El enredo de los debates presiona a Sánchez

Un mensaje de Vox enviado por error admite que su exclusión del duelo televisivo a cincoles beneficia

El enredo de los debates presiona a Sánchez
Alberto Surio
ALBERTO SURIO

La campaña entra mañana en su ecuador y la decisión del PSOE de aceptar al final un debate a cuatro, sin Vox, en la televisión pública exhibe un soberano enredo. Se pone de manifiesto la necesidad de reflexionar de cara al futuro sobre algunas limitaciones de la Junta Electoral. Además, se proyecta también una descarnada pugna entre dos cadenas de televisión por la audiencia de un debate electoral de máximo voltaje. El asunto se ha complicado: Atresmedia mantiene su duelo, y tanto Pablo Casado, como Albert Rivera y Pablo Iglesias han dicho que acudirán. ¿Qué debate se llevará al final el gato al agua? «Estamos tranquilos, ellos habían confirmado todos, ellos verán lo que le dicen a RTVE», afirma un dirigente del comité electoral socialista.

La decisión de la JEC complica la operación de achique de espacios que había puesto en activo el PSOE para incentivar la polarización ante la amenaza creciente de la extrema derecha. El objetivo pasa por la conquista del centro sociológico con un señuelo: la posibilidad de que el trumpismo hispano conquiste el poder. A Vox le interesa aparecer de víctima del establishment y quizá le ha salido el tiro por la culata cuando ayer se filtró un whatsapp enviado por error a cientos de medios de comunicación que reconocía que, en público, había que denunciar esta exclusión, que demostraría que «mandan los comunistas y los enemigos de España». Pero en privado admiten que la decisión de las JEC les puede beneficiar.

Otro formato de debate en la televisión privada provocaba problemas al PSOE. La dirección socialista se ha sentido incómoda con la sensación de haber desairado inicialmente a RTVE, aunque era bastante consciente de que la JEC difícilmente iba a permitir un debate con Vox. Y no les ha quedado más remedio que cambiar de caballo a última hora. El comité de campaña de Sánchez trabaja ya en lo que puede ser, si al final prospera, un debate muy correoso después de este compás de espera que son las vacaciones de Semana Santa, con media España mirando al cielo para ver si llueve.

El candidato socialista tiene un remedio para sortear estas situaciones complejas que le ha funcionado. Se acuerda del consejo que una vez le dio su padre antes de decantarse por librar la disputa de las primarias: «Hay batallas que hay que darlas, aunque sea para perderlas». Pero de lo que presume es de tener un temple de acero. Y es que el PSOE sabe que vienen días duros, que el 'todos contra Sánchez' está a la vuelta de la esquina. La discusión del martes en TVE fue solo un aperitivo de la potente gresca que se avecina. Los socialistas quieren mantener el perfil 'educado'. Pero en el PSOE empiezan a surgir voces que piden contundencia. Sobre todo porque intuyen que movimientos como el de Albert Rivera, de presentar ayer una demanda en la Fiscalía General del Estado en relación a los incidentes de Rentería, son la punta del iceberg de una operación más profunda. Se pide actuar contra la izquierda abertzale, pero en el fondo se busca cortocircuitar a Sánchez.

El ambiente, ciertamente, sigue caldeado, con los candidatos del centro-derecha blandiendo el hacha de guerra. La candidata popular por Barcelona, Cayetana Álvarez de Toledo, se ha envuelto en un discurso políticamente incorrecto de derecha pura y dura que compite abiertamente con Vox. En el PP se considera que el descubrimiento de Álvarez de Toledo es una feroz competencia con Inés Arrimadas a la hora de encarnar una figura valiente frente al independentismo. Pero Cs cree que el sesgo ultraconservador de Álvarez de Toledo asusta al electorado liberal. Todo un duelo entre dos mujeres de fuerte perfil mediático.

El regreso de Junqueras

En este contexto, Cataluña vuelve a la agenda. Oriol Junqueras prepara desde la cárcel de Lledoners la intervención de mañana, un inédito mensaje electoral, en una rueda de prensa 'telemática' que hará historia, después de la autorización de la Junta Electoral Central.

Cataluña, mejor dicho, el 'procés' independentista, vuelve a estar presente en campaña. En ERC se intuye que sus resultados el 28 de abril pueden ser espectaculares, pero libran una contienda casa por casa con el PSC, que puede ganar otra vez las elecciones generales catalanas después de los duros años de la travesía en el desierto. Y lo hace en un momento en el que Sánchez ofrece más autogobierno para Cataluña, pero dentro de la Constitución, y se reafirma en su oposición a un referéndum de autodeterminación. Trata de amortiguar el flanco de desgaste del centro-derecha.