Bertsolaris en el parque

Todos con el euskera. Para recrear esta estampa tradicional vasca se reúnen el alcalde, Juan Mari Aburto, los concejales Nekane Alonso (PNV), Alba Fatuarte (EH Bildu), Alfonso Gil (PSE), Luis Eguiluz (PP), Amaia Arenal (UdalBerri), Francisco Samir Lahdou (Ganemos), la diputada de Cultura, Lorea Bilbao, el presidente de Euskaltzaindia (institución que acaba de ser galardonada por el Ayuntamiento por su centenario), Andres Urrutia, y la académica Dorleta Alberdi. /IÑAKI ANDRÉS
Todos con el euskera. Para recrear esta estampa tradicional vasca se reúnen el alcalde, Juan Mari Aburto, los concejales Nekane Alonso (PNV), Alba Fatuarte (EH Bildu), Alfonso Gil (PSE), Luis Eguiluz (PP), Amaia Arenal (UdalBerri), Francisco Samir Lahdou (Ganemos), la diputada de Cultura, Lorea Bilbao, el presidente de Euskaltzaindia (institución que acaba de ser galardonada por el Ayuntamiento por su centenario), Andres Urrutia, y la académica Dorleta Alberdi. / IÑAKI ANDRÉS
TERESA ABAJO
'Bersolaris', hacia 1916-1917. Óleo sobre lienzo 195,5 x 246 cm. Legado del artista (1964).
'Bersolaris', hacia 1916-1917. Óleo sobre lienzo 195,5 x 246 cm. Legado del artista (1964).
Recital simbólico

Este cuadro nos muestra al Valentín de Zubiaurre más original y refinado. Presenta una escena campestre, animada por el recital poético de dos bertsolaris, de manera teatral e idealizada. Los personajes están perfectamente enmarcados en el paisaje, que enfatiza con los rayos solares la solemnidad del momento. Pintor de estampas vascas y castellanas, Zubiaurre mostraba tipos, paisajes y costumbres con la intención siempre de trascender la escena narrada, desembocando en un latente simbolismo. Solía colocar en primer término objetos de cerámica, jarras o frutas para demostrar su gran habilidad con los bodegones.

Valentín de Zubiaurre | Madrid, 1879-1963

Originarios de Garai, los hermanos Zubiaurre, sordomudos de nacimiento, se criaron en Madrid porque su padre era organista de la Capilla Real. Valentín se formó en la escuela de San Fernando. En 1905 viajó a París con su hermano Ramón y después se trasladó a Nápoles y Viena, donde recibió la influencia del Modernismo. Logró imponer su nombre en las Exposiciones Nacionales y obtuvo una Primera Medalla en la de 1917. El éxito internacional le llegó entre 1918 y 1936, cuando convirtió el costumbrismo vasco en su temática preferida. También tomó referencias de los paisajes castellanos y de Segovia en sintonía con Zuloaga.

A disfrutar de las tradiciones

Han pasado cien años desde la escena campestre que pintó Valentín de Zubiaurre y muchas cosas han cambiado, pero compartir mesa al aire libre sigue siendo una forma sencilla de unir a la gente. En pleno centro de Bilbao, en el parque de Doña Casilda, el alcalde se quita la corbata, el portavoz del PP se pone una txapela y concejales de todos los partidos, junto a la diputada de Cultura, recrean una estampa tradicional en la que no pueden faltar los bertsolaris.

Ellos son los protagonistas del cuadro, una responsabilidad que asumen el presidente de Euskaltzaindia, Andres Urrutia, y la académica Dorleta Alberdi. «¿Tengo que hacer de chico?», pregunta. Pues no, porque ese es uno de los grandes cambios. Hace cien años las mujeres se limitaban a escuchar «y ahora la campeona absoluta de Euskal Herria es Maialen Lujanbio», se congratula. Tampoco se había fundado Euskaltzaindia, aunque faltaba poco, cuando Zubiaurre hizo una pequeña trampa. En 'Bersolaris' (con grafía en castellano) los dos recitan a la vez, en lugar de darse la réplica. Los académicos optan por entonar a dúo canciones populares para honrar una tradición que les suena «a pueblo vasco, a una forma específica de disfrutar el tiempo libre».

Relajados. Tras una mañana de trabajo en el Ayuntamiento, la Diputación y Euskaltzaindia, quedaron en el museo y pasearon por el parque en ambiente distendido. Miguel Zugaza les dio la bienvenida y el director de EL CORREO participó en la foto.

El bertsolarismo es además el arte de la improvisación, y en eso la recreación del cuadro –a la que se une, también sin corbata, el director de EL CORREO, José Miguel Santamaría– es fiel a su esencia. En unos minutos se pone en pie sobre la hierba del parque, ante la imagen protectora del museo, con mesas y sillas prestadas de dos cafeterías, manteles de tela y papel, un telón amarillo que sujeta un compañero fuera de plano y algo para picar: la hogaza de pan y el vino se pueden probar, pero las manzanas y limones son de pega. El ingrediente fundamental es la complicidad de los participantes, que se meten en sus papeles de cabeza.

La concejala de Cultura –la jeltzale Nekane Alonso– Alba Fatuarte, de EH Bildu, y Amaia Arenal, de UdalBerri, no dudan en ponerse el pañuelo al modo tradicional para parecerse más a los personajes que representan. El socialista Alfonso Gil, acostumbrado a improvisar en los plenos «porque se nota mucho cuando lees», se pone cómodo y clava la postura del cuadro. Francisco Samir Lahdou, de Ganemos, también lleva camisa blanca pero no se ve con rastas y txapela. Quien se la pone es Luis Eguiluz, el portavoz del PP, que luce un «neokaiku» a cuadros azules y verdes. «¡Pareces del PNV, Luis!», bromea el alcalde, Juan Mari Aburto, que no pasa desapercibido. En medio de los preparativos, una señora se le acerca y le propone la idea de habilitar un jardín botánico en Bilbao.

Aquí el bastón de mando lo lleva el fotógrafo Iñaki Andrés. «Parezco el apóstol Santiago divirtiendo a los infieles», dice entre risas Urrutia durante el recital. Empiezan con una canción infantil –«aldapeko sagarraren adarraren puntan»– y siguen con «ixil ixilik dago kaia barrenean», «que se cantaba para despertar a los marineros». Con la tercera, 'Txoria txori', de Mikel Laboa, se nota que todos tienen ganas de cantar, pero se contienen.

La imagen resulta desenfadada, fiel al espíritu lúdico de los bertsos. En el aprendizaje de una lengua hay tres escalones, «conocimiento, uso y diversión», dice la diputada de Cultura, Lorea Bilbao, que subraya que el bertsolarismo «es una de las tradiciones vascas que más se han actualizado». Del ambiente familiar que retrató Zubiaurre se ha pasado a agotar entradas en el BEC.

 

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