A la caza del voto útil

A la caza del voto útil

La fragmentación del centro derecha ha puesto de los nervios al PP, que ha pedido a Vox y Cs que se echen a un lado en una treintena de provincias para no impulsar al PSOE

Adolfo Lorente
ADOLFO LORENTE

Quizá nunca antes la expresión 'voto útil' había adquirido tanta relevancia como ahora. El 28 de abril, la España de la moción de censura vuelve a las urnas por tercera vez en tres años y lo hace, además, más dividida que nunca. Sobre todo el espacio de centro derecha. La tarta de diez millones de votos que en su día degustó a solas José María Aznar o Mariano Rajoy tiene ahora tres comensales: el PP, Ciudadanos y Vox. El miedo se llama fragmentación. El temor se llama tener más votos que nunca y menos escaños que siempre por los caprichos de la Ley D'Hondt, tan venerada en su día por el bipartidismo y, ahora, reconvertida en una suerte de trampa para el Partido Popular, donde ya se han encendido todas las alarmas.

Génova ha tocado a rebato para evitar una dispersión del voto que beneficiaría, sobre todo, al PSOE. Lo ha hecho su presidente, Pablo Casado, pidiendo a Ciudadanos y Vox que se echen a un lado en las provincias más pequeñas y lo ha hecho también el partido a través de un vídeo de Barrio Sésamo en el que Epi y Blas explican a la gente que si votan a la formación de Santiago Abascal «están apoyando a Pedro Sánchez y a toda la tropa de independentistas».

Por cierto, con escaso éxito, ya que Vox replicó que los populares hicieran lo mismo donde las encuestas le sitúan por debajo de ellos. Más allá del acuerdo a tres alcanzado en Navarra (UPN, PP y Cs), lo único que hay es ruido. «Lo importante es que el tema esté encima de la mesa y generar el debate, que le suene a la gente», explican fuentes conservadoras.

Todo se decidirá por detalles, en el último minuto y en aquellos terrenos de juego más complicados. Campos pequeños, electorados muy particulares... Ya se sabe que aquí es donde se ganan las ligas y la de las generales del 28-A tiene 28 enclaves a tener en cuenta, como constata un documento de trabajo que el PP ya ha difundido a modo de alerta roja. En total, suman 103 de los 350 escaños del Congreso de los Diputados. Está Ceuta y Melilla (con uno cada una); con dos, Soria; el grupo de los tres asientos está formado por Ávila, Cuenca, Guadalajara, Huesca, Palencia, Segovia, Teruel y Zamora; las de cuatro son Álava, Albacete, Burgos, Cáceres, Lérida, Lugo, Orense, León, La Rioja y Salamanca; y el grupo de cinco escaños está integrado por Cantabria, Castellón, Ciudad Real, Huelva, Jaén, Navarra y Valladolid.

El centro derecha podría tener dos millones de votos más que la izquierda y no llegar a La Moncloa

Cuanto menos escaños a repartir, más incertidumbre. La clave será los llamados 'restos', el último diputado de cada circunscripción. En este escenario, el PP calcula que en torno a la mitad de las papeletas destinadas a Vox se perderían en las provincias menos pobladas. Y en las generales, si los votos no se traducen en escaños, el negocio es ruinoso. De ahí el miedo de Génova a que la victoria de Andalucía y el rol preponderante que tuvo Vox se convierta en un efecto bumerán que le deje fuera de La Moncloa pese a que el centro derecha tripartito llegue a sumar más de 12 millones de votos frente a los 9 o 10 que tendrían el PSOE y Podemos.

Efecto en Euskadi

Aquí impera la Ley D'Hondt, un complejo sistema de cálculo adoptado en su día para favorecer la España plural y autonómica en lugar de apostar por la circunscripción única, como sucede en las elecciones europeas. El 26 de mayo, todo será más sencillo: dime cuántos votos tienes y te diré cuántos escaños te tocan; de ahí que los nacionalistas deben concurrir coaligados para no quedarse fuera.

«Las llamadas 'tres derechas' pueden lograr un buen resultado conjunto, pero perder escaños en el reparto de los 'restos'. Ahora bien, el PP, cuando lanza esta petición, está presuponiendo que obtendrá mejores resultados que sus competidores de la derecha, cuestión que, en algunas circunscripciones, todavía está por ver», advierte María Silvestre, directora del Deustobarómetro.

Las 28 provincias con menos de cinco escaños en juego suman 103 de los 350 asientos del Congreso

¿Qué ocurrirá? Francisco Llera, director del Euskobarómetro, disecciona el escenario. «Si exceptuamos Ceuta y Melilla (porque solo el ganador obtiene uno), en las 26 restantes el último escaño se viene alcanzando desde 2015 con entre un 14% y hasta un 24% de los votos. Son circunscripciones en las que el PP y el PSOE se han repartido casi todos los escaños (alrededor del 80%), Podemos se llevó algo más de una quinta parte y Cs se tuvo que conformar con 3», recuerda. El también catedrático de Ciencia Política barrunta que en estas circunstancias y en estos territorios es «muy poco probable que Vox pueda aspirar a casi ningún escaño, Cs podría mejorar los suyos y Podemos los perdería. Lo mismo que el PP, que se lo cedería al PSOE, en la medida en que le haría ganador».

Respecto a las proyecciones sobre qué pasará en Euskadi, Llera asegura que «el impacto será muy pequeño y de distinto signo». Por territorios, cree que en Álava, enclave potencialmente más proclive al cambio por la fragmentación de la derecha, «puede haber cambio de posiciones», pero que los cuatro escaños seguirán en manos de los mismos titulares (Podemos, PP, PNV y PSE, así quedaron en 2016).

En Bizkaia (8 escaños) sí se augura más movimiento ya que la formación de Pablo Iglesias «podría perder hasta dos de sus tres escaños en favor del PNV y del PSE. Ni EH Bildu ni el PP parecen correr riesgo de perder el suyo», explica. «Algo parecido puede suceder en Gipuzkoa (6), donde la formación de Podemos puede perder uno de sus dos escaños a favor de, sobre todo, el PSE», describe el director del Euskobarómetro.

Su conclusión: «El juego mayor, en este caso, no afecta a la derecha, sino a la izquierda y, en concreto, al beneficio que puede obtener el PSE y, en menor medida, el PNV, del hundimiento de Unidos Podemos».

Las chanclas de Groenlandia dan el relevo a Epi y Blas

Si el PP ha recurrido ahora a Epi y Blas para explicar por qué no es útil votar a Vox, hace un par de años lo hizo con otro tipo de mensajes y dirigiéndose a Ciudadanos. En la campaña autonómica del 25 de septiembre de 2016, el PP vasco difundió un vídeo recordando que, en la práctica, votar a Ciudadanos en Euskadi no servía para nada comparándolo con «llevar unas chanclas en Groenlandia». «En las últimas elecciones, los 40.000 votos de Cs no sirvieron para nada. No dividas el voto», decía la grabación.