Romería en Orozko

Beti Jai Alai. Esta agrupación, fundada por Jon Pertika hace medio siglo en el barrio de Basurto, nació de la inquietud por «investigar, aprender, conservar y divulgar las danzas y las costumbresy ritos del pueblo vasco»./Iñaki Andrés
Beti Jai Alai. Esta agrupación, fundada por Jon Pertika hace medio siglo en el barrio de Basurto, nació de la inquietud por «investigar, aprender, conservar y divulgar las danzas y las costumbresy ritos del pueblo vasco». / Iñaki Andrés
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'Romería vasca': 1921. Óleo sobre tabla.64,6 x 81 cm. Adquirido en 1921.
'Romería vasca': 1921. Óleo sobre tabla.64,6 x 81 cm. Adquirido en 1921.
Una fiesta tan idílica que resulta naíf

La popularidad de José Arrúe radica en estampas amables como 'Romería vasca': una bulliciosa fiesta rural donde los aldeanos y algunas señoritas de ciudad se divierten despreocupadamente. Todos envueltos en suaves tonalidades pastel, con predominio de azules y verdes. La escena es tan idílica que resulta naíf. Arrúe pintó muchas obras similares en las que se aprecia una leve evolución. Aquí el dibujo es más fino y las figuras más estilizadas que en ejemplos tempranos. La fiesta del día de San Miguel es como una enciclopedia de una sociedad que estaba desapareciendo, más propia del siglo XIX, aunque se preservó durante más tiempo en las faldas del Gorbea por su aislamiento.

José Arrúe | Bilbao, 1885 - Llodio, 1977

Su tía Matilde, que se ocupó de su educación a la muerte de su madre, introdujo a los hermanos Arrúe (Alberto, Ricardo, José y Ramiro) en el mundo de las artes. Viajaron a París y a Italia para completar su formación. A su regreso a Bilbao, José empezó a destacar por sus obras costumbristas y de humor, también en ilustraciones de prensa, carteles, publicidad... Fue un autor prolífico. En la Guerra Civil ocuparon su casa de Iralabarri y requisaron sus bienes. Fue encarcelado durante dos años y rehizo su vida en Llodio.

Beti Jai Alai

Para un grupo de danzas como el bilbaíno Beti Jai Alai, cualquier ocasión para bailar se convierte en una fiesta. La exprimen al máximo. Y más todavía si la cita es tan especial como la propuesta que les hizo este periódico: recrear el cuadro 'Romería vasca' del pintor José Arrúe. Se meten tanto en el papel que no parece que haya pasado casi un siglo desde que el artista pintó su obra en las campas orozkotarras de la ermita de San Miguel.

Esta vez el lienzo se sustituye por una fotografía. Del resultado estaría más que orgulloso el artista bilbaíno, que el año pasado fue nombrado hijo adoptivo por el Ayuntamiento de Orozko. Y el entusiasmo le colmaría si le contaran que dos de sus obras que tienen como fondo la ermita y retratan las costumbres más populares han sido recreadas por los vecinos en los últimos dos años.

Iñaki Andrés

Con medio siglo de trayectoria a sus espaldas, los miembros del Beti Jai Alai han tenido un sinfín de oportunidades de formar parte de la historia del folclore vasco. Quizás por ello, desplazarse un sábado por la mañana a las campas orozkotarras y vestirse para la cita como antaño no les supone mayor contratiempo. Todo lo contrario. Desde primera hora de la mañana se refleja en sus caras el orgullo y la satisfacción que supone poner en pie con el mayor esmero otro pedazo de tradición. Llegan al municipio poco después de las diez y descienden en tropel del autobús. Impacientes por bailar, abarrotan la Casa de Cultura que cedió el Ayuntamiento para facilitar la representación.

«Joserra, luego hacemos pilates», dice una de las integrantes nada más acceder a la sala, transformada en un improvisado vestuario con material deportivo guardado en un rincón. En un visto y no visto, los dantzaris montan un perchero desmontable. Y en pocos minutos está repleto de bellos y cuidados trajes de caseros y ropajes del siglo XIX y XX. «Algunos son los trajes con los que subimos a Begoña», explica Ana Pertika. «Somos un grupo de espectáculo, pero nos gusta aportar algo destacado, dar sentido, no sólo bailar. Por eso esta representación nos pareció bonita», añade.

