Ernesto Sainz, de abogado a gestor de servicios y políticas sociales

Ernesto Sainz. /Blanca Castillo
Ernesto Sainz. / Blanca Castillo

José Ángel Martínez Viguri
JOSÉ ÁNGEL MARTÍNEZ VIGURI

A la derecha de Iñaki Beraza, hasta ayer el alcalde de Salvatierra-Agurain con gigantes letras doradas, Ernesto Sainz ha tenido los cuatro años de la pasada legislatura para empaparse del carisma y la habilidad en la gestión de lo público de su compañero. Así que cuando reciba la «makila», de PNV a PNV, no debería sentir el vértigo del novato. El nuevo regidor de la cuarta localidad de Álava, el motor industrial de la Llanada, ha sido su teniente de alcalde hasta anoche, cuando las papeletas blancas le reservan el sillón central del pleno.

A Ernesto le tentó la política en 2015, o sea, hace más bien poco, y ni se lo hubiera imaginado de no ser porque le insistieron y empujaron. Aunque rumiaba desde su entender que algo diferente a lo conocido podía sumar. Por entonces dirigía una residencia de ancianos en Tolosa, propiedad de Grúas Usabiaga, firma a la que también prestaba asesoría jurídica por su condición de abogado y de la que está en excedencia. Una cosa llevó a la otra y de ahí a las instituciones, al Gobierno vasco, fichado como director de Política Familiar y Diversidad por Beatriz Artolazabal, consejera de Empleo y Políticas Sociales.

«Respeto y responsabilidad»

Del ámbito privado al público. De la gestión social profesional a la política. En su caso debió ser un tránsito moderado. «Cualquier decisión que se toma en la vida tiene un componente político», sostiene. Ahora que se ha metido en el fregado hasta las trancas, promete respeto, responsabilidad e ilusión tanto para con la herencia de Beraza como para su pueblo.

No nació en él, sino en Burgos hace 51 años, pero su familia, tras una corta estancia en San Sebastián, se asentó en Agurain hace cuatro décadas. «He vivido toda mi vida aquí, me encanta el sitio, porque de lo contrario me habría cambiado a cualquiera de los lugares donde he desarrollado mi vida laboral». Aprendió lo básico en «el colegio de las monjas», creció como interno en «Coras» y se licenció en Deusto. Se formó como abogado en Grupos Asesores Reunidos y progresó con Usabiaga, en Ordizia. Casado, con dos hijos, aprecia el fútbol –«cada vez menos el profesional»– y la lectura cuando tiene tiempo. No termina de arrancar con «Patria», con el marcapáginas aún en la 10.