De paseo por el barrio con: Leticia Comerón

La hija del escayolista

«Soy ciclista urbana con buen tiempo», afirma Leticia Comerón / Igor Martín

Nos cita en la asociación de vecinos de Ariznabarra, adonde acudió como voluntaria con diecisiete años y el paseo termina, junto a sus padres y el perro Toby en el parque del Prado

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Leticia Comerón, mano derecha de Javier Maroto durante el cuatrienio popular en la Alcaldía de Vitoria, vive desde hace no mucho tiempo en los alrededores de la plaza de Abastos, pero prefiere citarnos junto a la casita baja en color azul pitufo que alberga la sede de la Asociación de Vecinos de Ariznabarra. Al punto del mediodía, mujeres árabes con pañuelos en la cabeza aguardan la salida de sus pequeños del colegio Miguel de Cervantes, un centro público de muy elevada matriculación inmigrante y recreos multiétnicos. Espinoso asunto teniendo en cuenta aquellas declaraciones de su entonces jefe político que unieron a una oposición poliédrica para apearlo del sillón mayor del pleno.

A escasos metros un instructor adiestra en euskera a chavales de ambos sexos sobre la seguridad vial a lomos de sus bicis. Más pequeñas, claro, que la de la candidata del PP, que aguarda sentada en un banco con la suya al lado. «Soy ciclista urbana con buen tiempo, eh. En invierno me da mucha pereza». A unos metros, el campo de fútbol del club celeste que acaba de ascender a Tercera División. Un gran mural pintado ocupa el lateral completo de una vivienda en la zona vieja de un barrio levantado deprisa y corriendo hace casi seis décadas para acoger a tanta mano de obra llegada a Vitoria en aquella primera oleada de andaluces, extremeños, castellano-leoneses y gallegos. Gentes que contribuyeron, con su esfuerzo en las cadenas de montaje, a transformar la ciudad.

«El corte del cableado, de lo que más orgullosa me siento».
«El corte del cableado, de lo que más orgullosa me siento». / I. M.

«Por fin nos conocemos. Ya tenía ganas, que siempre te leo», saluda la cabeza de lista al plumilla. En ese momento aparece Justo Sánchez, altruista y abnegado presidente de la agrupación que trata de defender a casi nueve mil residentes del distrito, con la carpeta y la chamarra en la mano. Luce el sol en una mañana un punto calurosa. Leticia acababa de fijar en el ansiado corte del cableado aéreo uno de sus mayores orgullos como concejala de Espacio Público (2011-2015) y Justo la invita a entrar en la vieja casita que parece de dibujos animados. Allí, en la pared frontal, fotografías de ese momento casi histórico para el barrio que Comerón señala hasta con deleite. A cambio se lleva el educado rapapolvo, extensible a todos los grupos de la Corporación, de un Sánchez que activa la máquina de reivindicar.

«Haciendo portales»

¿Por qué Ariznabarra en vez de su ámbito actual? Pues porque la portavoz municipal del PP llegó a Portal de Castilla, entre la Casa de Napoleón y la Cruz Roja, cuando apenas había soplado cinco velas de la tarta. Para Antonio Machado su infancia eran recuerdos de un patio de Sevilla. En el caso que nos ocupa, su inmersión en el movimiento vecinal cuando se presentó como voluntaria y en compañía de una hermana a los diecisiete años. Poco después empezó a pagarse los estudios universitarios (Ciencias Políticas, Leioa) ayudando a su madre, Nieves, a «hacer portales». «Teníamos unos ocho en el barrio y más por otros sitios de la ciudad. A las cuatro de la mañana ya estábamos dándole». En la zona se conoce a su padre, ya jubilado, como 'Jose El Escayolista'. Poco después, ya en el Prado, el hombre que llegó de la zona rural de Salamanca y terminó en Vitoria previa parada y fonda en Gipuzkoa empieza a enumerar la cantidad ingente de edificios donde trabajó. «Mis dos primeras hijas nacieron en Irún. Pero esta está hecha y nacida aquí». ¿Se sufre mucho con una hija metida en la política? «Sí, sí. Siempre en el ojo del huracán. Y mira que no hay precedentes en la familia, pero…».

Con su madre, Nieves, y el perro Toby en El Prado.
Con su madre, Nieves, y el perro Toby en El Prado. / I. M.

Para alcanzar el pulmón verde entre Portal de Castilla y La Senda, la comitiva se detiene antes junto al templo de San Pablo, donde Leticia se apuntó siendo una chavala a talleres de tiempo libre. «Hacíamos excursiones, íbamos al monte… Y en este árbol que quisieron cortar y nos negamos -señala al que preside la esquina entre la iglesia y el despacho parroquial- hacíamos las despedidas de los campamentos». El grupo se despide del azote de Gorka Urtaran durante esta legislatura en el parque del Prado. Allí se queda Comerón con Nieves, Jose y Toby, el perro que enloquece de alegría con las muestras de cariño. A modo de adiós, ella confía en revertir el pésimo resultado de los recientes comicios generales tras un apunte de autocrítica. «No temo el efecto de abril. Éramos conscientes de que la campaña no estaba gustando aquí. Yo estoy confiada porque hay gente que me decía 'ahora, no, pero en las municipales os votamos'». Y se supone que les toma la palabra.

El aperitivo familiar en la terraza del parque.
El aperitivo familiar en la terraza del parque. / I. M.