El PNV también arrasa en las elecciones generales

Aitor Esteban, en el momento de depositar su voto. / Ignacio Pérez

La fragmentación del voto de centro derecha empuja al abismo al PP vasco, que se queda sin representación en Madrid

Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Si algo dejaron claro las elecciones de este domingo en Euskadi es que el PNV vive uno de los momentos más dulces de su historia. Los jeltzales se muestran intratables también en unos comicios a priori hostiles a sus intereses, con Pedro Sánchez luchando a brazo partido para poder gobernar frente a una posible alianza de las derechas que el electorado vasco siempre contempla con pavor. Por esa razón, se preveía una batalla encarnizada de los peneuvistas con el PSE; pero finalmente, el PNV superó sus mejores expectativas y logró recuperar de largo la hegemonía perdida en la cita de junio de 2016 y ganar las generales en Euskadi con holgura.

Los jeltzales se impusieron en votos y en escaños, con el 31% de las papeletas, seis puntos por encima de su última marca; y, además -esto se antojaba más improbable aún-, en los tres territorios por primera vez en la historia. Ni en sus mejores sueños acariciaba Sabin Etxea una victoria tan rotunda. Fue un triunfo incontestable, a más de 140.000 votos de la segunda fuerza, el PSE, y más de once puntos por encima. Una gesta que sabe a gloria en Sabin Etxea en puertas de las municipales y forales, en principio mucho más favorables para los intereses del PNV que unos comicios a las Cortes Generales.

La inquebrantable fortaleza jeltzale en Bizkaia propulsó a la formación de Andoni Ortuzar hasta los seis escaños. Seis actas que valen su peso en oro porque, salvo que Sánchez y Albert Rivera reediten el 'Pacto del Abrazo' -una posibilidad lejana, teniendo en cuenta que Ciudadanos acaricia ya el anhelado 'sorpasso' al PP-, serán decisivas para facilitar la investidura de Pedro Sánchez en Madrid y podrían traducirse, de salida, en nuevas transferencias que, a buen seguro, los peneuvistas exigirán para respaldar al PSOE.

De una tacada, los nacionalistas conjuran la maldición del voto útil -que también logran abanderar-, consolidan un suelo electoral de acero en una cita a priori poco propicia para los partidos de ámbito exclusivamente vasco y, contra todo pronóstico, logran imponerse también en Gipuzkoa y Álava, donde acabaron por adelantar al PSE por apenas 600 papeletas tras un ajustado recuento. De hecho, los socialistas vascos lograron un gran resultado -ganaron casi 90.000 sufragios respecto a las últimas generales y casi seis puntos porcentuales- que supo a poco por las altas expectativas creadas y la euforia contenida con la que el PSE afrontaba esta cita, que esperaba incluso poder ganar en número de papeletas.

Finalmente, el PSE rentabilizó el 'efecto Sánchez' por debajo de lo esperado y se quedó en cuatro diputados, los mismos que las otras fuerzas de izquierda en Euskadi -Elkarrekin Podemos y EH Bildu-, que se comportaron con una solvencia que los sondeos no fueron capaces de anticipar. Una fortaleza que demuestra, una vez más, que los tres territorios vascos votan masivamente en clave de freno y castigo a la derecha: Euskadi es, de hecho, la única comunidad autónoma donde ni PP ni Cs ni Vox obtienen representación. El PSE se coloca así, junto a sus socios del PNV, en una inmejorable posición de salida para afrontar los comicios municipales y forales del 26 de mayo, donde jeltzales y socialistas podrían ver reforzada su alianza con mayoría absoluta en las principales instituciones del país.

De menos a más

Los socialistas vascos se vieron perjudicados por un Podemos que aguantó el tipo pese a perder más de 110.000 votos respecto a su explosión en 2016, y por la sorprendente pujanza de la izquierda abertzale. Fue noche de celebración para EH Bildu, que dobló su representación en la Cámara baja -pasa de dos a cuatro escaños- y, con 60.000 papeletas más que hace tres años, saca chispas a su drástico cambio de estrategia al abrirse a entrar en el juego político en Madrid y facilitar la gobernabilidad de la izquierda. La campaña de menos a más de Pablo Iglesias y su estelar actuación en los debates permitieron a los morados mantener cuatro de los seis escaños que hasta ahora tenían en Madrid y dar la sorpresa en Bizkaia, donde lograron dos diputados a costa del asiento que el PP aspiraba a revalidar.

El escrutinio confirmó, de hecho, las peores pesadillas de los populares vascos, que sufrieron un descalabro histórico, una auténtica debacle que alimenta el fantasma de verse condenados a la marginalidad política. Muy perjudicados por la fragmentación del voto de centro derecha - Ciudadanos superó por los pelos el 3% y Vox apenas pasó del 2%, pero sumaron juntos casi la mitad de papeletas que el PP-, se quedaron por primera vez en su historia sin voz en Madrid. Los populares perdieron más de un tercio de sus apoyos y, lo que es peor, un escaño, el alavés al que aspiraba Javier Maroto, que es todo un símbolo del derrumbe del 'casadismo' en toda España. A la espera del recuento del voto emitido desde el extranjero, el disputado último asiento por Álava, donde Maroto hizo una campaña agresiva y sin concesiones, cayó por 384 votos en la saca de EH Bildu.

Los jeltzales suben a nueve senadores

No serán decisivos, porque el sistema mayoritario que rige para elegir el Senado dio este domingo la mayoría absoluta al PSOE, que tendrá así en su mano la hipotética activación del artículo 155 en Cataluña. No obstante, los jeltzales se dispararon hasta los nueve senadores, respecto a los cinco que obtuvieron el 26-J, porque las reglas del juego priman al ganador en cada circunscripción. Un grupo potente al que hay que añadir el representante por designación autonómica. El PSE y EH Bildu, que hasta ahora no estaban representados, tendrán dos y un senador respectivamente, mientras que Elkarrekin Podemos pasa de tener seis escaños en la Cámara alta a no tener ninguno.

Espectacular fue también el repunte de la participación en Euskadi, que subió casi diez puntos respecto a la registrado en junio de 2016, espoleada por el miedo a un triunfo de las derechas y por la jornada soleada y casi veraniega. La abstención descendió al 25%, mientras que los votos nulos se movieron en los márgenes habituales: 9.000 papeletas no válidas, un 0,70%. Sí que hubo un notable descenso del voto en blanco: 7.978 frente a los 20.000 del 26-J.