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La soledad castiga a Pablo Iglesias

La soledad castiga a Pablo Iglesias

Las peleas internas con Errejón y la polémica por su chalet han minado la imagen del secretario general de Podemos

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

Muy lejos quedan ya aquellos primeros meses de 2015 en los que Pablo Iglesias llegó a ser considerado como el líder político más valorado. En estos cinco años, la estrella del secretario general de Podemos se ha ido apagando poco a poco a causa de las peleas internas con el resto de confundadores que le acompañaron en la aventura de crear una fuerza política desde la nada que llegó a aspirar a asaltar los cielos.

El líder de Podemos ha sufrido un constante declive desde las elecciones de 2015. No logró entonces el 'sorpasso' al PSOE, pero lejos de rendirse firmó una alianza con Alberto Garzón en IU para lograrlo a la siguiente oportunidad en contra del criterio de Íñigo Errejón, por aquel entonces aún su íntimo amigo. Pero en junio de 2016 se produjo un nuevo fracaso, agudizado por la pérdida de un millón de votos.

La cuesta abajo se inclinó al máximo desde entonces, hasta llegar a los dos mayores varapalos políticos que ha sufrido Iglesias al frente del partido. El primero fue la condena de una buena parte de la militancia a la compra junto a Montero de un chalet en la sierra madrileña valorado en medio millón de euros. Ambos pusieron sus cargos a disposición de sus bases, y aunque superaron la prueba casi un tercio de simpatizantes desengañados apostaron por su marcha. Pero para sopapo el que le propinó Errejón al dejarle colgado de la brocha en la Comunidad de Madrid para irse a fundar un nuevo partido junto a Manuela Carmena. «Pablo tiene la espalda cosida a navajazos de Errejón», sostienen en Podemos. Y aquella fue la que más le dolió. Desde entonces, para él y lo que queda de Podemos el exnúmero dos será ya siempre un traidor.

Con la espantada de Errejón, el encargado de diseñar todas las campañas electorales hasta estas generales, Iglesias terminó por quedarse solo con sus más fieles y Juan Carlos Monedero, el último del quinteto de Vistalegre I con el que aún se dirige la palabra.

Si en 2016, este círculo más cercano al secretario general culpó a Errejón y Carolina Bescansa de haberse dejado ese millón de papeletas por el camino, ahora no habrá a nadie a quien señalar a partir de mañana más que a Iglesias y su núcleo duro.