Tiempos difíciles para la banca

Carlos Aguirre
CARLOS AGUIRRE

En las últimas semanas se ha formado un buen lío en relación a la sentencia del Tribunal Supremo sobre quién debía pagar los impuestos de una hipoteca: los clientes o los bancos. Se han escrito ríos de tinta sobre el asunto, con argumentos a favor de la última decisión del Supremo (las menos), o los clientes (las más). Supongo que ambas partes tienen razón, o al menos sus razones. Lo que en todo caso nadie duda es que la decisión no era nada intrascendente, ya que estaban en juego miles de millones de euros, en un momento en que las instituciones financieras están viviendo tiempos difíciles, y voy a intentar argumentarlo. Para ello voy a hacer un breve (y superficial) repaso a la contabilidad de un banco.

La cuenta de explotación de una entidad financiera, dentro de su enorme complejidad, se rige por una serie de conceptos bastante sencillos que pueden ayudarnos a entender cómo construye sus resultados. Por la parte de ingresos los voy a resumir en tres: Margen de intereses, Comisiones y Operaciones financieras.

El margen de intereses es la diferencia entre lo que un banco cobra por sus préstamos y lo que retribuye a sus depósitos o prestamistas. Para hacernos una idea, cuando yo compré mi casa hace más de 30 años, el hipotecario me lo cobraron con un tipo de interés del 16,5%, mientras que por mi libreta de ahorros me retribuían un 3,5%. Por tanto, el margen que le quedaba a la caja de ahorros era de 13 puntos. Evidentemente, con este margen la cuenta de resultados era gloriosa por definición. Sin embargo, desde la entrada en la Unión Monetaria las cosas ya no son así. Los márgenes se acortaron muchísimo, más en línea con el resto de países de la Eurozona, y en estos últimos años no digamos. A día de hoy el Euribor tiene un tipo de interés negativo, y el margen que se plantea para un préstamo hipotecario es de décimas. Con ello el negocio tradicional de un banco ha estrechado sus márgenes hasta límites imposibles de prever en décadas anteriores. Así, en épocas pretéritas por cada millón que prestaba un banco venía a sacar un margen de 130.000 al año, mientras que ahora ese margen igual no llega a 10.000. Es de suponer que con la anunciada subida de tipos este margen mejore, pero nunca llegará, ni de lejos, a los niveles históricos.

En todo caso donde más margen hay es en otras operaciones de crédito no hipotecarias (créditos al consumo, al circulante de las empresas, etc.), pero este margen suele venir asociado a un mayor riesgo, lo que conlleva una mayor ponderación de ese activo. Sin entrar en más líos, cuanto más riesgo, más solvencia se requiere al banco, y ello repercute de forma automática en la dotación de provisiones, pero también en sus recursos propios, y vuelta a empezar la rueda. Más adelante me extenderé algo en este tema.

El segundo concepto son las comisiones. Hace años los bancos funcionaban con tales márgenes que el tema de las comisiones era más residual, de forma que no se cobraban muchos de los servicios que prestaban a sus clientes. Hoy en día las comisiones constituyen una parte vital del negocio bancario. En realidad, el tema tiene su lógica. Parece incluso más justo que los bancos cobren, y los clientes paguen, por los servicios que les prestan, de forma que cuantos más servicios consuman (transferencias, domiciliaciones, gestión de cartera, ventas de seguros, etc.) más pagarán a su banco. Esto es tan así que el modelo bancario ha derivado desde una gestión de producto (por ejemplo, un préstamo) a una gestión integral del cliente.

El tercer concepto son las operaciones financieras. Es de sobra conocido que los bancos han tenido históricamente una importante cartera de participadas, y no solo de las principales empresas del Ibex, sino de una legión de empresas medianas que poco a poco fueron engrosando su balance. Entre estas últimas, las más conocidas eran las del sector de promoción inmobiliaria. Tristemente conocidas diría yo, porque es aquí donde se ha generado la gran mayoría de las pérdidas del sistema financiero español en la última década, propiciando la quiebra de muchas entidades. Pero no quiero entrar en este doloroso tema, sino en las empresas participadas rentables. Durante muchos años la cuenta de resultados de un banco se nutría de los dividendos de estas sociedades, hasta constituirse en una parte vital de sus beneficios. Pero hoy en día la regulación bancaria europea impide que los bancos mantengan posiciones relevantes en estas empresas, por lo que todos se han visto obligados a vender la mayor parte sus participaciones, y con ello los ingresos por dividendos han disminuido, o incluso desaparecido.

En conclusión, de los tres grandes conceptos de los que se nutre la cuenta de resultados de una entidad financiera, los márgenes se han estrechado, las comisiones han aumentado, y los ingresos por operaciones financieras tienden a descrecer.

Aquí acabo esta primera parte del artículo. En la segunda me referiré a la parte del gasto, para finalmente adentrarme en el proceso regulatorio y supervisor europeo.

 

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