Campaña

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Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Campaña sobre campaaaña, y sobre campaña uuuuna. Asómate a la ventaaaana, verás muy cerca una uuuurna... Esto venía a ser un villancico hasta que nuestros políticos cayeron en la adicción de convocar elecciones y lo han convertido en una especie de himno preelectoral, apto para cualquier época del año. Y es que, desde las generales de finales de 2015, en este país vivimos en una gigantesca 'tienda de campaña'. Por la precariedad de la estructura gubernamental (en perpetua mudanza) y por lo que tiene de zoco y de teletienda toda campaña electoral. Está claro que en la era de la publicidad, gobernar, lo que se dice gobernar, no le interesa a casi nadie. Lo que de verdad les atrae de la política a quienes se dedican a ella es la ilimitada posibilidad de venderse, publicitarse, hacerse propaganda y decirse desde un atril lo que en el fondo quieren oír.

Convertido en apologista de sí mismo, el político en campaña es un ser perdidamente enamorado de sus ideas, encantado de conocerse, ebrio de ideología... Capaz incluso de estrechar la mano al que sujeta una pancarta en su contra, de tan embelesado como está con su propio discurso. Y así, en esa exaltación tan típica del flechazo, se pasarían nuestros candidatos (ya se está viendo) toda la vida, como en la canción de Juan Gabriel; con muy poquitas ganas de que llegue el día de las elecciones, se abran las urnas, la realidad se imponga y a más de uno se le pinche el globo o se le baje el suflé. Pero quién piensa ahora en eso, pudiendo vivir en la nube perpetua de una campaña electoral (tras otra).

Lo malo es que como pueblo, y sobre todo como público, nos esperan días interminables de exageraciones y autobombo. Si ya se miente con desparpajo desde la poltrona y el escaño, no te digo nada en un mitin, donde todo es prometer... Entre las generales, municipales, autonómicas y europeas, vamos a tener que soportar tantos meses de 'anuncios' que a muchos no sé si nos van a quedar ganas de ver la película (el día que realmente nos toque votar). La política ahora mismo en este país es uno de esos programas de las cadenas privadas que por cada tres minutos de emisión te meten veinte de 'publi'. Hasta que un día, hartos de que nos tomen el pelo, apaguemos la tele.