Sánchez y Rivera, dos líderes sin química

Sánchez y Rivera durante el segundo debate de las elecciones. /Reuters
Sánchez y Rivera durante el segundo debate de las elecciones. / Reuters

La enemistad del jefe del Ejecutivo con el presidente de Cs, al que nunca ha recibido en La Moncloa, dificulta el acuerdo

RAMÓN GORRIARÁN

Ni han hablado ni se han escrito. Pedro Sánchez y Albert Rivera tienen un serio problema de química personal y están separados por una sima política. Los resultados electorales de este domingo pueden convertirlos en aliados a palos, si bien los primeros compases tras el recuento de los votos no indican que vaya a ser así. El acuerdo de PSOE y Ciudadanos es el que proporcionaría más estabilidad a la legislatura y el que exigiría menos movimientos a varias bandas.

«No está en mis planes» pactar con Rivera, afirmó el candidato socialista en el debate del pasado martes. «Que nadie espere que Ciudadanos legitime un Ejecutivo de Sánchez» aunque haya riesgo de repetir las elecciones, advirtió el líder naranja en una entrevista con este periódico hace dos semanas. Estos son los puntos de partida para llegar a un pacto entre los socialistas (123 escaños) y los liberales (57). Juntos suman 180, cuatro más que la mayoría absoluta, un respaldo que 'a priori' garantizaría al Gobierno una plácida legislatura.

Entre la militancia del PSOE no gusta la idea, pero entre los dirigentes no está mal vista. Varios ministros admiten en privado que es la mejor fórmula porque, entre otras razones, les permitiría no tener que depender de los independentistas catalanes. Dicen incluso que el presidente del Gobierno también es de esa opinión. Sánchez a lo largo de la campaña se resistió a mojarse sobre la viabilidad de ese acuerdo y solo en la recta final escogió la fórmula de que no entraba en sus planes. Demasiado ambigua, para el gusto de las bases socialistas y también para Pablo Iglesias, convencido de que si entre los dos suman, habrá pacto.

«Con Rivera, no», gritó la militancia socialista reunida en la madrugada del lunes ante la sede federal de Ferraz, en uno de cuyos balcones estaba Sánchez en pleno festejo del triunfo. «Lo he escuchado. Creo que ha quedado bastante claro», respondió, aunque a continuación advirtió de que no iba a poner «cordones sanitarios» a nadie e iba a conversar «con todos». Una forma de dejar la puerta abierta.

La relación personal nunca ha sido buena, pero la moción de censura acabó de empeorarla LA PUNTILLA

Rivera, en cambio, ni se lo plantea. Al menos en público. «La mala noticia es que Sánchez e Iglesias van a formar gobierno», afirmó la noche electoral para dar por descontado que el PSOE no podrá contar con su partido. La portavoz de Ciudadanos, Inés Arrimadas, reiteró ayer el portazo. Rivera está seguro de que su estrategia de distanciarse de los socialistas y, en paralelo, hacerse con el liderazgo del centroderecha es el camino para llegar a La Moncloa. En ese planteamiento no tiene sitio el acuerdo con el PSOE.

Ambos líderes podrían hallar puntos de encuentro políticos, sobre todo en materia social. Más difícil sería hacerlo en el capítulo económico; Rivera, por ejemplo, aboga por una rebaja impositiva que Sánchez no comparte. Pero donde sería imposible encontrar áreas de coincidencia es en Cataluña, donde mantienen un enfrentamiento sin cuartel. Los socialistas defienden el diálogo con las fuerzas independentistas y la Generalitat; los liberales exigen la inmediata intervención de las instituciones autonómicas catalanas de la mano del 155. Para Ciudadanos, además, la lucha contra el nacionalismo y el independentismo es su razón de ser desde su nacimiento en 2006.

Una relación polar

Si en lo político el encuentro es difícil, en lo personal la relación es polar. Ni siquiera cuando llegaron al acuerdo en febrero de 2016 para que Ciudadanos apoyara la investidura de Sánchez hubo química. La complicidad no pasó de unos fríos apretones de manos para la foto. No se caen bien, admiten en los respectivos equipos, y se pudo comprobar en los momentos posteriores a los dos debates televisivos de la semana pasada. No intercambiaron palabra y mucho menos se dedicaron un gesto amistoso.

Uno de cada tres militantes de Ciudadanos y uno de cada cinco del PSOE apoyan la colaboración DIVISIÓN DE LAS BASES

Sus polémicas parlamentarias en la última legislatura tuvieron más de ajuste de cuentas que de debate político. Sánchez nunca ha invitado a Rivera a La Moncloa, por donde Pablo Casado ha pasado al menos una vez, Pablo Iglesias es un visitante frecuente, y también han sido recibidos Quim Torra, Iñigo Urkullu y todos los presidentes autonómicos, amén de dirigentes sindicales y representantes de la patronal. Las conversaciones telefónicas, incluso, son esporádicas, y en los últimos meses no han existido.

No hay un motivo claro para esta enemistad, pero los colaboradores de ambos reconocen que desde la moción de censura presentada por el líder socialista todo fue de mal en peor. Aquella iniciativa pilló a contrapié al líder de Ciudadanos, que por entonces acariciaba el primer puesto en las encuestas. A partir de la moción, perdió toda opción de ganar unas elecciones.

La fobia entre los líderes, sin embargo, no es contagiosa. Uno de cada tres votantes naranjas apuesta por el acuerdo con los socialistas -es su segunda opción tras el pacto con el PP-; y uno de cada cinco simpatizantes del PSOE apoya esa colaboración, que también es la segunda alternativa tras el consenso con Podemos.

Valls cuestiona el 'cordón sanitario' a Pedro Sánchez

El candidato a la Alcaldía de Barcelona con el apoyo de Ciudadanos y ex primer ministro francés, Manuel Valls, llamó ayer a la formación naranja a impedir que el nuevo Gobierno dependa de los nacionalistas y Podemos. Valls marcó distancias así con el 'cordón sanitario' de Albert Rivera a Pedro Sánchez y defendió que los liberales, tras «su gran resultado» en las generales, «deben tener un papel fundamental desde un centro reformista que priorice el interés general de España». «Todos hemos de contribuir a evitar que el Gobierno dependa de los nacionalistas y de los populistas», subrayó Valls, quien felicitó además a Sánchez por su victoria y señaló que «será él quien deberá liderar este país ante los grandes retos que se presentan».