La máquina que mueve el Bilbao BBK Live

Cerrados los contratos de 180 grupos, ahora toca coordinar viajes, hoteles, escenarios, luces y sonido. El equipo del festival tiene por delante tres meses de vértigo

Alfonso Santiago, en la oficina de Last Tour, con una maqueta de los distintos escenarios que este año se colocarán en Kobetamendi./Borja Agudo
Alfonso Santiago, en la oficina de Last Tour, con una maqueta de los distintos escenarios que este año se colocarán en Kobetamendi. / Borja Agudo
Iñaki Esteban
IÑAKI ESTEBAN

Quedan sorpresas y novedades respecto a años pasados, pero los contratos de las 180 bandas que pasarán por el Bilbao BBK Live -por Kobetamendi o por los escenarios de la ciudad en los que tocarán gratis- ya están cerrados. Los encargados de contratación de Last Tour, la promotora que organiza el festival y el Azkena Rock de Vitoria, acaban de entrar en periodo de relativa relajación y rastrean candidatos para 2019. Pero el resto de la oficina, situada en un edificio industrial de Olabeaga donde a principios de los ochenta ensayaban Vulpess y Cómo Huele, vive en estado de ebullición. No por ello dejan de presumir de horarios civilizados: para las seis de la tarde la mayoría de los treinta empleados se ha levantado la silla y no vuelven a sentarse en ella hasta el día siguiente.

Los rockeros demuestran que saben vivir y también trabajar. Hay que tener ajustada hasta la última línea de los planos los siete escenarios de Kobetamendi, las luces, el sonido, y satisfacer las demandas de tecnología de bandas con un alto componente 'high tech' como Gorillaz y Chemical Brothers. El departamento de producción tiene que controlar los billetes de avión, el transporte del aeropuerto hasta Bilbao, los equipos de hasta 60 personas que vienen con las grupos grandes que incluso viajan con su cocinero. Desde el miércoles 11 de julio -el festival empieza al día siguiente- hasta el sábado 14, Last Tour gestionará unas 700 habitaciones de hotel, 200 desde la semana anterior. Todo sin contar con los representantes de los 38 patrocinadores, que llegan y se alojan por su cuenta.

«Tienes un buen guion, los actores son buenos y ahora tenemos que hacer todo lo posible para que nos salga una buena película», explica el director de la promotora, Alfonso Santiago. Su tablet acaba de pitar con la entrada del mensaje de que ya se ha llenado el segundo autobús desde Londres, unas 110 personas entre los dos a las que hay que sumar las que llegarán por otros medios. La capital británica ocupa el segundo lugar en la clientela del festival, después de Madrid y por delante de Barcelona, Bilbao y Dublín.

EN SU CONTEXTO

700
habitaciones de hotel gestionará directamente el equipo de Last Tour desde el miércoles 11 de julio al 14 sábado. Para la semana anterior estarán reservadas unas 200.
El precio de las estrellas
El dinero que piden los grupos estrella depende del lugar del festival del precio de la entrada y de la capacidad del recinto. Para una gira, reciben unas 200 peticiones de Europa. Se quedan con muy pocas. Cobran entre 600.000 euros y un millón.
El rock y el big data
Uno de los objetivos de Last Tour es la captación de público internacional. Para ello usan los datos que dejamos en la red, los analizan y envían sus mensajes y su publicidad a grupos interesados. Los europeos son los mejores clientes del Bilbao BBK Live.
Equipos de las bandas
Algunas viajan con 60 personas, y no sólo técnicos, sino también cocineros propios. El equipo de Last Tour tiene que ocuparse de estas 'troupes' y coordinarlas para que no se pisen entre ellas y todo salga bien. El departamento de producción echa humo.

De emergente a estrella

En la nave de Last Tour hay más ordenadores y aparatos informáticos que personas. Santiago explica cómo le sacan chispas al 'big data', a los datos generados en la red, para llegar a los públicos que le interesan. La internacionalización es desde hace años una de las claves del éxito del festival, que ya empieza a recibir asistentes desde Estados Unidos, además de los países que habitualmente nutren de fans las campas de Kobetas, Reino Unido, Francia, Irlanda, Italia y Bélgica, incluso países más exóticos como Kazajistán.

Pero además de infraestructura y estrategias de márketing y comunicación, de complejos procesos administrativos y contables, está el corazón del Bilbao BBK Live y del Azkena: los músicos. «Son los grupos los que nos traen a la gente. Este año tenemos a Childish Gambino, el nombre con el que hace música el actor Donald Glover, que sólo tiene dos fechas en Europa, Londres y Bilbao. Es muy conocido en Norteamérica. Es un punto de atracción seguro», dice el director de Last Tour sobre este artista que cruza con potencia y delicadeza a partes iguales rap, soul y rock del tipo de sus admirados Rage Against The Machine con una voz que recuerda a ratos a Lenny Kravitz, quizá un poco más aguda.

Santiago con Itxaso Hernández (en primer plano) y el resto de Last Tour.
Santiago con Itxaso Hernández (en primer plano) y el resto de Last Tour.

