Los Peta Zetas entran en la cuarentena

Los Peta Zetas entran en la cuarentena

En 1979 llegaron al mercado los Peta Zetas, los caramelos con burbujas de CO2 que entusiasmaron a los niños de los 80 y que aún se venden en 60 países

IRATXE BERNAL

A finales de los setenta en el hotel Hotel Waldorf Astoria de Nueva York los cocktails se servían con hielo expresamente traído desde el Polo Norte. Un hielo que durante la friolera de 5.000 años había retenido unas burbujas de aire que, según se deshacían los cubitos y se veían liberadas de la milenaria presión, emitían un divertido chisporroteo que daba un plus de glamour al lujoso establecimiento. Eso es al menos lo que contaban Ramón Escolà, Ramón Bayés y Antonio Asensio cuando les preguntaban por el origen de la idea, por cómo se les ocurrió crear un caramelo con burbujas de CO2 en su interior.

Según su relato, de vuelta a Rubí con aquella inspiración, Escolà, que es ingeniero químico, se puso a hacer experimentos con masa de caramelo. Al cabo de un año probó a disolver el azúcar a 149 grados y aplicar 60 atmósferas de presión. Es decir, la que soportaraíamos a 600 metros de profundidad. Al abrir el reactor químico la presión interior del caramelo resultó mayor que la del exterior, lo que originó que la muestra estallara y se fraccionara en infinitos pedacitos irregulares. Los probó y comprobó que al disolverse al contacto con la saliva o marcharse entre los dientes, las burbujas se rompían liberando el CO2.

He ahí misterio de los Peta Zetas, las golosinas que en los ochenta cosquillearon la boca de miles de niños. Todo un boom que tras su nombre y el de la empresa fabricante, Zeta Espacial, esconde (aunque no mucho) un guiño a otro símbolo de la época. Uno un poco menos infantil. Lo de Peta viene de petar, sinónimo coloquial de explotar o estallar, obvio. Pero lo que mucha gente no imaginaba que lo de Zeta era una clara referencia al grupo editorial de Antonio Asensio, que tenía en la revista 'Interviú' su publicación más conocida.

Internacionalización

Los caramelos lograron un éxito rápido, pero difícil de mantener. La novedad emociona mucho pero aburre pronto. Más a los niños. De modo que, una vez pasada la moda en España, la empresa decidió probar suerte en mercados donde los caramelos con chasquido aún pudieran ser una nueva sensación. Así, los Peta Zetas llegaron a 26 países donde la buena acogida animó a la firma a crear filiales en México y Estados Unidos.

Aunque no todo fue un camino de rosas en su internacionalización, para opera ¡r en el mercado estadounidense Zeta Espacial compró a Kraft Foods la marca Pop Rocks, que por entonces no sólo no valía nada. Es que hasta daba un poquito de miedo. Era el nefasto recuerdo a unos caramelos muy similares a los Peta Zetas que se habían vendido entre 1975 y 1983. Su vida fue tan efímera por culpa de un bulo, de una leyenda urbana. Alguien dijo (y muchos lo creyeron) que el pequeño protagonista de un famoso anuncio de cereales de la época había fallecido súbitamente por la mezcla fatal de Pop Rocks con un refresco carbonado.

Una combinación letal, sí. Pero sólo empresarialmente. La empresa fabricante, General Foods (después integrada en Kraft) abrió una línea telefónica de atención al consumidor para tranquilizar a los inquietos padres, pero no logró que éstos superaran su preocupacion y finalmente tuvo que retirar los caramelos del mercado. Así que unos años después Zeta Espacial no tuvo muchos problemas ni que realizar un gran desembolso para hacerse con una marca devaluada. Hasta que dejó de serlo.

Cuando en 1989 sus burbujeantes golosinas empezaron a triunfar entre los niños americanos, Kraft mostró un súbito interés por ellos y por su proceso de producción. Porque, sea o no cierta la anécdota de los hielos del holoceno servidos en el Waldorf, de lo que sí hay constancia es de que en 1961 William Mitchell y Leon Kremzner, dos de los químicos de General Foods, lograron una patente para el método de elaboración de un caramelo gasificado, el mismo que la firma empleó casi quince años después para elaborar los Pop Rocks originales. La multinacional estadounidense llegó a demandar a la compañías catalana por infringir patentes de su propiedad, aunque la Justicia no le dio la razón.

Hoy, quizá no estén muy a la vista en las tiendas de chucherías pero los Peta Zeta se siguen vendiendo en 60 países e incluso nos los podemos encontrar como divertido remate en originales propuestas de alta cocina. Empresarialmente, en 2010, Ramón Escolà compró por 10 millones de euros el 50% del capital social de Zeta Espacial y sus filiales de Estados Unidos y México que aún estaba en manos de la familia Asensio para convertirse en único propietario de una firma que, tirando de nostalgia, además de vender caramelos, ofrece su marca para comercializar otros productos. «Desde accesorios de moda a ropa, papelería o juguetes, sea cuál sea su negocio, podemos hacer que sus ventas exploten», asegura.