Música económica

‘Parachute doré’: los obreros al paro y el ejecutivo al paraíso

Alain Souchon./
Alain Souchon.

El veterano artista francés Alain Souchon respondió a la crisis financiera de 2008 con esta canción satírica, en la que ironiza sobre las cláusulas que cubren de millones a los patrones de firmas hundidas

CARLOS BENITO

Alain Souchon, no muy conocido en nuestro país, es un ilustre veterano de la canción francesa, que lleva en activo casi medio siglo pero ha sabido reinventarse, actualizarse y dar validez a su apariencia de desgarbado adolescente de 74 años. Sus paisanos se refieren a él como «personalidad multigeneracional», porque en los últimos años ha logrado sintonizar con las inquietudes de la sociedad contemporánea: Souchon canta sobre asuntos como la inmigración irregular, el fanatismo ideológico o el tema que nos ocupa, la crisis económica, y lo hace sin incurrir en los pecados del dogmatismo y la gravedad plomiza. ‘Parachute doré’ fue su respuesta a la debacle global de 2008, que le hizo reflexionar sobre los abusos de quienes se dedican a las altas finanzas. En medio del panorama inquietante de aquel periodo, le chocó particularmente el concepto del ‘paracaídas de oro’, es decir, el contrato blindado que garantiza a un ejecutivo una abultada compensación cuando concluye su vínculo con la empresa, aunque ese desenlace se haya debido a una gestión cuestionable. En Francia, estas primas son especialmente generosas.

Su canción, escrita a medias con David McNeil, se tituló simplemente así, ‘Paracaídas dorado’, y es una viñeta demoledora y cáustica en la que el patrón cuenta su experiencia en primera persona. «Adiós megáfonos, adiós pancartas, / adiós representantes sindicales. / Que vengan a mí el sol y el calipso, / las chicas, los cocos, / a mí los alisios, los vientos tropicales, / y yo, con el pelo encrespado, encima del barco», plantea la primera estrofa sobre un acompañamiento de aire antillano. «Obreros, reíd, adiós a los monos grises, / la empresa se ha deslocalizado a China, / la cotización se ha desplomado, / los bancos se han podido divertir, / la fábrica se ha hundido», continúa. Mientras los trabajadores van al paro, tras un conflicto laboral que no les ha servido de nada, el patrón se evade hacia un paraíso de despreocupación y eterno verano. «Tirad las fresadoras, las herramientas, / reíd, obreros, ¡un bonito alboroto! / Yo he ahondado la deuda / en lugar de devanarme los sesos», celebra, en uno de varios juegos de palabras difícilmente traducibles. La letra también ofrece atisbos de la vida anterior del protagonista, con sus reuniones, su reloj Breitling, su secretaria de tacones altos, sus botellas de Château Petrus, sus trajes Lanvin y sus «hermosas putas rusas a bordo del Mystère 20».

«Yo quise denunciar una cierta práctica, describiendo a alguien que aceptaba recibir una gran suma de dinero en el momento de dejar su empresa tras haber fracasado lamentablemente. Los contratos que hacen posible este tipo de cosas son injustos. Si nos va bien y ganamos mucho, pues muy bien, ningún problema. Pero si no has cumplido, si has dejado a la gente en la mierda, no puedes largarte con un montón de pasta», ha desarrollado Souchon en una entrevista con ‘Les Échos’. El cantante recuerda la honda impresión que le causaron las imágenes de empleados de la firma de lencería Lejaby llorando delante de su fábrica: «Eso me afectó mucho. Recuerdo que, cuando yo era joven, no tenía ninguna gana de ir a currar a una fábrica o una oficina. Y ellos lloraban porque ya no iban a poder hacerlo más».