PP y PSOE rivalizan en ponerse la medalla del empleo

Sánchez usa sus 'viernes sociales', Casado y Rivera prometen rebajas fiscales e Iglesias se atribuye la subida del salario mínimo

Amparo Estrada
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Impuestos y empleo fueron los dos ejes del debate económico, en el que no se hizo mención ni de la deuda ni del déficit público, dos de las grandes vulnerabilidades de la economía española. Mientras Pablo Casado pretendía colocar la medalla del empleo al PP, Pedro Sánchez defendió sus medidas contra la precariedad. Pero en el debate se deslizaron datos retorcidos. Ya se conoce la sentencia: Hay mentiras, malditas mentiras y estadísticas. El candidato del PP, Pablo Casado, afirmó que cuando Pedro Sánchez convocó elecciones se destruían 6.800 empleos al día mientras que cuando gobernaba el PP se creaban 7.900 empleos al día. Lo cierto es que, según los datos de afiliación a la Seguridad Social, en el mes de febrero de 2019 –cuando se anunció la convocatoria de elecciones– había 532.204 empleos más que en febrero de 2018 y 116.042 más que en enero de 2019. Tampoco en marzo los datos dan la razón a Casado ya que se alcanzaron los 19 millones de afiliados, 541.490 más que un año antes.

Si nos vamos a los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), en el último trimestre de 2018 (últimos datos publicados) había 566.000 ocupados más que un año antes. El PP también creó empleo a partir de 2014, una media de 460.000 empleos al año. Por eso, Casado prometió este lunes crear dos millones de empleos en los próximos cuatro años si gobierna, pero eso dependerá del crecimiento económico y en estos momentos nos encontramos en medio de una desaceleración, que es más fuerte en Europa que en España, pero de la que no quedaremos al margen.

Fue el candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, quien pronunció la frase más contundente del debate económico al dirigirse a Casado: «El milagro económico del PP está en la cárcel». Claro que no era suyo el copyrigth, le copió la sentencia a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que lo dijo en el debate de los Presupuestos en el Congreso. A Rato le debieron silbar los oídos.

En el área de impuestos es donde las diferencias quedaron más claras. Basta un ejemplo: el PP quiere que el tipo máximo en el Impuesto sobre Sociedades quede por debajo del 20%, que es el tipo mínimo que quiere imponer Unidas Podemos a los bancos. El PP también propone reducir el tipo marginal máximo por debajo del 40%. Sánchez se centró en criticar la merma de ingresos que provocará y que esar bajada beneficiará a los más ricos –algo difícil de enjuiciar porque no se conoce la tarifa exacta que propone el PP–.

El candidato socialista prefirió recordar las medidas aprobadas en sus 'viernes sociales' sin entrar en muchas promesas. Iglesias recurrió a la Constitución para defender sus propuestas económicas y reclamó para su partido la medalla de la subida del salario mínimo.

Si hay un tema delicado para el comité electoral del PSOE es el territorial. Huyen de él como gato escaldado del agua. El conflicto catalán reabrió en el debate la caja de Pandora de la unidad de España y la Constitución de 1978. La crisis constitucional es el frente más sensible de Pedro Sanchez, su flanco electoral vulnerable, una frontera hacia Ciudadanos que necesita traspasar para alcanzar una mayoría que no le haga depender en el futuro de los soberanistas catalanes. Fue Cataluña la ha propiciado la ruptura del centro-derecha y la aparición del nacionalismo español de Vox. La España de las banderas en los balcones ha endurecido la discusión y al PSOE la cuesta taladrar ese muro emocional.

Los candidatos del PP y Ciudadanos intentaron nadar a sus anchas en la piscina territorial. Sobre todo Albert Rivera, con un discurso durísimo frente a Sánchez, que rivalizó directamente con el PP de Pablo Casado. «Lleva el indulto en la frente», le espetó. «A mí me duele España», sentenció. Casado insistió en la línea catastrofista al acusar al candidato del PSOE de poner en riesgo la unidad de España y amenazar la historia democrática de los últimos años. El argumentario, anclado en la sobreactuación, estaba escrito de antemano pero puede ser rentable para encender las pasiones. El artículo 155 de la Constitución como martillo pilón frente a Quim Torra y Carles Puigdemont y la supuesta 'traición' a España de Sánchez. Más madera al horno. Como diría Javier Krahe en una canción de 1981: la hoguera, la hoguera, la hoguera.

La cuestión territorial inflama las emociones y Sánchez necesita un colosal trabajo de orfebrería política para ganar al mismo tiempo en Andalucía y en Cataluña con un mensaje de empatíaque conecte en las dos comunidades sin que se produzcan rechazos. Si este lunes lo logró lo dirán los resultados del domingo pero sí hizo un esfuerzo ímprobo para romper el cerco al asegurar que se siente «orgulloso» de ser español al tiempo que hizo una sentida alabanza de «la España de la diversidad». Un guiño a la sociedad templada.

¿Y la pregunta del millón? ¿Indultará usted a los dirigentes condenados? El comité electoral del PSOE tenía prevista la pregunta desde el primer momento. Sánchez no fue tajante pero insistió en que «no habrá independencia ni dereréndum de autodeterminación» y señaló que «no hay precedentes en la historia de un presidente que se haya posicionado en un tema como este antes de una sentencia firme», aseguró. Sánchez terminaba así su campaña de perfil plano. Sus rivales buscaban que cometiera un error. Tenía poco que ganar y mucho que perder en este primer duelo, con suficiente voltaje para quemar los fusibles. Su comité de campaña lo tenía claro: hay que pasar al ataque sin cometer errores.