Música económica

‘Parné’: a ti, niñato, te lo da papá

El rapero madrileño El Coleta./
El rapero madrileño El Coleta.

El Coleta, rey del rap quinqui, combina en su letra el orgullo obrero y la obsesión por los símbolos de estatus, pasando por las contradicciones que rodean al dinero: «Si te falta, no vales na’. Si es lo único que tienes, al final no tendrás na’»

CARLOS BENITO

El Coleta ha descrito alguna vez su estilo como una mezcla entre los directores de cine Spike Lee y José Antonio de la Loma, y lo cierto es que no es esa una mala definición: en sus canciones, la barriada neoyorquina de ‘Do The Right Thing’ y los arrabales posfranquistas de ‘Perros callejeros’ se vuelven extrañamente compatibles, como si el hip hop hubiese nacido como evolución natural de las casetes de Los Chichos y Los Chunguitos. El rapero de Moratalaz adopta la manera de narrar la vida de sus modelos estadounidenses pero la aplica a su propia biografía, a su infancia de autos de choque y descampados, con referentes tan inesperados y a la vez tan lógicos como Rafi Escobedo, Julio Alberto, Sito Miñanco o Ángel Cristo. Esa colisión entre dos mundos también se da en ‘Parné’, tema incluido en su álbum de 2011, ‘Más cornás da el hambre’, donde ya desde los títulos resulta notorio ese aprecio por un pasado cañí que alimenta su rap quinqui.

En este tema, Ramsés Gallego -ese es su nombre en el carné- afronta uno de los asuntos inevitables del género: la riqueza, la obsesión por una opulencia real o aparente, los signos de estatus como código que determina las relaciones interpersonales. Y, a la vez, también la dualidad que acompaña al dinero, tan importante y a la vez tan inconsistente. «Talegos, billetes, cash, / nadando en montañas de hash, / en mi hombro izquierdo Lucifer / y en el derecho Satanás», plantea, como si la urgencia por enriquecerse clausurase los buenos caminos. ¿Para qué quiere El Coleta tanto parné? Para comprar, cómo no, esos bienes que sirven como contraseña en algunos círculos (las prendas de Lacoste y Ralph Lauren, las zapatillas Air Force, las gorras, el champán, el M Cabrio) y, en último término, «pa’ comprar el barrio, pa’ comprar la libertad».

Ni en M.O. ni en L.A.

Ese consumismo se matiza con dos rasgos que podrían parecer contradictorios con él, aunque a menudo también caminan de la mano en la vida real. Por un lado, está el orgullo obrero tan propio de una niñez de barrio de los 80: «Yo desde cani lo aprendí a ganar; / a ti, niñato, te lo da papá», reprocha El Coleta. «En tu bolsillo o en tu mente, / pero siempre está. / Lo quieres tener ahora, / no tenías de chaval». Por otro lado, no falta esa combinación de fascinación ante el poder del dinero y de desengaño ante su impotencia última para comprar las cosas más importantes: «Su idioma es internacional, / es el poder, es el maná. / Si es lo único que tienes, / al final no tendrás na’», concluye la letra, complementando o corrigiendo de algún modo los versos anteriores que sostenían que «si te falta, no vales na’ / ni en M.O. [Moratalaz] ni en L.A.».

En una entrevista con ‘Vice’, el rey del rap macarra analizó así su relación personal con el dinero y el despilfarro, con declaraciones que suenan directamente a letra de canción: «Siempre he vestido de ‘cocodrilo’. Me compré las Carrera cuando no las llevaba ni el puto Tato Abadía. Siempre he llevado pasta a queli. Pasta de trabajar y también de ‘trapis’, porque yo tengo esa cultura de que la familia es lo primero. Tonto no soy. Siempre he vestido ‘debuti’. Eso sí, cuando en casa no había pasta, no me iba a un reservado a tomarme champán. Si me sobra, sí, pero, si no, prefiero darle a mi vieja para que pague la luz».