El futuro energético

Paneles fotovoltaicos alineados en el parque de energía solar de Sanlúcar La Mayor. /Javier Barbancho (Reuters)
Paneles fotovoltaicos alineados en el parque de energía solar de Sanlúcar La Mayor. / Javier Barbancho (Reuters)
PEDRO LINARES profesor ETS Ingeniería ICAI Universidad Pontificia de Comillas

A estas alturas, nadie duda de que el futuro energético es mucho más eficiente, renovable y descentralizado que el actual. Nuestras necesidades de energía estarán alimentadas por energías como la solar fotovoltaica o la eólica, u otras que puedan competir con ellas en el futuro como quizá una forma avanzada y segura de energía nuclear. Pero lo que todavía nos falta por decidir es cómo llegamos hasta este futuro energético más sostenible. ¿Debemos liderar esta transición, o mejor nos hacemos los remolones? Lo segundo permite beneficiarse de las bajadas de costes de las tecnologías, pero lo primero puede ayudarnos a aprovechar las oportunidades de liderazgo tecnológico e industrial que se presentan.

En cualquier caso, y dada la larga vida de muchas de las inversiones asociadas al sector energético, es importante comenzar ya a tomar decisiones, y hacerlo de forma que no nos arrepintamos por el camino, algo perfectamente posible dadas las grandes incertidumbres que aún existen. Seguramente estas decisiones deban combinar elementos de liderazgo y de prudencia. La senda debería ser una que asegure que los costes y las fricciones inevitables en este proceso de transición sean lo más reducidos posibles, incluyendo por supuesto elementos de justicia social, porque cualquier transición genera ganadores y perdedores. Y, a la vez, debería aprovechar al máximo las oportunidades de crecimiento económico que presenta la transición energética y en las que habrá que competir a nivel internacional.

Para ello, hay algunas apuestas indiscutiblemente ganadoras: la educación de nuestra juventud y la concienciación en una cultura de ahorro energético y respeto por el medio ambiente; la capacitación profesional y la innovación tecnológica; una política industrial inteligente que identifique y promueva nuestras ventajas competitivas; señales económicas estables que creen un ambiente inversor propicio hacia las nuevas tecnologías y modelos de negocio respetuosos con el medio ambiente; y medidas de protección a los perdedores del proceso. Ojalá el nuevo ciclo político nos traiga una Ley de Cambio Climático y Transición Energética que nos acompañe en este proceso.