Iglesias se vuelca en convencer a los indecisos de izquierda

Pablo Iglesias./
Pablo Iglesias.

Insiste en el tono sosegado del primer choque y en alertar sobre un futuro pacto entre Sánchez y Rivera

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

Pablo Iglesias llegó en un taxi al plató de Atresmedia como gesto de apoyo al sector en su enfrentamiento con los VTC y se marchó tres horas después con la sensación de haber sido el único de los contendientes que habló de lo que le importa a los españoles, de «las cosas del comer», que ha acuñado Podemos.

El círculo más cercano al candidato había adelantado por la mañana que en esta segunda ocasión su secretario general saldría al ataque. No fue para tanto y más bien optó por la serenidad que ya exhibió en el debate precedente. Sí lanzó un buen número de dardos a Pedro Sánchez y replicó con contundencia a Pablo Casado y Albert Rivera cuando tuvo que hacerlo. No obstante, nada ver con el Iglesias que, por ejemplo, espetó a la bancada socialista durante una sesión en el Congreso que «Felipe González tiene las manos manchadas de cal viva».

Fue con Rivera con quien Iglesias se empleó más a fondo cuando se cruzaron sus argumentos. En 2015 ambos líderes emergentes parecieron fraguar cierta sintonía. Pero si realmente existió, ha desaparecido por completo. «Es usted un maleducado» o «es usted un impertinente», espetó el líder de Podemos al de Ciudadanos en una de las ocasiones en que éste le interrumpió.

Lo mejor.
Como el día anterior, destacó a la hora de presentar las propuestas de su programa en un ambiente muy bronco.
Lo peor.
Asumir que su única posibilidad de salir airoso de las elecciones es convertirse en un aliado menor del PSOE.
La anécdota.
Sin papeles. Fue el único que no sacó a relucir gráficos o fotografías para atacar a sus rivales.

Cuando Iglesias se refirió a Sánchez fue para destacar que el PSOE no cumplirá las medidas progresistas que promete si no es con Unidas Podemos. «El partido socialista cuando está solo se deja la teoría en los programas y no la pone en práctica», advirtió. La coalición izquierdista va a lo práctico en estas elecciones, y eso a día de hoy significa hacerse un hueco en un futuro Gobierno que ya no aspira a presidir. Insistió en preguntar si el jefe del Ejecutivo optará por aliarse con Ciudadanos para repetir en la Moncloa, una fórmula que ya le dio buen resultado el lunes y con la que Unidas Podemos aspira a atraer al electorado de izquierda que aún permanece en la bolsa de indecisos.

Cuando más cómodo se sintió el candidato fue a la hora de hablar de las políticas sociales. Denunció la insuficiencia de las pensiones, atacó a los especuladores que se enriquecen gracias a los altos precios del alquiler, reclamó el cierre de los CIE, se comprometió a poner coto a la precariedad laboral o abogó por recuperar la educación y la sanidad públicas. Y fiel a lo que ha mantenido desde su salto a la política hace cinco años, defendió el derecho a decidir de los catalanes, un apuesta que a Podemos le cuesta mucho justificar en el resto del país. «España es muy diversa y no solo la que algunos quieren imponer a golpes», argumentó. Fue cuando se trató el desafío soberanista cuando más cercano se mostró a Sánchez, hasta el punto de echarle un capote y calificar como «barbaridades» las acusaciones de Casado y Rivera sobre los supuestos pactos del PSOE con el independentismo vasco y catalán. Iglesias se despidió atacando a los poderosos que, dijo, tratarán de evitar que Unidas Podemos alcance el Gobierno junto al PSOE. Y les lanzó un mensaje: «Sí se puede».

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