Ciudadanos y Vox no convencen en Euskadi

DAVID S. OLABARRI | MIGUEL PÉREZ

Ciudadanos no rentabiliza en Euskadi el tirón de Rivera

Los dirigentes de Ciudadanos siguieron los resultados desde La Bilbaína.
Los dirigentes de Ciudadanos siguieron los resultados desde La Bilbaína. / Manu Cecilio

Ciudadanos no consiguió rentabilizar en Euskadi su espectacular ascenso en el resto de España. La formación naranja no obtuvo ningún diputado en el País Vasco e incluso cedió terreno respecto a las últimas elecciones generales: unos 700 votos menos que en 2016. Un dato que sobresale si se tiene en cuenta que, en el conjunto del país, el partido de Albert Rivera sumó casi un millón de nuevos apoyos que se tradujeron en 25 nuevos escaños.

El frenazo de Cs en Euskadi evidencia que su discurso contra la singularidad económica vasca ha provocado un evidente rechazo entre una gran parte del electorado de Bizkaia, Alava y Gipuzkoa. En el programa electoral de Albert Rivera figuraba un compromiso muy sencillo: «No al cuponazo vasco». Un mensaje que ha podido atraer a la formación naranja a simpatizantes de otras zonas de España, pero que ha resultado contraproducente en Euskadi a la hora de recabar simpatías.

Ciudadanos consiguió este domingo en Euskadi 39.900 votos (un 3,14% del total). Hablamos de unas 12.000 papeletas más que Vox y de unas 54.000 menos que el PP vasco. Ninguno de estos tres partidos logró representación parlamentaria. Los resultados de Cs les sitúan, en todo caso, a un mundo de distancia de los más 394.000 apoyos que obtuvo el PNV, de los 252.000 del PSE, los 223.000 de Podemos y los 212.000 de EH Bildu.

El partido que lidera en Euskadi Luis Gordillo se dejó muchos votos en Alava y en Gipuzkoa, aunque creció en Bizkaia. La formación naranja mejoró notablemente sus registros respecto a las últimas elecciones autonómicas -casi 19.000 votos más-, pero no pudo igualar los resultados de las últimas elecciones generales de 2016. Es más, se quedó muy lejos de su récord de 2015, cuando alcanzó su techo electoral en Euskadi con 50.268 votantes.

Fuentes internas del partido se mostraron satisfechas con los resultados en Euskadi porque -dijeron- han conseguido aguantar el «envite». En este sentido, se mostraron convencidos de que de cara a las próximas elecciones serán capaces de «explicar» mejor su discurso respecto al Cupo, ya que están convencidos de que una gran mayoría de los vascos no quieren ser «insolidarios» y apuestan por una «mejor gestión».

Vox no es profeta en su tierra

Valeriano Arrieta, líder territorial de Vox, en Bilbao.
Valeriano Arrieta, líder territorial de Vox, en Bilbao. / Borja Agudo

En realidad, lo importante no es testar cómo le ha ido al partido de Santiago Abascal (Bilbao, 1976) en Euskadi, la autonomía donde Vox surgió tras una dilatada fase embrionaria en el PP vasco. Lo fundamental fueron los cuatro vecinos que votaron por este partido en Areatza, feudo histórico del PNV y de EH Bildu en Bizkaia.

O más aún, los 214 que se han revelado como seguidores de las siglas de ultraderecha en Mondragón o Hernani, genuinos centros de gravedad de la izquierda radical. Hay papeletas que parece depositar el mismísimo Gary Cooper en un spoiler de 'Solo ante el peligro'. Y así sucede en numerosos municipios que ponen de manifiesto lo siguiente: Vox no ha sido profeta en su tierra, donde no ha conseguido ni un diputado en estas elecciones, pero sí ha logrado el golpe de efecto de reunir a casi 28.000 votantes en Euskadi. La derecha más a la derecha también existe en esta comunidad. Y a solo 11.000 papeletas de Cs.

¿Veintiocho mil son muchos? ¿Pocos? Diríase que bastantes que si se tiene en cuenta que en los comicios generales de 2016, el contador de Vox en las urnas apareció tan desploblado como esos inmensos y bellos territorios del Valle de Ayala que Abascal conoce bien a base de recorrerlos a uña de caballo. Entonces logró 947 votos, si bien es cierto que presentó menos candidaturas (en Gipuzkoa no se presentó) y careció de la difusión pública que tanto él como su formación han obtenido desde su puesta de largo en las elecciones andaluzas.

El salto de Vox quizá pueda inquietar por su sesgo emocional más que por su peso material. Hasta ahora, el ideario vasco respecto a la derecha establecía su límite en el PP y toleraba a un modesto Ciudadanos. Este domingo, más de un jeltzale se preguntaba cómo «alguien en Euskadi puede votar a la ultraderecha».

El caso es que lo han hecho. Sobre todo, en Bizkaia, donde cosecha casi 15.800 votos, más del doble que en Álava (poco más de 7.000) y Gipuzkoa (6.500). El mismo esquema rige en las capitales. Bilbao le da la mayor representación, por delante de San Sebastián y Vitoria, dato que confirma una vez más que Vox no es profeta ni en su tierra más sanguínea: Álava, donde nació a caballo entre Amurrio y Llodio. En la primera, Vox acuñó este domingo 152 votos y en la segunda, donde su líder ejerció de concejal, 206. Visto desde el prisma del PNV, EH Bildu y el PSE, un saldo nimio y poco inquietante. Abascal, posiblemente, lo vea de otra manera: en 2016 su discurso sólo convenció a 24 vecinos de Amurrio y a otros 10 en Llodio.

Más información