Con tanto ajetreo, los trajes se han convertido en guardianes de grandes historias. «Hemos recorrido medio mundo bailando, pero eso era antes. Ahora hay que pagar», recuerda una de las más veteranas. De aquellos tiempos no han sido testigos Ekaitz e Izaro, dos pequeños de 10 y 6 años que dan sus primeros pasos y que permanecen ajenos al significado de la cita de hoy. Tampoco conocieron las romerías en las que centenares de personas tomaban las campas para celebrar el día San Miguel, una efeméride que todavía ahora está marcada en rojo en el calendario de los orozkotarras.

La fiesta que se representa hoy no es tan concurrida. Participan poco más de medio centenar de dantzaris, aunque por su entusiasmo parecen más. Les sobra motivación. «Es entretenido, aprendes cultura, vamos todos juntos, echamos una mano cuando se necesita y te sientes una parte integrante», explica Jone Gamboa, que no duda en posar para el fotógrafo a pesar de pertenecer al coro del grupo.

Tampoco falta el buen humor en el momento de colocarse los 'gerrikos', pillarse las trenzas e incluso hacerse moños dando un segundo uso al papel de periódico como relleno. En el otro extremo de la sala, dos de las más jovencitas, Olatz Arisqueta e Izaro Artetxe, de 16 y 14 años, se calzan las abarkas.

Iñaki Andrés

Con tanto personal y tanto detalle en los atuendos, los preparativos se alargan y más de uno aprovecha para ir a tomar un café. Hasta que se oye una voz a lo lejos que solicita premura. Y de ahí, otra vez al autobús hasta la ermita de San Miguel, menos de dos kilómetros de trayecto y otros quinientos metros en cuesta y con 'lorenzo' apretando. El calor no merma las ganas de farra y de participar en una romería. En cuestión de minutos no queda ni una gota de bebida para refrescarse y menos aún del 'hamaiketako' que les ayuda a reponer fuerzas.

El desarrollo urbano ha cambiado el paisaje de Orozko. Decenas de casas han ocupado parte de esas grandes campas que retrataba Arrúe. «Esta no nos sirve», lamenta el fotógrafo. Unos pasos más. Y llega la buena noticia. «Esta es». Y de ahí a la llegada en tropel del medio centenar de participantes apenas transcurren unos segundos, sin perder la sonrisa ni siquiera cuando tienen que saltar una valla. La trikitixa y el pandero a la izquierda, los niños delante a la derecha y el resto por grupos. «Más atrás, a la derecha, interactuad». Comienza a sonar la música. «Andoni, que la vida de profesional es muy dura», se oye mientras siguen con antención las indicaciones para componer la escena. Un, dos, tres... y la romería está montada. Luego ya nadie se quiere ir.

Participan

Aitzol Arrieta, Alain de Gainza, Alaitz de Dios, Alazne Zabala, Alexander Matias, Amaia Atxa, Ana Aldazabal, Ana Domingo, Ander Linaza, Andima Urraza, Aner Begoña, Consuelo Melero, Elena Conde, Endika Zubigaray, Eneko Ibarrondo, Eva San Anton, Garazi Gutiérrez, Gorka Zubiaurre, Iñaki Olabarria, Iraide Pascual, Irati Linaza, Iratxe Atxa, Iratxe Torralbo, Iratxe Zabala, Israel Alcalde, Izaro Artetxe, Javier Cabodevilla, Javier Vañes, Jon de la Hera, Jone Ganboa, José Ramón Riaño, Joseba Linaza, Juan José Etxebarria, June Peña, Karmelo Peña, Laura Etxebarria, Leire Landeta, Marisabel Llona, Marta Etxebarria, Marta San Anton, Mikel Atxa, Miren Zufiria, Nerea Linaza, Olatz Arisqueta, Sonia Vivanco, Susana Gutiérrez, Xabier Artexe, Andoni Atxa, Ekaitz Alcalde, Imanol Atxa, Izaro Alcalde, Jon Peña, Maddi de la Hera y Maialen Zabala.