Música económica

'Money Song': no hay nada tan maravilloso como el dinero

Un momento del 'sketch', con Eric Idle subido a la mesa./
Un momento del 'sketch', con Eric Idle subido a la mesa.

En esta canción, incluida en un 'sketch' de 1972, Monty Python se choteaban de la erótica de la riqueza, que puede nublar el criterio de cualquiera e incluso hacer que baile el presentador de una tertulia financiera

CARLOS BENITO

La historia de la música popular está repleta de odas al dinero, pero seguramente el canto de amor más entregado e incondicional fue el que le dedicaron Monty Python en 1972. Se titula 'Money Song' y, por supuesto, va en broma, aunque las gracias del grupo cómico británico solían esconder siempre la almendra amarga de la verdad. Lo que dice la canción viene a ser lo mismo que defienden, con más rodeos, tantas y tantas apologías del consumismo a ritmo de rap (por citar un ejemplo obvio), con la diferencia de que los Python agotan el tema en un minuto casi clavado y resultan muchísimo más divertidos. Eso sí, la velocidad del fraseo y la naturalidad del 'flow' vienen a ser similares en ambos casos.

La 'Canción del dinero' sirve de remate al 'sketch' de apertura de 'The Money Programme', tercer episodio de la tercera temporada de 'Monty Python's Flying Circus', su legendaria serie para la BBC. La entrega estaba concebida como una parodia de 'The Money Programme', otro programa histórico de la cadena pública británica: se trataba de un espacio económico que había empezado a emitirse en 1968, con tres periodistas especializados en finanzas a cargo de la presentación. En la versión 'montypythonesca', es Eric Idle quien aparece sentado en el centro de la mesa, con Michael Palin y John Cleese flanqueándolo con gesto ausente. El tono profesional con el que Idle se dirige al espectador pronto da paso a una excitación incontrolable, a medida que la erótica del dinero se va apoderando de él: habla de la «encantadora y tintineante calderilla», de «delicados billetes de cinco embutidos en abultadas carteras», de la «romántica moneda extranjera», del «terso cuero» de las libretas de ahorros, y su gesto se retuerce y su voz suena cada vez más agitada, en pleno arrebato dinerario.

La hombría de los banqueros

El presentador pide disculpas pero inmediatamente reincide: «Lo siento, pero me encanta el dinero, todo el dinero. Siempre he querido dinero. Manejarlo. Tocarlo. El olor de los florines empapados de lluvia. La tentación de la lira. El brillo y la gloria de la guinea [y ahí se pone en pie]. El romance del rublo [y ahí se sube a la silla]. El tacto del franco...». Y continúa su extático 'crescendo' con el marco, el franco suizo y el dólar australiano, hasta que, de pie sobre la mesa, rompe a cantar una trepidante y jubilosa cancioncilla de 'music hall'. «Tengo noventa mil libras en mi cuenta bancaria, / tengo cuarenta mil francos en el frigorífico, / tengo montones y montones de liras / y el marco cada vez me gusta más / y mis dólares podrían comprar el puente de Brooklyn», empieza la letra. Para el estribillo, irrumpen cinco coristas masculinos: se trata de los Fred Tomlinson Singers, un conjunto muy profesional que siempre se prestó de buen grado a las diabluras de Monty Python. En esta ocasión, van ataviados de mujeres galesas y acompañan a Idle en los versos «no hay nada tan maravilloso como el dinero, / no hay nada tan bonito como el 'cash'. / Algunos dicen que es una tontería, pero yo prefiero tener la pasta».

Pese a la extrema brevedad de la composición, aún les da tiempo de afirmar que «todo el mundo debe ansiar la hombría de un banquero» y que «la contabilidad es lo que hace girar el mundo», además de despedirse con un consejo a la juventud: «Puedes mantener tus maneras marxistas, / porque se trata solo de una fase». Y, sí, hay lluvia de billetes y globos, una arpista sobre ruedas y hasta un pianista en pelotas. Lo cierto es que a Monty Python siempre les inspiró mucho la contabilidad, improbable protagonista de varios de sus gags. Tienen también, de hecho, una 'Canción marinera de la contabilidad', en la que una tripulación pirata celebra las virtudes de los fondos 'offshore', aprovechando la feliz circunstancia de que la expresión inglesa designa tanto los mares alejados del litoral como los paraísos fiscales.