Contratar a los protagonistas significa entrar en un proceso de «especulación», de subasta, que necesita de «experiencia y mucho bagaje» para no pagar más de la cuenta. «El concepto de caché ya no funciona. Ningún artista internacional tiene un precio fijo. Pagas según las circunstancias. Los grupos de primer nivel que tienen abierta la contratación pueden recibir fácilmente 200 ofertas en Europa. Tú entras ahí, con tu trayectoria y tus contactos, aunque hay tres cosas que toman en cuenta: el lugar del concierto, el precio de la entrada y cuánta gente entra. Haces una oferta y recibes un sí, un no o no te contestan».

Los precios aproximativos de un grupo dependen de «cuántas personas puedan meter» en el concierto. Un cabeza de cartel viene a costar entre 600.000 y un millón de euros. El 'routing', el trayecto que siguen en la gira, es un elemento clave en la negociación para las dos partes. Los promotores suelen argumentar que, además del atractivo del festival, Bilbao sería una parada lógica y bien situada para llegar a la siguiente plaza.

Es preciso tener los nervios bien templados para desembolsar una pequeña fortuna en la cuenta bancaria de Florence+The Machine, cuando hace sólo cuatro años tocaban en las salas de Londres y, sí, apuntaban alto pero ahí se quedaban. «Es lo que hay. En la era digital se pasa de emergente a estrella global en muy poco tiempo. El mérito consiste en mantenerse». La estrategia del festival pasa en este momento por el «rejuvenecimiento», por atraer a los jóvenes y las bandas a las que escuchan, aunque este año también habrá guiños a los rockeros senior, enviados por David Byrne y My Bloody Valentine, entre otros.

«La música pop es movimiento. Crecí escuchando a Eskorbuto y mi padre me decía aquello de 'pero qué estás oyendo'. Yo no voy a hacer lo mismo. Dentro de unos pocos años, el trap y la música urbana, la nueva electrónica, serán muy importantes. No queremos traer trayectorias, eso cabe mejor en el Azkena, sino cosas nuevas. Los festivales tienen que ofrecer lo mejor del panorama más actual y funcionar también como prescriptores, enseñar a la gente lo bueno que se está haciendo por ahí», defiende Santiago.

Con 7,5 millones de presupuesto de los que 1,4 procede de una subvención directa del Ayuntamiento de Bilbao, el festival tiene una ambición expansiva y quiere derramarse por toda la ciudad. Al BBK Live le han salido dos brazos -y ya piensan en algún otro- que ofrecen gratis música de nivel, Hirian y Bereziak. El primero se desarrolla en Bilbao La Vieja, en esta edición el 26 de mayo, y ofrece un cartel multisónico y multicultural con Mueveloreina, Nathy Peluso y Josele Santiago, entre otros. Bereziak aportará en las mañanas del festival, en diferentes puntos de la ciudad, conciertos de grupos como Neuman y Triángulo de Amor Bizarro.

El dinero sale de Last Tour y de los patrocinadores. «No nos vemos como empresarios en el sentido tradicional. Somos gente de la cultura y reinvertimos en ella. Muchos de nosotros han tocado en grupos o escrito sobre discos y conciertos. Antes que cualquier otra cosa, somos unos enfermos de la música».

Por qué las viejas glorias cobran tan caro

El Azkena Rock Festival (ARF) de Vitoria es la cita dentro de la agenda de Last Tour en la que el corazón manda mucho más que la cabeza, y eso que «las viejas glorias son más caras», apunta Alfonso Santiago. Algunas hay en el cartel de este año, como Van Morrison o Joan Jett, mito del rock femenino con su banda Runaways, o como los hacedores del sonido Detroit y pioneros del punk, MC5, en la gira de su 50 aniversario.

Con 2,5 millones de presupuesto, «el Azkena son dos días pero que requieren mucho esfuerzo. Quedan pocas bandas con ese recorrido que hagan giras y la competencia es máxima. Todos quieren tenerlos, así que pueden subir su precio. A Joan Jett la hemos estado persiguiendo durante diez años hasta que al final la hemos podido traer. Los tiempos de espera suelen ser mayores que en el Bilbao BBK Live», explica.

El director de Last Tour defiende a bandas tan históricas como las mencionadas, aunque quizá menos conocidas, como Mott The Hoople, grupo británico formado a finales de los sesenta en el que militó Ian Hunter. Nada menos que David Bowie, rendido admirador del grupo, compuso para ellos 'All the Young Dudes'.

Santiago medita sobre las reacciones a los carteles por parte de los aficionados. «Si repites con un grupo en el Bilbao BBK Live, hay gente que te dice que siempre traemos a los mismos. Si traes a bandas nuevas, y este año casi todas lo son, te dicen que no las conoce nadie. Es difícil contentar a todos».

En el caso del Azkena, el director de Last Tour apuesta por músicos que, si bien ya están en la historia, siguen evolucionando. Por ejemplo, Mike Patton, de Faith No More, que viene con Dead Cross, un proyecto propio en el que está también Dave Lombardo, el batería de Slayer. «Es una de las cosas a las que hay que prestar atención este año».