José Mari Gorroño, un alcalde porencima de las siglas

José Mari Gorroño, un alcalde porencima de las siglas

Durante años ejerció la enseñanza privada en una academia y apuesta por «gobernar para todos»

JULEN ENSUNZA

«Las personas están por encima de las siglas y hay que gobernar para todos». Con esta máxima que repite una y otra vez, José Mari Gorroño se ha ganado de nuevo el voto de la mayoría de los gernikarras. El primogénito de Víctor, gudari del batallón Irrintzi, y María Pilar mamó desde niño el nacionalismo moderado –su abuelo materno, Fernando, también estuvo en la cárcel de Santoña durante la guerra civil y su abuela Casemiraen el exilio en Francia junto a sus cinco hijas–, aunque nunca se afilió a ningún partido hasta que en 1987, con 34 años, decidió aceptar el ofrecimiento de Eusko Alkartasuna para concurrir a las municipales como independiente.

Esa decisión probablemente cambio su vida. Y es que, a partir de ese momento ha estado ligado a la política municipal ininterrumpidamente, primero como concejal y desde 2007, finalmente, como primer edil. Su sueño hecho realidad. «Nunca he tenido otra aspiración política que ser el alcalde de mi pueblo porque es el mayor honor que puede corresponder a una persona», destaca siempre.

Ni siquiera el hecho de que EA, pese a haber recibido el respaldo unánime de la asamblea local, decidiese en 2015 prescindir de él para liderar la candidatura de EH Bildu al término del primer mandato, truncó su deseo de «transformar y hacer de Gernika un municipio de primera». La Ciudad de la Paz ha logrado mayor dimensión mundial, si cabe, bajo su mandato.

Y quizá por eso, en lugar de tirar la toalla, se lanzó a la aventura en solitario. Adoptó las siglas de Euzko Abertzaleak y se encontró con un compañero inesperado de viaje, el PNV, hasta entonces su azote en el Consistorio. Los jeltzales, que no atravesaban su mejor momento en cuanto a resultados en la villa foral, decidieron hacer borrón y cuenta nueva para formar coalición con Gorroño, conscientes de su tirón entre la ciudadanía. La jugada salió redonda y los resultados fueron mejores incluso de lo esperado –11 ediles–. El idilio perdura.

Ingeniero de profesión, ejerció durante algún tiempo como tal, aunque pronto se centró en la enseñanza privada. De hecho, por la academia que compartió junto a su hermano Iñaki –ambos han ido de la mano también en política–, primero en la Gizarte Etxea y luego en unos locales de Karmelo Etxegarai han pasado cientos de jóvenes de la villa para recibir clases de ingeniería, Bachiller Superior, químicas o económicas, entre otras materias.

Amante de la tranquilidad y de compartir el tiempo con sus dos hijos Urko y Gorka –ingeniero técnico el primero e ingeniero superior el segundo–, es habitual verle tomando «unos txakolis» por la localidad o paseando por las tarde por la zona de Los Tilos. «La cercanía con la gente es importante y las caminatas me relajan, pero también me permiten pensar con serenidad en decisiones y planes», apunta. Algunos de esos proyectos a los que da vueltas durante sus recorridos son un centro de FP ligado a áreas medioambientales y nuevas energías en Astra, así como el traslado de la biblioteca a las antiguas escuelas del Pasealeku y la reforma del mercado.