Euskadi, a la pesca de trabajadores del mar

Barcos en el puerto de Bermeo. /Maika Salguero
Barcos en el puerto de Bermeo. / Maika Salguero

El sector náutico-pesquero sufre para conseguir algunos perfiles de profesionales, especialmente los ligados a la maquinaria

JORGE MURCIA

Un lugar de trabajo en continuo movimiento (cuando no balanceo), semanas e incluso meses sin pisar tierra o volver a casa, faena frecuentemente agotadora y a deshoras... Los oficios ligados al mar pueden tener otros atractivos, pero son demasiados los inconvenientes que ahuyentan a una mano de obra que empieza a escasear. La falta de relevo generacional es uno de los problemas más graves a los que tiene que hacer frente el sector náutico-pesquero en Euskadi. La pesca más urgente es, ahora, la de trabajadores.

Basta con mirar el registro de ocupaciones de difícil cobertura que cada trimestre publica el el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE): en el último de ellos, de un total de 20 ocupaciones, 18 están relacionadas con el mar. Escasean los frigoristas navales, los jefes de máquina de buque mercante, los mecánicos navales, cocineros y camareros de barco... «Y eso que los que sacan el título en alguna de las escuelas de náutica no están ni tres meses parados», asegura Santiago Bilbao, secretario general de la Asociación de Armadores Vascos (Anavas).

Los trabajos del sector náutico pesquero son de muy diversos tipos, aunque genéricamente se dividen entre los de puente (aquellos relacionados con el pilotaje de la nave) y los de máquinas (encargados del mantenimiento de los motores, tanto principales como auxiliares, de los sistemas de refrigeración, del bombeo de líquidos, etc.) Y es en este segundo grupo donde más personal escasea. En parte porque estos profesionales «acaban sabiendo un poco de todo: electricidad, fontanería, mecánica de motores... Ten en cuenta que un maquinista tiene que ingeniárselas para que el buque siga faenando sin necesidad de volver a tierra. Adquieren unas habilidades importantes y la gente se los rifa», dice Kiko Marín, de la Organización de Productores de Pesca de Altura de Ondarroa (Oppao).

Y muchos de ellos «acaban trabajando en tierra. Son muy cotizados en empresas de mantenimiento. Por eso los ciclos formativos relacionados con las máquinas son los que tienen más salida», afirman desde la Escuela náutico-pesquera de Bermeo, una de las tres que existen en Euskadi (las otras dos están en Ondarroa y Pasaia). Allí se forman los estudiantes que luego habrán de nutrir los barcos pesqueros y los mercantes de pequeño y mediano tamaño.

La enseñanza reglada que se oferta en Bermeo está muy enfocada, lógicamente, al pujante sector pesquero de la zona. En la escuela se pueden cursar ciclos formativos de grado medio y superior tanto de puente (que luego otorga los títulos de patrón de litoral y de altura) como de máquinas. Son titulaciones que dan la posibilidad de trabajar en embarcaciones de pesca, pero también en la marina mercante. Eso sí, con algunas limitaciones, tanto en lo que se refiere al trayecto que pueden realizar los barcos, como en su tonelaje. Si se quiere entrar de lleno en las posibilidades laborales que ofrecen los grandes buques de mercancías, ha de completarse alguno de los cursos homologados por la Dirección General de la Marina Mercante, o bien cursar los estudios que ofrecen otros centros formativos como los de la Escuela Técnica Superior de Náutica y Máquinas Navales de Portugalete.

La captación de marineros-pescadores resulta menos problemática, ya que requiere de una formación más básica (las escuelas náuticas ofrecen cursos de 30 horas para marineros-pescadores). Además, desde hace décadas es un nicho de empleo cubierto con la aportación de inmigrantes, primero desde otras comunidades autónomas españolas, y después provenientes de otros países europeos como Portugal, y más tarde desde el África Occidental (sobre todo Senegal).

La falta de personal es un problema que en el caso de la flota pesquera no ha estallado «en parte porque se han eliminado muchas unidades pesqueras en las últimas décadas», asegura Kiko Marín. Eso sí, reconoce que, antes de enrolarse en palangreros o arrastreros, los futuros trabajadores del mar prefieren hacerlo en los buques atuneros, «donde las condiciones de habitabilidad también son mejores, hay más comodidades». Un aspecto fundamental si se tiene en cuenta que el trabajo en el mar se puede prolongar durante meses, si bien es cierto que luego los periodos de descanso son casi equivalentes. Al menos, en la marina mercante, asegura Santiago Bilbao. «En la mayoría de nuestras empresas el periodo embarcado es el mismo que el que se pasa en tierra», dice el secretario general de Anavas.

Los sueldos «dan para lo que dan»

Aunque el espectro salarial es tan amplio como los tipos de empleos y categorías laborales, los sueldos no son lo suficientemente atractivos como para compensar las incomodidades del trabajo en mar. «Dan para lo que dan. Es un sector muy globalizado, pero no solo ahora, lo ha sido siempre. Y hay mucha competencia. Eso sí, las empresas de aquí tienen certificados Aenor que dan fe de que los salarios son acordes a ciertos mínimos», dice Santiago Martín. «Pero con unas buenas condiciones de trabajo en tierra, y en una situación de poco paro, la gente no se va a la mar», lamenta.

El Gobierno vasco trata de incentivar los oficios del sector náutico-pesquero con becas para el estudio. A tal efecto, el mes pasado aprobó una dotación de 134.000 euros. El objetivo es el «mantenimiento de una adecuada política de promoción de la capacitación de las personas trabajadoras de los diferentes sectores relacionados con la pesca», además de «facilitar el acceso de los alumnos y alumnas al sector y contribuir así a la renovación generacional y la modernización del mismo».

Sin embargo, en el sector se quejan de que la Administración falla en otros frentes, como por ejemplo cuando decidió que los estudiantes en prácticas debían cotizar como un empleado más. «Me parece perfecto que se les trate como trabajadores de pleno derecho, pero eso encarece a una empresa la contratación de becarios, que por otra parte no les aportan nada, más allá eso sí de hacer cantera, que tampoco está mal», reflexiona Juanjo López, director de personal de Naviera Murueta.