Los remeros de Urdaibai

Los de la 'Bou Bizkaia' son uno de los equipos con más banderas en su haber en Liga y se adjudicaron siete veces la corona en 2004, 2007, 2008, 2010, 2016, 2017 y 2018./Iñaki Andrés
Los de la 'Bou Bizkaia' son uno de los equipos con más banderas en su haber en Liga y se adjudicaron siete veces la corona en 2004, 2007, 2008, 2010, 2016, 2017 y 2018. / Iñaki Andrés
CARLOS BENITO
'Los remeros'. 1912. Óleo sobre lienzo. 100,5 x 171,5 cm. Artistas Vascos I (s. XIX - primera mitad s. XX). Donación de don Resurrección María de Azkue en 1945.
'Los remeros'. 1912. Óleo sobre lienzo. 100,5 x 171,5 cm. Artistas Vascos I (s. XIX - primera mitad s. XX). Donación de don Resurrección María de Azkue en 1945.
Una competición de traineras

La presencia en primer término y en diagonal de la trainera, con el acompasado esfuerzo de los remeros, se ve potenciada por la rotundidad del dibujo y por una cierta aspereza en el colorido. En cambio, la superficie calma del mar posee un tratamiento cromático más sutil, con deudas postimpresionistas. La obra pone de relieve, en su ambientación general y en los recursos derivados del cartelismo, la faceta artística más moderna de Losada, cuya pintura define todo un repertorio de tipos vascos que será recogido por generaciones posteriores de artistas vascos entre los que figuran los hermanos Arrúe y Zubiaurre. En sus retratos de ilustres personajes inmortalizó el Bilbao del siglo XX.

Manuel Losada (Bilbao, 1865-1949)

Manuel Losada destacó, además de por su labor pictórica, por sus dotes como gestor, ya que fue el primer director del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Desde muy joven participó en el activo ambiente cultural del Bilbao de finales del siglo XIX. Se integró en el grupo de artistas vascos junto con Anselmo Guinea, Francisco Durrio o Ignacio Zuloaga y asistió a las más importantes academias. En la Guerra Civil dirigió la custodia y salvaguarda de obras de arte del museo.

Pescando una isla

Contemplar un cuadro por puro deleite artístico es siempre una excelente idea. Utilizarlo como modelo para sacar una fotografía es un propósito más caprichoso y problemático, sobre todo si la pintura en cuestión es de asunto marinero y, de hecho, tiene al propio mar como uno de sus protagonistas: en ese caso, la ocurrencia puede bordear lo disparatado, lo quimérico, lo rematadamente absurdo. Y qué ganas de intentarlo dan todos estos adjetivos, ¿verdad?

Del mismo modo, el análisis artístico de 'Los remeros' es muy diferente de su estudio con fines prácticos. Como GPS, la pintura de Manuel Losada deja bastante que desear: la única referencia geográfica es el monte Ogoño, colosal e inconfundible, pero los ojos experimentados de los remeros de Urdaibai no tardan en detectar también una ausencia, quizá más colosal todavía. «Ahí debería estar Izaro», van señalando uno tras otro, con reparo a llevar la contraria al artista pero fieles a eso que llaman conocimiento del medio. La volatilización de la isla no es el único misterio: también hay debate sobre si aquellos hombres de hace un siglo lucían txapela o, simplemente, tenían el pelo del mismo color y cortado por el mismo barbero.

Los remeros han acudido al entrenamiento con un atuendo inusual, una camiseta blanca que evoca el blusón de sus remotos antecesores. Hay modelos muy variados, incluida una del grupo punk Arkada Social, en una acumulación que da lugar a comentarios inevitables: «¡Aquí está el equipo del Real Madrid!», anuncia uno. Y, aunque parece casi seguro que lo del cuadro es pelazo y no txapela, las boinas obran un prodigio inmediato: de pronto, estos jóvenes del siglo XXI parecen un venerable retrato de sus tatarabuelos. Ellos mismos se contemplan con cierto asombro. «De aquí, a las idi-probak de Markina», propone uno. «¡A ver quién pesca primero la ballena y la trae a puerto!», anima otro, fiel a los orígenes de las regatas de traineras.

Iñaki Andrés

«De entonces ahora ha cambiado todo. Sobre todo, el carácter y la mentalidad de los remeros, que eran trabajadores y ahora son deportistas. También la técnica: hasta los años 70, se remaba sin echar el cuerpo para atrás. Y las embarcaciones pesan la mitad: eran de madera, de 400 o 450 kilos, y ahora son de fibra de carbono y pesan unos 200», repasa el entrenador, Joseba Fernández, mientras guía el bote hacia un lugar que concuerde más o menos con el punto de vista del cuadro. A unos 750 metros del puerto de Bermeo, la panorámica empieza a parecerse a la pintura.

La mar está en calma, pero sigue siendo mar: ahí habría que ver a Manuel Losada, aplicando sus óleos a bordo de una barquita que cabecea sin cesar. El pobre fotógrafo casi lo habría tenido más fácil de arponero. Si lo exceptuamos a él, el papel más exigente les corresponde a los dos patrones, que están de cara a la cámara, y muy en particular a Lur Uribarren, el único que va de rojo. Lur ha de extender el brazo, lo que provoca el lógico alborozo entre sus compañeros. «¡Gesto, gesto!», le exigen una y otra vez. «¡Me voy a quedar de piedra!», se queja él. La comunicación a lo largo de las traineras se convierte muy pronto en un jocoso teléfono roto: si el fotógrafo dice «ay, se me ha ido Ogoño», todos empiezan a expresar un sentido lamento por el monte desaparecido.

Pero, al final, la captura es buena. La tripulación puede continuar su entrenamiento con la satisfacción de haber pescado una hermosa foto. Y también una isla que a otros se les escapó.

Participan

Alain Colunga, Óscar Videz, Iñaki Goikoetxea, Jon Unanue, Jon Unzaga, Gentza Zubiri, Lur Uribarren (patrón), Sebastián Acervi, Daid Alfaya, Mikel Beaskoa, Eneko Bilbao (patrón), Mikel Calleja, Beñar Eizagirre, Andoni García, David Iglesias, Carlos Mañas, Mikel Ojeda, Carlos Palazuelos, Jon Telletxea, Joseba Fernández (entrenador), Aitor Agirresarobe, Ugutz Alcalde, Jefferson Alonso, Aitor Alzibar (entrenador), Jon Ander Arrasate, Jon Calzada, Fernando de La Horra, Ander Gómez, Ekaitz Gómez, Josu Munitiz, Gabriel Ojenbarrena, Gorka Ortega, Mikel Pérez, Jon Pérez, Aimar Pino,Iker Portugués, Unai Ruiz, Endika Sanz, Julen Zubiaga.