El PNV se ofrece para alcanzar consensos

El PNV celebra sus seis escaños en Sabin Etxea./Ignacio Pérez
El PNV celebra sus seis escaños en Sabin Etxea. / Ignacio Pérez

Los jeltzales consideran que el nuevo escenario político es «más diverso, abierto y plural»

Iván Orio
IVÁN ORIO

El PNV recuperó anoche la hegemonía en Euskadi en unas elecciones generales que le había arrebatado Elkarrekin Podemos hace tres años, cuando la formación morada sorprendió con el 'sorpasso'. Lo hizo con un comportamiento extraordinario en Bizkaia, su habitual granero fiel de votos, con una victoria incontestable en Gipuzkoa por delante de EH Bildu y con un triunfo apurado en Álava a pesar del tirón de los socialistas. Los jeltzales -ganadores en Bilbao y San Sebastián- tendrán seis escaños en el Congreso de los Diputados, uno más que en la legislatura que está a punto de terminar, y queda por ver el valor de los mismos en eventuales alianzas de gobernabilidad y en posibles negociaciones con Madrid, sobre todo en un asunto de primer orden como la culminación del Estatuto.

El golpe en la mesa del PNV fue mayúsculo, hasta el punto de quedar más de once puntos porcentuales por encima del PSE (31,07% frente a 19,87%) en unos comicios en los que tradicionalmente parte de sus votantes son reacios a cambiar los planes dominicales para acudir a los colegios electorales o desvían el respaldo a formaciones de ámbito nacional con el ánimo de frenar a otras.

Es evidente que esta vez esa dispersión no se ha producido y la llamada a filas ha funcionado, además de aglutinar buena parte del denominado voto útil. Los jeltzales han conseguido reunir en las urnas más de 394.000 papeletas en lo que constituye su segundo mejor resultado en unas generales sólo por detrás de los obtenidos en 2004, cuando tocó techo con casi 421.000 sufragios en la cita que aupó a La Moncloa a José Luis Rodríguez Zapatero. Su principal sustento ha vuelto a ser Bizkaia, donde sumó casi 100.000 votos más que la segunda fuerza, el PSE. En Gipuzkoa el triunfo fue holgado y en Álava peleó hasta el final del escrutinio con los socialistas hasta superarles por 600 papeletas. Es la primera vez que los jeltzales ganan en los tres territorios en unas elecciones generales..

El PNV ha sido fiel a su discurso desde el principio de la campaña y sólo elevó el tono en el tramo final, cuando quiso enfatizar en sus mítines que los jeltzales constituían el voto útil para defender los intereses de Euskadi en Madrid, que Podemos iba a olvidarse de los vascos en cuanto sus diputados pisaran el Congreso, que los socialistas son una veleta que se mueven en función del viento que sople y que las siglas de las tres derechas eran sinónimo de pérdida de autogobierno e involución. También alumbró con el foco de las críticas a EH Bildu, que al menos públicamente trataba de discutirle el protagonismo en la Cámara baja. «Entre el original y la copia, la gente suele quedarse siempre con el original», declaró Aitor Esteban en una entrevista con este periódico.

Dique de contención

En el partido de Andoni Ortuzar se había instalado ya desde mucho antes del inicio oficial de la campaña el temor a una cierta desmovilización de sus bases porque, a diferencia de lo que ocurría con otras fuerzas políticas, las encuestas en su caso eran homogéneas y le concedían seis escaños. Como exhibición de fuerza, pero también con el ánimo de despertar a los militantes y simpatizantes que lo daban ya todo por ganado o que no concedían excesiva trascendencia a las elecciones generales, el PNV metió el pasado 3 de febrero en el BEC de Barakaldo a más de 5.000 personas a las que aglutinó en torno a los 700 candidatos que concurrirían a las diferentes citas electorales. El mensaje: convertirse en dique de contención frente a «populistas, demagogos y antisistema».

La estrategia le ha funcionado. Anoche, un exultante Ortuzar compareció en Sabin Etxea para celebrar los resultados con sus correliginarios y dejar algunas reflexiones con los votos aún calientes en las urnas. El presidente del Euzkadi buru batzar (EBB) reivindicó a su partido como el «grupo vasco» en el Congreso y subrayó que los seis diputados -y también los nueve senadores- trabajarán en las Cortes «por los intereses de todas y todos los vascos», al tiempo que «seguirán velando por el reconocimiento de la realidad nacional de Euskadi por un nuevo modelo de Estado».

Ortuzar, que tuvo que apaciguar a sus bases cuando celebraban que el popular Javier Maroto se haya quedado sin escaño, consideró el nuevo escenario como «más diverso, abierto y plural» y, en este sentido, adelantó que su mano «está tendida al diálogo con voluntad de acuerdo y a las soluciones políticas».

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