Aldeanita, África Baeta

África Baeta es uno de los rostros más conocidos de los informativos de ETB./Iñaki Andrés
África Baeta es uno de los rostros más conocidos de los informativos de ETB. / Iñaki Andrés
CARMEN BARREIRO
Dignidad y tristeza en el trabajo infantil

Es posiblemente la pintura más conocida de Guiard. Al igual que 'El cho', también en el Bellas Artes, refleja el mundo del trabajo infantil con dramática ternura. La niña aparece rodeada de un paisaje en transformación, un enclave rural que pronto sería absorbido por el Ensanche de Bilbao. La influencia francesa es clara, aunque Guiard no llega a disolver las figuras como los impresionistas puros, sino que las siluetea con elegancia. El color azul crea una atmósfera envolvente en la que estalla el rojo del clavel, lo que tiñe la imagen de un realismo mágico casi literario. La niña, con presencia de cariátide, transmite dignidad. Aun así, no puede borrar la infinita tristeza de sus ojos y de su situación.

Adolfo Guiard | Bilbao, 1860-1916

Figura capital en la renovación de la pintura vasca, fue uno de los primeros artistas vascos del siglo XIX que optaron por viajar a París, meca de la modernidad, y no a Roma, más asociada al academicismo. Edgar Degas, Émile Zola y Alphonse Daudet le introdujeron en los círculos artísticos franceses, donde conoció a Édouard Manet, Claude Monet y Puvis de Chavannes, entre otros. El espíritu del impresionismo caló profundamente en él e hizo de la luz, el color y los temas naturalistas los verdaderos protagonistas de su pintura. A su regreso a Bilbao, se convirtió en referencia de modernidad.

El cuento de la lechera

El escenario rural con trasfondo industrial en el que Adolfo Guiard situó a la aldeanita del clavel rojo resume a la perfección aquel Bilbao de 1903. Una ciudad en plena transformación, que sustituía poco a poco las extensas campas que abrazaban la capital vizcaína por decenas de fábricas con sus chimeneas humeantes y una procesión de trabajadores llegados de todas las comunidades. Un cambio que marcó un antes y un después no solo en el desarrollo urbanístico de la ciudad y sus municipios colindantes, sino en la propia identidad de la villa. Una metamorfosis que más de un siglo después vuelve a repetirse.

La niña que protagoniza el cuadro, el más popular del artista y uno de los más reconocibles del museo bilbaíno –fue la portada del segundo libro de la trilogía de Ramiro Pinilla, 'Verdes valles, colinas rojas'– posa con una cantina de leche sobre su cabecita de preadolescente, mientras otros menores, más afortunados, juegan despreocupados en una pradera.

Aunque a simple vista resulte complicado ubicar la escena en el Bilbao del efecto Guggenheim, la estampa retratada por Guiard corresponde a la curva de Elorrieta, en el barrio bilbaíno de San Ignacio, la misma que ahora bulle en obras por la construcción del primer depósito para contener las inundaciones en Zorrozaurre y donde se ha citado a la periodista África Baeta, que se convertirá por unos minutos en la aldeanita más querida de la capital vizcaína.

«Pues no tenía ni idea de que ese cuadro era aquí. Seguro que era una chiquita de Arangoiti. Siempre he oído que bajaban a diario desde los caseríos para vender la leche», comenta un vecino del barrio que se ha acercado atraído por el revuelo de las cámaras. «Cuando era niño y toda la ribera eran fábricas, no necesitábamos relojes. Sabíamos las horas por las sirenas que marcaban la entrada y salida de los trabajadores», recuerda.

Con la cantina. África Baeta cuidó cada detalle para recrear «un cuadro muy especial» en la curva de Elorrieta, un escenario que vuelve a estar en transformación por el proyecto de Zorrozaurre. El fuerte viento se lo puso difícil en algunos momentos de la sesión.

La presentadora del Teleberri, uno de los rostros más conocidos de la televisión vasca, está entusiasmada con su papel. «La verdad es que es un cuadro muy especial», comenta nada más llegar. Peinada y maquillada para la ocasión, África Baeta carga ella misma con todo el atrezzo hasta el lugar que le indica el fotógrafo. Falda, sobrefalda, mandil, camisa, cantina y... el clavel. Desafiando al viento, la periodista va poniéndose la ropa como puede. «Me cambio aquí mismo, no hay problema. La pongo por encima de la mía y listo», resuelve en medio minuto.

Comienza la sesión. África posa con mucha delicadeza y eso que la ventolera que agita hoy la punta norte de Zorrozaurre no se lo pone nada fácil. Le revuelve el pelo y se lo tiene que apartar de la cara cada poco con la única mano que le queda libre. Con la otra bastante tiene con sujetar la cantina sobre su cabeza. El fotógrafo le alaba la paciencia y la mirada. «Perfecta, una última», le pide. África cambia a contraluz y... magia. «La tenemos». Es nuestra aldeanita del clavel rojo.