el tren del 5g

Ana Beobide
ANA BEOBIDE

Cuando hablamos en nuestra sociedad de avances tecnológicos que afectan a nuestro día a día, la reacción suele ser dual y a veces incluso extrema. En una parte están aquellos que los acogen como una oportunidad de mejorar su vida; y en la otra, quienes se asustan ante los mismos y no los ven de manera amigable. Suelen atrincherarse en sus antiguos hábitos hasta que no les queda más remedio que evolucionar. De la misma manera suelen posicionarse los países en su conjunto.

Pues bien, tras el último Mobile World Congress celebrado en Barcelona, podemos afirmar que ya es una realidad la nueva revolucion digital: la 5G. La mayor disrupción en el ambito de las comunicaciones de la próxima década, según todos los expertos. Esta tecnología es la que permitirá el pleno desarrollo del internet de las cosas (IoT), la realidad virtual, la robótica avanzada, el uso masivo del Big Data , la telemedicina y la conducción autónoma entre otras muchas cosas.

¿Pero de que estamos hablando? Con 5G nos referimos a una tecnología de red inalámbrica que permitirá una conectividad con mayor velocidad, menos latencia y la posibilidad de unir muchos aparatos sin «abrumar» a la red. Las conexiones serán al principio 100 veces más rápidas que el actual sistema 4G, pero aún es más importante la disminución de esa latencia, que es el tiempo de respuesta que tarda un dispositivo en ejecutar una orden desde que se le manda una señal que podrá ser, para que se entienda, ¡¡¡la velocidad del parpadeo!!! Respecto a la capacidad, pasamos de una cifra de 4.000 dispositivos por km cuadrado conectados simultáneamente al millón, casi nada.

Esos son los datos que, trasladados a la vida real, significan que el coche autónomo o semiautónomo será posible, ya que se servirá de la información que le suministre la carretera, la calle, el semáforo y todo aquello que intervenga en lograr una conducción automatizada y, sobre todo, más segura que la actual. De igual manera, tendremos fábricas conectadas donde será posible que los robots industriales se muevan y consigan optimizar la producción y la logística. Otro buen ejemplo es que se tendrá la posibilidad de realizar una operación quirúrgica a distancia donde la calidad y la gran cantidad de información que se necesita es ingente, a pesar de que nos parezca ciencia ficción.

Como se puede intuir, esta nueva tecnología es un factor de competitividad adicional para la economía de los estados, al igual que lo han sido en el pasado las infraestructuras energéticas o de transporte. La Unión Europea lo entendió así al lanzar en el 2016 unos objetivos en cuanto al despliegue adecuado, rápido y fiable de las redes de comunicación 5G. Pero desgraciadamente, la UE no tiene una sola voz y no estará en la cabeza de este desarrollo que liderarán China y USA. Un capítulo especial merece la visión de Alemania, que al menos ha establecido un calendario muy exigente en el despliegue y en la calidad del mismo en aras de proteger a su potente industria de automoción en la oportunidad del coche conectado.

En el caso de España, los primeros despliegues comerciales parece que se realizarán en el 2020 y aunque no cuente con ese liderazgo, sí tendrá una importante ventaja en una siguiente fase, como es tener la mayor red de fibra hasta el hogar ( llega hasta el 80 % de la población) de Europa, que posibilitará una 5G de gran calidad cuando llegue.

De nuevo los europeos y también España podemos asistir como espectadores a este capítulo de la geopolítica digital, mientras estamos entretenidos con el 'Brexit' y demás temas que desenfocan otros objetivos en mi opinión prioritarios. Por cierto, no estaría mal conocer cómo se contempla este 'tren' desde el andén de los partidos políticos ahora que estamos en periodo electoral, ya que se trata sin duda de un 'AVE' para la próxima decada.