La lluvia sorprende a los campistas del BBK Live: «Se me ha mojado toda la ropa, la esterilla...»

Jóvenes acampan en Kobetamendi. / Brenda Gavilán

A pesar de la tormenta, los alojados en la zona de acampada no se desaniman. «Hay muy buen ambiente, a ver si sale el sol y se secan las tiendas»

s. Cantera I P. ortiz
S. CANTERA I P. ORTIZ

La lluvia se ha presentado como un incómodo invitado en el arranque del BBK Live. La tormenta caída a las siete de la mañana ha despertado a los campistas, que descansaban tras una primera noche en el que el ambiente en torno al escenario se prolongó hasta más allá de las tres de la madrugada. «Ha llovido mucho, hay barro por todas partes pero la temperatura es buena... y el ambiente también, así que de momento ¡todo guay!», asegura con optimismo la malagueña Brenda Gavilán, a pesar de que no se ha podido secar el pelo porque «ha habido alguna descarga y los secadores no funcionaban».

Tampoco es suficiente un chaparrón de verano para desanimar a Ager Mendieta, otro de los alojados en el camping de Kobetamendi. «Todo el mundo se ha despertado cuando ha empezado a diluviar. A mí se me ha mojado la ropa, la esterilla... hay mucha humedad... A ver si sale el sol y se seca todo», confía Ager.

En cualquier caso, solo ha sido un pequeño inconveniente en un festival que arranca a las cinco de la tarde con el concierto de Cora Novoa en el espacio Basoa. Anoche ya había «mucha gente en el camping, pero esta mañana ha llegado muchísima más», apunta Ager, que destaca que «hay muchos extranjeros, sobre todo ingleses». «Anoche había mucho ambiente, la gente estaba fuera de las tiendas, bebiendo... Habían puesto el escenario y fue un puntazo, la verdad, animó mucho al camping».

«Hay mucho guiri, sí. Pero son guiris decentes, no son 'hoolingans'», describe Brenda, sorprendida por las comodidades con las que cuenta. «¡Si hay hasta supermercado», se felicita. Es «superrinternacional», en palabras de toledano Lamber, otra de las miles de personas llegadas de toda Europa han aterrizado en las campas de Kobetamendi dispuestas a disfrutar del festival bilbaíno. «Esto empieza con la acampada», asegura Andoni, ya con la tienda montada y refrescándose con una bota de vino.

Son centenares de tiendas repartidas a lo largo de 120.000 m2 de superficie de auténtica naturaleza. Algunos habían llegado a Kobetamendi con su propia comida y bebida. «Y que no falte el hielo», apuntaba una cuadrilla de Valencia. Para los descuidos de última hora y para poder comer alimentos frescos, los campistas cuentan incluso con un supermercado en el que no faltan accesorios para ir a la playa ni colchonetas para dormir.

Frente al camping convencional, la organización ofrece la opción del 'glamping', con tiendas totalmente equipadas que tras el festival serán donadas a campamentos de refugiados. También existe la posibilidad de alojarse en pequeñas cabañas con camas. «Venimos de Irlanda y así tenemos la posibilidad de viajar en avión sin tener que facturar», explicaban Sarah y Grainne al llegar al que será su hogar hasta el domingo.

Los que prefieren la acampada tradicional esperaban a la entrada. Con espacios perfectamente acotados, es la organización la que distribuye a los campistas. «¿Hay algún grupo grande al que tenga que poner junto? Hemos tenido gente con hasta 20 tiendas», avisaba una de las trabajadoras. Los sitios más demandados volvieron a ser los cercanos al camino central y a ser posible en alguna zona en la que dé la sombra. «Nos han dejado unas sillas y un colchón para que estemos más cómodas», contaba Patricia. Acompañaba a su amiga Xiomara en su primer festival: «No tengo ninguna duda de que me lo voy a pasar muy bien».

BBK Live 2018

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