Pecados de omisión

Pecados de omisión
OLGA AGÜERO

Dicen los periódicos que ha muerto el hombre que descubrió la transmisión neuronal de la alegría, patrimonio contemporáneo de Benedetti que la defendió como credo vital. «Hay que prohibirse el pesimismo», proclamaba desde su propia trinchera Manuel Alcántara, que también nos deja huérfanos de su extraordinaria lucidez. Pero la campaña electoral destila una notable ausencia de alegría. Es un terreno agrio que siembra desasosiego, donde se lanzan maleficios y oscuros presagios.

Incluso al natural entusiasmo podemita le ha caducado aquella sonrisa de un país, el impetuoso sí se puede -algunas carambolas después alumbró el 'no es no' de Sánchez- y ahora saltan al ágora con el padrenuestro constitucional debajo del brazo, para tomar la lección a sus defensores. Algunos solo parecen haberse leído la pregunta que siempre cae en el examen, el 155. Es más, en el autodenominado frente constitucionalista milita Vox, caballo de Troya que quiere suprimir las autonomías bendecidas por el artículo 2.

La campaña está determinadamente contaminada por la omnipresencia de Abascal, a quien no le hace falta estar para ser centro de todo, reencarnado en discípulos ajenos como Cayetana que propagó con ardor su dogma antifeminista. Confusamente utilizado para cuestionar a las víctimas de violación. «¿De verdad dicen ustedes sí, sí, sí hasta el final?», inquirió. Porque Cayetana no concibe introducir enmiendas en la tramitación de una relación sexual. El desafortunado naufragio -frívolo, imprudente, humillante- de un asunto jurídico tan severo desalienta la expectativa de más debates. Además, sin Abascal de cuerpo presente -la Pantoja de 'Supervivientes'- pierde interés para mucha audiencia, que hubiese aplaudido en Cayetana otro sofoco de los suyos: no te perdonaré jamás, María Jesús Montero, la falda asimétrica que te has puesto.

Ahora, simplificada armonía, se debate sobre el debate. Sánchez -que solo buscaba enfrentarse a Vox para poder crecerse- enturbia el ambiente intentando escabullirse. Con la presunta complicidad de Rosa María Mateo, moviendo fechas en TVE para boicotear el debate en la privada. Sí, esa señora, la del plumero. La de «yo soy independiente y no me van a dar órdenes, ni ustedes, ni ustedes, ni ustedes». Inolvidable dramatización. En cambio, a veces se nos olvida -pecado de omisión- que no solo los independentistas tienen familia en la cárcel. Ayer Jordi Sànchez dio una rueda de prensa desde Soto del Real donde también está Rato, el del milagro económico del PP. Como los populares repudian la memoria histórica, ahora es otro de esos señores de los que ya no se habla.