La seguridad y Zorrozaurre prenden la mecha en el debate de los candidatos a la Alcaldía de Bilbao

Todos los partidos acusan al PP de «tergiversar» los datos de la delincuencia, aunque coinciden en reforzar las medidas

Luis López
LUIS LÓPEZ

Los retos están claros: Bilbao necesita atender a una población cada vez más mayor, retener y atraer a jóvenes, generar empleo, mejorar el acceso a la vivienda, ser atractivo para los inversores sin perder su identidad... En esto, todos los candidatos a la alcaldía están de acuerdo. También en que para ello hace falta que la villa sea una ciudad segura. Y, además, hay que sacar chispas a Zorrozaurre. ¿Cómo lograrlo? Ahí llega el debate.

Los aspirantes a dirigir la ciudad que lideran los seis partidos que ahora tienen presencia en el pleno municipal contrastaron ayer en EL CORREO sus visiones. Qué necesita Bilbao. Fue un encuentro educado, felizmente alejado de los espectáculos crispados que ofrecen líderes políticos en otros ámbitos. Incluso hubo un notable grado de acuerdo en cuestiones vitales como es el futuro de Zorrozaurre.

No es poco. La isla pretende ser un faro para el futuro porque allí habrá viviendas, actividad económica, centros formativos, investigación... Todo lo que necesita la ciudad para rejuvenecerse y generar riqueza. El problema es que el plan para desarrollar la zona, diseñado por Zaha Hadid, tiene casi dos décadas. Desde hace tiempo muchos expertos vienen advirtiendo de que se ha quedado viejo antes de dar el salto de los planos a la realidad. Y parece ser cierto. Este periódico reveló hace algo más de una semana que el Ayuntamiento encargó hace un año un estudio para analizar el asunto y la primera conclusión es clara: hay que repensar el diseño de los edificios en los polos tecnológicos para adaptarlos a las necesidades de las empresas de hoy. Es la primera fase de un plan estratégico que, en un segundo momento, ampliará el foco sobre la isla.

No hay nada inmutable

El alcalde y candidato del PNV, Juan Mari Aburto, no quiere que esto se vea como una enmienda a la totalidad, un cuestionamiento radical del proyecto. «Es un plan mixto, con uso residencial y económico, un proyecto enormemente importante e ilusionante», dijo ayer en el debate, sin querer entrar en más profundidades. Es un tema peliagudo.

El resto de candidatos sí se mostraron a favor de un replanteamiento más en profundidad. Apuestan por darle un giro a la isla. «Zorrozaurre tiene síntomas de agotamiento», dijo Jone Goirizelaia, cuya formación, EH Bildu, lleva años pidiendo cambios en el número de viviendas, en las reservas de suelo para actividades económicas... «Habría que consultar a la ciudadanía», pidió. Incluso el s ocialista Alfonso Gil, socio de Gobierno y teniente de alcalde, apuntó que «no hay proyecto inmutable» y avisó de que si llega a la alcaldía lo va a «repensar».

Para Ana Viñals, de Elkarrekin Podemos, el hecho de que el planteamiento de Zaha Hadid se haya quedado algo desfasado tiene que ver con que se haya elaborado «sin escuchar a la gente». Y pidió poner fin a las inundaciones. En esto se fijó la popular Raquel González, quien criticó que el agua siga anegando la isla cuando «se dijo que eso era lo primero que se iba a evitar». Para Samir Lahdou, de Ganemos Goazen, la clave está en una revisión general: «El proyecto de Zorrozaurre se hizo hace veinte años y no se adapta a lo que ahora necesitamos».

El otro asunto incandescente, el que siempre desata pasiones, es el de la seguridad. «Es nuestra prioridad», dijo Juan Mari Aburto, quien también se felicitó porque el resto de grupos admitiesen –lo hicieron– que esta es una ciudad segura. Con todo, hay margen de mejora. Y eso es importante para engrasar la actividad económica y el turismo. Nadie quiere ir a un sitio peligroso.

A Aburto le tocaba vender gestión y recordó que se está trabajando en la Policía de proximidad, que la guardia urbana crece en efectivos, que hay agentes formándose... Y que, en cualquier caso, el Ayuntamiento es firme y «el peso de la ley debe caer sobre quien cometa delitos». Todo ello sin olvidar las políticas sociales, planes de integración... Que no haya pobreza.

Como siempre, hay dos perspectivas diferentes. Los partidos de izquierdas ponen más énfasis en la prevención. «La mejor inversión es luchar contra la exclusión a través de las políticas sociales», dijo la candidata de EH Bildu, Jone Goirizelaia, quien también apuesta por formar a los policías «en derechos» para que se relacionen mejor con la gente. Para el candidato socialista y actual teniente de alcalde, Alfonso Gil, hay que buscar el punto de equilibrio, «aplicar la ley», pero ir más allá del aspecto punitivo; y, sobre todo, tener cuidado con estigmatizar, con «generar odio contra el pobre, contra quienes lo están pasando mal». A su juicio, la Policía de proximidad será una pieza fundamental por su «efecto disuasorio».

Más vigilancia

Ana Viñals, de Elkarrekin Podemos, también ve potencial en esta figura policial, agentes que «conozcan a los vecinos, las zonas delicadas en cada barrio». Pero la raíz del problema sólo se atacará desde «la cohesión social, acabando con las desigualdades». Lo mismo opinó Samir Lahdou, de Ganemos Goazen, quien pidió agilizar las medidas contempladas en el Pacto por la Seguridad y mostró su preocupación por que haya «grupos que tergiversan los datos» para crear alarma.

Se refería al PP, cuya candidata, Raquel González, fue la más dura. Consideró insuficientes los esfuerzos por incrementar la plantilla de la guardia urbana y pidió llegar al millar de efectivos (ahora hay algo más de 800); criticó que el Pacto por la Seguridad «se ha guardado en un cajón» (el alcalde lo negó y recordó que tiene vigencia hasta 2023); y pidió instalar cámaras en la ciudad como «elemento disuasorio». «Es el momento de hacer este esfuerzo. Si hay cámaras para poner multas, ¿por qué no para mejorar la seguridad?». También culpó del incremento de la delincuencia, en buena medida, a los menores extranjeros no acompañados, los 'menas'.

En este punto, para terminar, también ha habido bastante acuerdo. Todos los partidos han incidido en la necesidad de mejorar la eficiencia en las políticas de integración, en formar y aprovechar a unos jóvenes con probada capacidad de adaptación que son tan necesarios en esta sociedad tan envejecida.

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