Ander Añibarro, un apasionado de la música lírica

Ander Añibarro disfruta cantando ópera y asistiendo a conciertos. /Sandra Espinosa
Ander Añibarro disfruta cantando ópera y asistiendo a conciertos. / Sandra Espinosa

El ganador de las elecciones en Llodio aún no ha cumplido 30 años y reparte su tiempo entre la política, los ensayos y los conciertos

Marta Peciña
MARTA PECIÑA

Ander Añibarro rebosaba satisfacción anoche después de conocer los resultados que le acreditan como el candidato más votado, el que ha conseguido recuperar para el PNV la segunda localidad de la provincia. Además de lograr el triunfo, el candidato afianza una carrera política que pese a su corta edad ya le ha llevado a ser presidente de la Cuadrilla de Ayala y director de Juventud del Gobierno vasco. Precisamente esas son algunas de las credenciales de las que hace gala para ejercer con eficacia el puesto de alcalde. Una dedicación que pese a ser muy absorbente seguro que le deja tiempo para su gran pasión: la música. «Me encanta la lírica. Disfruto cantando y con la cultura en general», asegura. Siempre que puede se escapa a un concierto. El último, el del tenor Javier Caramena, al que admira profundamente, como a Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, en el Euskalduna. «Es uno de los mejores tenores y pude compartir un rato con él, tenía muchas ganas de conocerle», asegura.

Esa pasión suya por la música le ha llevado a participar en varios proyectos como solista o como miembro de coros. Es un habitual de la coral local Santa Lucía, y en los últimos tiempos se esfuerza por perfeccionar el aria «Una furtiva lágrima», de la romanza «L»elisir d«amore», de Donizetti. «Es muy bonita pero he sufrido mucho para poder cantarla y creo que poco a poco la voy dominando». Además de los ensayos, las actuaciones musicales y los conciertos, que se llevan la mayor parte de su tiempo libre, a Añibarro es fácil verle vestido de romano colaborando con el grupo.

La familia

Uno de sus rincones favoritos es la pequeña localidad cacereña de Sierra de Fuentes, tierra de buen jamón y espectaculares dehesas. «Mis »aitites« por parte de madre son de allí, de Maestre, en Cáceres, y aunque a veces paso tiempo sin ir, me encanta volver porque es fácil desconectar». «Los de aita, eran de Orozko y Gernika». Pero de los cuatro tomó ejemplo. «Llegaron aquí para trabajar en Aceros de Llodio y toda la vida les he visto compatibilizando esa tarea con el ganado. Ha sido gente humilde y trabajadora que me ha trasmitido esa filosofía». Es por ello que Añibarro asegura que las cosas no surgen por casualidad. «Todos ellos me inculcaron la cultura del trabajo, es la manera de conseguir las cosas».

Cuando tiene unos días de descanso, confiesa que le gusta viajar. Lo hace tanto en solitario como con sus amigos –de momento no tiene pareja– o con la familia. «Creo que hay momentos para todo». El último viaje fue «a Edimburgo, con mi madre. Ella se anima más a salir. Mi aita se quedó porque estaba trabajando». En su pasaporte figuran los sellos de Nueva York o Amsterdam, aunque su localidad de referencia siempre ha sido Llodio. «Nací en Cruces, pero siempre he vivido aquí. Incluso cuando estudiaba la carrera en Vitoria iba y volvía todos los días a casa», asegura. Otra de sus vocaciones es la enfermería, que ha ejercido en Osakidetza, a donde piensa volver cuando concluya su aventura política.