La razón de los espejos

La razón de los espejos
GUILLERMO DORRONSORO

La industria alemana está pasando un mal momento, y a base de desacelerarse, se está asomando ya a los números rojos. Quizá esa sea la explicación de la salida de pata de banco del presidente de la Federación de la Industria Alemana (BDI), ante Angela Merkel y más de mil invitados, criticando duramente la política económica del Gobierno alemán en el acto de celebración del congreso anual de la federación en Berlín, a principios de este mes de junio.

No fue un comentario breve de pasada. El repaso fue amplio e incluyó la excesiva presión fiscal, los elevados costes energéticos, la insuficiente infraestructura digital y la escasa inversión en nuevas tecnologías como la inteligencia artificial «mientras el gasto social crece y crece». Y las críticas a la falta de liderazgo del Gobierno fueron directas.

Por supuesto, la canciller alemana le agradeció la intervención recordando las horas que había tenido que dedicar a solucionar los problemas generados por la crisis de reputación de la industria automovilística alemana con las emisiones de diesel. Aunque al concluir fue algo más conciliadora y acordó considerar la reducción de la presión fiscal a las empresas.

Me llama la atención este nivel de bronca en público en la locomotora industrial de la Unión Europea, me hace pensar que la preocupación de la industria alemana ante la creciente competencia asiática y las políticas proteccionistas americanas, está llegando a niveles de desesperación.

Contrasta claramente con lo que vivimos hace tan solo unos días en la asamblea anual de Cebek, en la que su presidente en su intervención valoraba positivamente la estabilidad y talante de las instituciones vascas, y daba cuenta de unas previsiones de mantenimiento del crecimiento de la empresa para este ejercicio 2019 (con una leve desaceleración respecto del año anterior, pero en valores muy aceptables).

Por supuesto, aprovechó también para señalar algunos de los aspectos claves de mejora, como el problema de la natalidad, una mejor orientación de las ayudas sociales hacia la formación y la inserción laboral, o la necesidad de poner en valor la figura del empresario ante la sociedad. Pero señalando que era una responsabilidad colectiva, que debemos afrontar trabajando juntos, empresas, instituciones y administraciones públicas.

Me cuesta pensar que el constipado de la industria alemana vaya a pasar sin dejarnos alguna herida. No somos una isla, ni tenemos una posición significativamente mejor que la de Alemania para capear este temporal que están montando las medidas proteccionistas de EEUU y China, el 'Brexit' y la nueva normativa de emisiones en el sector de automoción.

Lo afrontaremos mejor desde el diálogo constructivo. Me parecieron muy acertadas las últimas palabras de Iñaki Garcinuño: «Quizá nos sobren conferencias y nos falten más mesas redondas donde poder contrastar decisiones y aceptar opiniones de otros que nos hagan sumar y para que, en última instancia, como dice Sabina en una canción, no nos acaben dando la razón los espejos y ser valiente no salga tan caro.»