los devolvías en las barras al terminar el festival. También fueron de agradecer los contenedores para el reciclaje, aunque fueron escasos.

Nuevos escenarios

Este año han debutado Akelarre, dentro del camping, y Lasai, en un lateral de Basoa y con vistas a todo Bilbao. El primero ofreció una fiesta de bienvenida a quienes han vivido el festival en una tienda de campaña y el segundo ha sido el lugar perfecto para contemplar la ciudad y tomarse un respiro para poder retomar la juerga con más ganas.

Refugiados

Hasta ahora los festivaleros que volvían a sus casas en avión solían dejar en Kobetamendi las tiendas de campaña que habían comprado para la ocasión para así no tener que facturarlas. Conscientes de ello, los miembros de la organización han tomado este año la determinación de ceder a la plataforma Zierbena Sarea la opción de recoger el material de acampada sobrante que necesitasen para donarlo a los refugiados.

Al hilo de esta iniciativa, surge una nueva posibilidad: ¿por qué no buscar la forma de donar también la comida que se requisa a la entrada del festival en vez de tirarla directamente a la basura?

Los trabajadores

Tanto en las barras como en los accesos y en los distintos stands, el personal tuvo por regla general un trato exquisito con los asistentes al festival.

Lo peor

Los precios

El precio del abono acaba alcanzando un precio excesivamente alto, pero algunos llegan a gastarse más dinero incluso dentro del propio recinto. Con katxis de cerveza a 8 euros y chupitos a 4, hubo que recargar la pulsera con más frecuencia de la deseada. Tampoco la comida era muy económica: una porción de pizza, una de las opciones más económicas, costaba hasta seis euros.

El transporte

Hubo metros especiales en la noche del jueves para quienes marcharon a casa después del concierto de Florence + The Machine. Sin embargo, aún quedaban actuaciones interesantes como la de Bomba Estéreo. Una vez acabados los servicios extraordinarios, encontrar un taxi libre era casi misión imposible.

Aunque otros años las lanzaderas ofrecían una frecuencia impecable, esta vez las largas colas del jueves en San Mamés y en el BEC han sido uno de los puntos más negativos de esta edición. Hubo gente que estuvo cerca de hora y media en una fila que rodeaba por completo el edificio de EiTB. Probablemente las aglomeraciones se debieron al hecho de que, durante los días del festival, el público tan solo podía canjear su entrada en las zonas habilitadas junto a los dos puntos de partida de los autobuses. Además, dependiendo de la hora, las lanzaderas no llegaban hasta el camping. Esto obligó a algunos festivaleros a recorrer una larga caminata cargados con sus mochilas y material de acampada.

Retrasos

Aunque no fueron una constante, no hay que olvidar que en algunos casos la puntualidad brilló por su ausencia. De hecho, la apertura de puertas se produjo media hora después de lo esperado. Esto provocó además de molestias para el público que esperaba con ansias al otro lado de la puerta, que varios grupos programados a primera hora tuvieran que empezar a tocar sin nadie delante. Por su parte, The XX, cabezas de cartel del viernes junto a The Chemical Brothers, tuvieron que disculparse al principio de su concierto por salir con 25 minutos de retraso debido a problemas técnicos. Hubo que esperar bajo la lluvia y las actuaciones de después se vieron obligadas a empezar más tarde para no solaparse.

La lluvia

Cuenta la leyenda que no llovió durante toda una edición del BBK Live. Pero no nos acordamos. Las precipitaciones son el único elemento no programado que siempre lucha por colarse en Kobetamendi. Jarreó en la noche del viernes y los campistas que llegaron a Bilbao el miércoles también tuvieron que soportar el aguacero por la noche. Aunque la experiencia ya nos dice que las ganas de marcha siempre acaban venciendo al agua.

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