Una final bronca sin VAR ni árbitro

Una final bronca sin VAR ni árbitro

Por un momento los políticos nos hicieron sentir importantes, pero fue un momento. Ya nos han perdido de vista, entregados como están a montar el lío

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

No conviene mezclar goles y votos, que acaba en follón seguro. Hubo un amago cuando el otoño caliente catalán y habría que estudiar qué efecto tuvo en la fiebre soberanista la advertencia de que el Barça no podría jugar la Liga... El otro día Santiago Abascal arremetió contra la filosofía del Athletic por «etnicista» -¿cuántos caben en San Mamés? Pues eso, que vaya descontado casi 54.000 papeletas-. Igual quería hacer un guiño a los de Bilbao, como cuando Bertín Osborne viene a cantar y en lugar del 'Buenas noches señora, buenas noches señoraaaaaaaa', dice 'Gabon Bilbao' o 'Bona nit' a los del Alt Empordà o 'Boa noite' en O Carballiño... A propósito de guiños, Unidas Podemos tiene su programa traducido al euskera, el catalán y el gallego, y también tiene una versión corta en lectura fácil: 24 puntos precedidos de una introducción en la que explican que el día 28 hay tres opciones: ellos, el PSOE y el tres en uno de PP, Ciudadanos y Vox. «Estos tres partidos son los partidos de Aznar» (sic). Si de lo que se trata es de facilitar la comprensión, mejor no enredar ¿no?

Las pullas, para los debates en directo, que quedan mucho más lucidas. Entre los mejores rifirrafes de la campaña, el que mantuvieron Cayetana Álvarez de Toledo (PP) e Irene Montero (Unidas Podemos) a cuenta de la propuesta del PSOE de modificar la tipificación de los delitos sexuales para que «si una mujer no dice que sí, todo lo demás es no». Que sobre esto haya debate es el colmo y que se utilice de arma arrojadiza, una vergüenza. «¿De verdad van diciendo ustedes sí, sí, sí?», retó Álvarez de Toledo. Porque no era una pregunta, era un desafío, una invitación a la bronca chusca. ¿De verdad que esta mujer nos representa? Esto tampoco es una pregunta...

Es una pena que la campaña se haya puesto tan feota, no nos lo merecemos. Sobre todo porque no era esto lo que nos prometieron. No hay más que fijarse en los eslóganes de campaña, muy invitadores, hasta un poco 'naifs'. Por un momento nos hicieron sentir importantes, como si aquí los que pinchan y cortan no fueran ellos, sino la gente de la calle. Pero ya digo que fue solo un momento. Los socialistas han sacado pins con un coranzoncito: 'Haz que pase', dicen. Y rematan: 'La España que quieres'. Tiene que ser un error ¿no? ¿No será 'La España que quieren'?. Que quieren ellos, porque a los demás no nos han preguntado. En Unidas Podemos también se han hecho un lío léxico: 'La historia la escribes tú'. Pero una lee luego la letra pequeña y se da cuenta de que en realidad lo que querían decir es: 'La historia la escribimos nosotros'. En el PP se han apuntado a la fórmula clásica: 'Valor seguro', que con esa frase lo mismo te venden un programa electoral (500 propuestas nada menos) que un plan de pensiones. Desconfíen de quien les quiera vender cualquiera de estas dos cosas. El mejor eslogan de la campaña es, sin duda, el de Albert Rivera: «¡Vamos ciudadanos!», la versión política del 'A por ellos' de 'La Roja'. Conociéndole no nos extrañaría que se le hubiera ocurrido a él. Rivera ha llegado a semifinales, pero le falta 'el Mundial'. Tiene pinta de que este año se va a llegar a los penaltis, que siempre es la peor forma de decidir una final. No es justo para nadie, ni para los protagonistas ni para los aficionados. No se equivoquen, usted y yo somos los aficionados. Nos va a tocar asistir a una final bronca, con piscinazos al borde del área, el gol al precio que sea. Y, encima, sin VAR ni árbitro.