Haré las cosas con absoluta humildad"Haré las cosas con absoluta humildad"Iñaki Azkuna
REPORTAJE

Aires de cambio en el campo vasco

ROSA CANCHO | VITORIA.
El sector primario ha perdido uno de cada tres empleos en menos de diez años, envejece y empieza a ser crítico con la política de subvenciones
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En la última década se han perdido uno de cada cuatro caballos /José Montes

Los agoreros están liquidando el campo vasco desde la década de los 60. Sin embargo, los agricultores y ganaderos resisten y la postal bucólica de Euskadi, verde, con las latxas o las vacas terreñas paciendo cerca del baserri, sigue intacta. Ahora bien, ¿cuánto tiempo más podrán fotografiarse desde la carretera esos singulares montículos de paja? El agro está en horas bajas, más incluso que los otros sectores productivos. «Estamos en mitad de una reconversión total y el ERE que afecta al campo es histórico», señala la alavesa Eva López de Arroyabe, ganadera y elaboradora de quesos de vaca y miembro de la ejecutiva de EHNE, el sindicato mayoritario.

Desde las elecciones locales de 2003 hasta hoy, se han perdido uno de cada tres empleos, una caída que es más significativa en Álava, donde la debacle roza el 38% que en Guipúzcoa con un 19% menos de efectivos. Son datos de la Seguridad Social, que hoy tienen inscritos en el régimen especial agrario 8.818 personas. Y no son todas las que son. Todavía hay muchas mujeres que trabajan en el caserío codo con codo con sus maridos y que no se han dado de alta en la seguridad social. También hay quien se ha diversificado y además de mantener huertas y establos trabaja en una fábrica o quien ha decidido montar un agroturismo.

En cualquier caso, la cifra de quienes viven de esto mengua y ni las mejoras genéticas, ni los avances científicos, ni las nuevas tecnologías, ni siquiera las subvenciones logran poner freno a esta fuga. El campo envejece y menos de un 10% de las explotaciones están dirigidas por menores de 40 años. Las tierras labradas, pastos o espacios forestales se han reducido en la última década entre un 23% y un 45% y la sangría es mayor en las cabañas ganaderas, donde el 25% de las vacasy los caballos y el 38% de los cerdos ha desaparecido desde 1999.

Existe una explicación sociológica. El profesor de la UPV José Ramón Mauleón señala que se ha dado un cambio en la mentalidad de las gentes del campo. «Antes, si tus padres tenían una explotación, estabas obligado a seguir en el caserío. Hoy hay libertad de elección y el proyecto familiar ya no es el personal, algo que ha sido positivo». El agricultor o ganadero, agrega el sociólogo, ha vivido esto con cierta contradicción, por un lado le gustaría seguir con su modo de vida, pero ve que es un trabajo duro, mal remunerado, del que hay que estar siempre pendiente. Deciden dar a sus hijos formación cualificada, lo que les da posibilidad de ascender socialmente», relata. Son las mujeres las que, en este sentido, más han salido del mundo rural, especialmente duro para ellas, por su subordinación e invisibilidad.

Jóvenes y motivados

Pero muchos de los que se fueron a estudiar o trabajar a la ciudad, indica el profesor de la UPV, han regresado a tomar las riendas del baserri, «formados, con ideas nuevas y mucha vocación». También entre los jóvenes que se quedaron hay inquietud. Se mueven y quieren dar un nuevo rumbo al campo vasco. Eva López de Arroyabe es de las que se fueron a la universidad y han vuelto. Y de las que apuesta por cambiar el orden establecido y que a su juicio está demasiado volcado hacia los modos de producción intensivos y las subvenciones, que el año pasado supusieron el 30% de la renta agraria.

Y es que en los últimos años ha habido cierta concentración de tierras, sobre todo en Álava, y un crecimiento de las cabañas. Las innovaciones tecnológicas, explica, han hecho que aumenten las cosechas y que de cada animal se obtenga mayor rendimiento, pero luego a la hora de dar salida a esos productos, el campesino está vendido a las grandes empresas elaboradoras o transformadoras. Porque para bien o para mal el campo vasco forma parte de la globalización y sus caprichos hacen que aquí se consuma leche de Ucrania y la vasca acabe en Levante o que se devore carne brasileña mientras los cuartos de las terneras criadas aquí acaban en McDonalds.

Si los precios se desploman, vivir en la UE permite tener acceso a las subvenciones, pero no todos llegan a ellas. «Las dos terceras partes de las ayudas se las quedan un tercio de los productores, porque no dan por producir sino por tener. Los pequeños cobramos muy poco, estamos en la UVI», indica López de Arroyabe, una denuncia que comparten EHNE y el también sindicato agrario ENBA.

«El sector agrario vasco nunca va a ser competitivo, eso es mentira. La liberalización del comercio internacional y las desregularizaciones hacen que consumamos alimentos de cualquier parte del mundo. Antes la competencia era sólo nacional, pero hoy están ahí Polonia, Brasil, Argentina, China.... La tendencia es a que bajen los precios de los productos y se dan situaciones muy injustas», relata, por su parte, el profesor experto en sociología de la alimentación.

Ambos, al igual que el sindicato ENBA, coinciden en que el futuro del campo vasco pasa por atraer al consumidor local y en esto creen necesario el apoyo institucional.

'Hecho aquí'

La calidad y el 'hecho aquí' están funcionando en iniciativas amparadas por la administración como la marca 'Eusko Label' que ya incluye trece tipo de productos, desde el cordero lechal a las lechugas, pasando por la miel, las alubias, las patatas, la carne de vacuno, los pollos de corral y hasta el bonito del Norte y el atún rojo o cimarrón. Existen otras conocidas y exitosas denominaciones de origen con éxito, como el queso Idiazabal, que en este último año atraviesa problemas debido a sus stocks. Los vinos 'rioja' de cosecha alavesa, con un recorte del 10% de la producción y una caída de los precios del kilo de la uva -a mitad de lo que han llegado a cobrar en los años previos a la crisis-, tampoco están en su mejor momento. Y el 'txakolí', por su parte, se halla inmerso en una batalla judicial por la marca con los productores burgaleses.

Algunos productores como Eva López de Arroyabe están dando un paso más y apuestan por la venta directa, sin los abusos de los intermediarios, muy difícil, pero no imposible. Ha renunciado a tener una explotación intensiva de vacas y se ha inclinado por controlar su producto en todas sus fases. Así ella misma elabora los quesos de vaca y los vende.

Acaba de empezar «He hecho un parón y ahora quiero ser la primera productora de queso de vaca alavés. Somos muy buenos ganaderos, hemos invertido mucho en investigación, tenemos muy buenas vacas y luego llega una gran lechera y se lleva todo a otro sitio. Tenemos que intentar otro modo de vida», denuncia. De ello pretenden vivir ella, su marido y otro empleado. En la misma línea se sitúan los que apuestan por lo ecológico. En el País Vasco son ya 282 los operadores 'bio' que cultivan más de 1.700 hectáreas, menos de un 1% de la superficie agraria útil.

Los mercados y las tiendas de productores o los grupos de consumo que ponen de acuerdo a familias con agricultores y ganaderos para comer sólo de temporada -en Vizcaya funcionan más de 20 y en Álava 3- son algunas alternativas que acompañan a estas nuevas y concienciadas gentes del agro vasco en esta vuelta a sus raíces.

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