Elecciones municipales 26M

Mesa y mantel con Samir Lahdou sin guión ni grabadora

Samir Lahdou eligió el restaurante Varona, cerca de su lugar de trabajo./Maika Salguero
Samir Lahdou eligió el restaurante Varona, cerca de su lugar de trabajo. / Maika Salguero

Un superviviente que tiene dudas

Su inesperado salto a la política le ha servido al líder de Ganemos Goazen para descubrir aliados sorprendentes LUIS LÓPEZ

Tener comidas informales con políticos conlleva el riesgo de que, al final, la mayoría acabe cayéndote bien. Nos hemos expuesto a ello. Durante los próximos días EL CORREO publicará las reflexiones y sensaciones de los candidatos a la alcaldía de Bilbao en torno a una mesa. Conversaciones sin grabadora, sin apuntes, sin guión ni preguntas. Una o dos horas de charla para conocer mejor a esta gente.

El primero es Samir Lahdou, líder de Ganemos Goazen. Un superviviente que también transmite la fragilidad, la inseguridad, de quien en un momento de su vida asume responsabilidades elevadas e inesperadas y quiere estar a la altura.

Ocurrió en 2015. Después de los conflictos internos que tanto caracterizan a los partidos emergentes, sobre todo si son de izquierdas, la escisión de Podemos que encabezaba este bilbaíno de padre marroquí logró dos concejales. Eso sí, nadie sabe cuántos votos les llegaron por despiste, de gente que creía estar respaldando a los Podemos oficiales. Aunque él dice que los Podemos auténticos, esenciales, en realidad son ellos, porque son los que creen de veras en la democracia directa, las asambleas populares, y todas esas cosas que, asegura, la marca morada ha enterrado bajo luchas de poder.

Pero no es un ingenuo. Sabe que no todas las decisiones determinantes para las políticas públicas las puede tomar el vecino del quinto. ¿Dónde poner los límites? Bueno, quedamos en no hacer preguntas...

En 2015, decíamos, cambió todo. Samir Lahdou, que había trabajado en el circo, había sido almacenero, repartidor de pizzas, instalador de aire acondicionado, monitor de menores problemáticos... pasó a ser concejal y a ingresar alrededor de 2.000 euros (descontado lo que aporta al partido). Dejó la vivienda social que ocupaba, de propiedad municipal, y se fue a un piso de alquiler por el que paga 600 euros. También se arregló la boca. Y comenzó a trabajar en la cosa pública.

Cuenta que el arranque fue difícil porque manejarse en el Ayuntamiento tiene su intríngulis. ¿A quién preguntar cómo hacer las gestiones? ¿Qué papeles se necesitan? Los grupos en el gobierno, PNV y PSE, estaban «encerrados» en sus despachos. Con Udalberri, de donde se habían escindido, no podían contar por motivos evidentes. Cuando iban donde EH Bildu, les miraban por encima del hombro. Así que contra todo pronóstico, y para su sorpresa, fue el PP quien les guió por los pasillos del Ayuntamiento. «Se portaron muy bien. No sé qué hubiésemos hecho sin su ayuda».

En estos cuatro años Lahdou ha comprobado que si uno se lo toma en serio el servicio público puede ser como un sacerdocio. Muchas horas. Por eso, para esta cita elige comer en el Varona, al lado del Ayuntamiento. Junto al trabajo. Se pide merluza porque se está cuidando. Al principio, cuando empezó a comer de restaurante cada día, siempre se lanzaba a lo más rico. A lo suculento. Se le dispararon el colesterol, los triglicéridos y las transaminasas. Engordó. Los servicios médicos municipales le recomendaron prudencia y desde entonces ha perdido trece kilos.

Subjuntivo y libertario

El aspirante habla con cercanía, convicción y un reflejo autoderogatorio que le diferencia del político profesional pablo martínez zarracina

Para no complicarse aún más la vida durante la campaña, Samir Lahdou escoge para comer con EL CORREO el Varona, uno de los bares de la plaza Erkoreka que frecuenta la gente del Ayuntamiento. Y tanto: a los cinco minutos entra el alcalde. Aburto saluda afectuoso al portavoz de Ganemos Goazen. «Samir, tú disfruta», le recomienda. No se sabe si se refiere a la campaña o al encuentro con los periodistas, pero suena como lo de Cruyff en la final de Wembley. El problema para Samir Lahdou no parece estar sin embargo en el disfrute, sino en el resultado. Sin los medios de los grandes partidos, Ganemos hace una campaña minimalista (tras la comida, el candidato se irá a transportar material personalmente) y se enfrenta a una dificultad añadida y escandalosa: la presencia de un partido fantasma que parasita su nombre. Por eso el candidato lleva en la camiseta una papeleta electoral impresa a gran tamaño, con la identidad del alcaldable, o sea, la suya propia, resaltada: «No te confundas».

Insistirle a Samir Lahdou en que lo que el Ganemos 'fake' quiere hacerle a Ganemos recuerda, en cuanto a rentabilizar la confusión, a lo que le hicieron ellos en 2015 a Podemos, es entrar en un bucle lleno de rencillas subterráneas, trifulcas personales (con coches rayados y latas volando hacia su cabeza en San Mamés), asambleas traicionadas, acusaciones de 'madracismo' (por Javier Madrazo) y una sucesión digna de Monty Python de partidos clónicos con nombres en presente de subjuntivo. Lo hablamos antes de comer, tomando algo en la barra, y cuido de no decir «bebamos» por si surge allí mismo otra escisión y se complican más las elecciones.

Hay en Samir Lahdou una mezcla particular de convicción y desplazamiento. Cuatro años en política no han cambiado al chico de barrio que sabe lo que es que te corten la luz, a diferencia de (atención, Podemos) «esos universitarios que hablan tanto de desahucios». Aún no se acostumbra a las fotos y confiesa que sigue poniéndole nervioso hablar en público. «Y eso que había hecho teatro». Medio segundo después, matiza: «Aunque no venía a vernos nadie». El reflejo autoderogatorio lo diferencia del político profesional más que el pelo afro.

El candidato habla con cercanía. Detalla la exigencia del trabajo municipal y sitúa a «la asamblea» detrás de cada una de sus decisiones. Preguntado por cuánta gente se reúne en esa asamblea, reconoce que no muchos, que llegaron a ser treinta, pero que ahora son en torno a diez. Un experimento de democracia directa, de «municipalismo libertario», que espera poder seguir llevando al Ayuntamiento.

Si eso no sucede, el líder de Ganemos volverá a hacer política «a pie de calle» y a trabajar, sin problema, «en cualquier cosa». Con lo que ha podido ahorrar del sueldo de concejal, le gustaría montar algo relacionado con chavales y tiempo libre, quizá por el lado de los juegos de rol. Samir Lahdou juega al 'Magic', ha devorado las novelas de 'Juego de Tronos' y desde hace unos meses practica esgrima en el polideportivo de Artxanda. Tras los postres, cambia el café por un chupito de patxaran.