Sesenta años del 'milagro' económico español

Sesenta años del 'milagro' económico español

En julio de 1959 se dio luz verde al Plan de Estabilización, que puso fin a la autarquía franquista para modernizar la economía, abrirla a la competencia y facilitar la inversión exterior

JORGE MURCIA

En 1959 España había dado ya tímidos pasos para romper el aislamiento político y económico en el que se encontraba desde el final de la Guerra Civil. Ocho años antes, en 1951, logró restablecer relaciones diplomáticas con Estados Unidos, que desde entonces se convirtió -junto a Argentina- en su principal apoyo exterior. La ayuda del amigo americano se materializó en exportaciones de bienes de primera necesidad y créditos por valor de 1.500 millones de dólares. A cambio, España aceptaba la instalación de bases militares en su territorio. Eran los años del Plan Marshall, un balón de oxígeno para las deprimidas economías europeas en el escenario posterior a la Segunda Guerra Mundial.

España se abría de esta manera al exterior, después de una etapa dominada por la autarquía económica. Franco soñaba con un país capaz de dotarse por sí mismo de todos aquellos bienes y servicios necesarios para sobrevivir. Una quimera, como poco a poco irían comprobando los jerarcas del régimen, dominado por militares y falangistas. Para empezar, España carece de recursos energéticos propios y otras materias primas básicas. Y su industria es muy rudimentaria. La ayuda estadounidense abre una etapa de «transición económica. Pero España aún sigue con una economía muy cerrada, intervenida y regulada», explica Jesús María Valdaliso, catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la Facultad de Economía y Empresa de la UPV/EHU.

El país es incapaz de generar las suficientes importaciones para financiar todos los bienes y servicios que necesita para modernizar su estructura económica. Entre los años 1957 y 1959 se introduce una serie de medidas dirigidas a reanimar la economía. Básicamente una reforma fiscal y un nuevo tipo de cambio para la peseta. España logra algunos éxitos en su tímido proceso de integración en la esfera de organismos internacionales. En 1958 logra ser admitida en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Europea para la Cooperación Económica. Pero España sigue en una situación crítica, acuciada por las deudas con proveedores y sin reservas con las que poder hacer frente a las importaciones.

En ese escenario se abre un encendido debate en el seno del Gobierno de Franco, entre aquellos partidarios de prolongar la autarquía, y los que abogaban por dar un giro completo a la económica sin, eso sí, cuestionar las líneas políticas del régimen. Entre los primeros se situaban los militares, la Falange y el Insituto Nacional de Industria (INI). En el bando reformista estaba representado por el Banco de España, algunas de las principales industrias del país, y un grupo de altos funcionarios de los ministerios de Comercio, Hacienda y Asuntos Exteriores.

La mayoría de ellos técnicos comerciales de Estado y economistas, entre los que figuran Juan Sardá (jefe de estudios del Banco de España), Enrique Fuentes Quintana, Luis Ángel Rojo o Manuel Varela. Habían desembarcado en el Gobierno en 1957, y poco a poco consiguieron erosionar el poder de los 'camisas viejas' y militares. España está al borde de la suspensión de pagos y Franco acaba por convencerse de que, aunque sólo fuera por una mera cuestión de supervivencia política del régimen, era necesario poner la economía en manos de aquellos tecnócratas.

Son los encargados de poner en marcha, en julio de 1959, el Plan de Estabilización. El kilómetro cero del llamado 'milagro' económico español. «El plan tiene un objetivo a corto plazo: solucionar el déficit de la balanza exterior y la amenaza de la suspensión de pagos. Y a medio plazo, abrir y liberalizar la economía», apunta Valdaliso. La estrategia de los tecnócratas logrará el visto bueno del FMI, que aprueba una línea de crédito de 500 millones de dólares estadounidense. «Pero realmente sólo se necesitaron 74», matiza el profesor de la UPV/EHU. El plan contenía unas medidas de choque como la subida de los tipos de interés, recortes en el gasto público, aumento de impuestos y devaluación de la peseta de casi el 30%, «una medida clásica en cualquier ajuste económico».

Los efectos a corto plazo fueron los esperados en cualquier ajuste duro. Cayeron con fuerza el consumo, la inversión, los precios y el PIB (un 2,5% eb la segunda mitad de 1959. Pero se consigue recuperar cierto equilibrio en la balanza comercial. Mientras las importaciones, lastradas por el corte de líneas de crédito, se vienen abajo, las exportaciones crecen empujadas por el nuevo tipo de cambio. Los costes sociales también son notorios. «Aumenta el paro, los ingresos de los trabajadores caen un 25%. No tanto porque se redujeran los salarios, sino porque disminuyen las horas extra y los pluses», subraya Valdivieso. En esos primeros compases de la década de los 60 se intensifica la emigración. Muchos españoles se marchan al extranjero en busca de trabajo.

Remesas, turismo e inversión extranjera

De forma paralela se inicia el proceso de recuperación de la economía española, en parte precisamente por el óxigeno que empezaron a representar las remesas de los emigrantes. Otra pata sobre la que se sustenta el cambio de paradigma económico es el turismo. Millones de europeos, que llegan con los bolsillos rebosantes de marcos, libras esterlinas, francos ocoronas suecas, convierten a España en uno de los destinos turísticos más deseados de Europa. El tercer gran pilar del inicio del 'milagro' económico español es la entrada de capital extranjero, gracias a una legislación más laxa que facilita la inversión directa de multinacionales en el país, hasta entonces muy restringida.

Así se asienta la expansión económica de España, que históricamente ha tenido un desequilibrio en su balanza comercial en favor de las exportaciones. «El problema estaba en cómo financiar ese déficit, que en los años 60 era muy importante porque el país necesitaba muchos bienes de equipo y tecnología. Ese dinero se consiguió precisamente con las remesas de emigrantes, el turismo y las inversiones de capital extranjero», explica Valdaliso.

Entre 1960 y 1975 la economía española creció a una media del 7%, un ritmo que muy pocos países podían seguir (apenas Japón). La crisis del petróleo de 1973, que a España llegaría con un par de años de retraso, puso fin a ese periodo de expansión.