La mochila vasca

José Antonio Herce
JOSÉ ANTONIO HERCE

En muchos países avanzados la previsión social de promoción empresarial está enormemente desarrollada, hasta el punto de que convive en pie de igualdad con la Seguridad Social. Entre ambas proporcionan a los jubilados rentas de jubilación vitalicias que reemplazan en elevados porcentajes los salarios previos a la jubilación.

Estos sistemas mixtos tienen muchas ventajas derivadas de la combinación del esquema público y del esquema empresarial. En el caso de este último, por un lado, implican a los trabajadores directamente en el esfuerzo de ahorro previsional en su favor mucho más allá de la compulsión ciega que la Seguridad Social les impone. Además, aquellos participan en la gestión de sus ahorros a través de sus representantes en las estructuras de gobierno de los esquemas previsionales.

Por otro lado, los esquemas empresariales son sostenibles por defecto ya que las prestaciones están íntegramente provisionadas mediante los fondos acumulados propiedad de cada trabajador; y dichas prestaciones se obtienen, generalmente, como una renta vitalicia asegurada calculada con estrictos criterios actuariales, a diferencia de las prestaciones del esquema público, que no están provisionadas y se calculan con criterios actuariales autosostenibles.

A cambio, los esquemas públicos tienen margen para una redistribución que difícilmente sería posible en un sistema previsional enteramente empresarial. Por lo que la combinación de los esquemas público y privado en un sistema mixto de las características señaladas resulta ser especialmente atractiva para lograr una mayor sostenibilidad de las rentas de jubilación de los trabajadores, un cierto grado de redistribución y una mayor suficiencia de las prestaciones.

Idealmente, tan obligatoria como la adscripción a la Seguridad Social, lo es la adscripción a los planes de empleo de promoción empresarial en la mayoría de los países en los que estos se encuentran muy desarrollados. Los fondos previsionales resultantes son en muchos casos mayores que el PIB de estos países y contribuyen decisivamente al ahorro a largo plazo y a la financiación del crecimiento de sus economías.

En este marco avanzado cabe situar la actividad de la Entidades de Previsión Social Voluntaria (EPSV) existentes en Euskadi. Tanto las de promoción empresarial en sentido estricto, como las de promoción institucional (empleadores institucionales) permean el tejido laboral vasco con especial relevancia en los sectores industriales de Gipuzkoa. Su presencia es muy superior a la que tiene la previsión social de promoción empresarial en el resto de España, y ello no es fruto de la casualidad.

El cuidado con el que, desde hace décadas, en contextos negociadores muy intensos y marcos de relaciones laborales con posiciones muy marcadas, las partes sociales vascas y el Gobierno vasco han puesto en preservar las entidades previsionales merece análisis, reflexión y emulación. Mientras que, en el resto de España, los planes de empleo son simbólicos con poco más del 12% de los asalariados en su seno, y sus activos apenas llegan a los 17,5 miles de euros por partícipe, en el sistema de EPSV de Euskadi se encuadra el 59% de los asalariados que detentan unos activos medios de 28.000 euros por asalariado. Hay entidades con docenas de miles de partícipes y capitales medios por partícipe cercanos a los 150.000 euros.

En este contexto tan diferencial, el Ejecutivo vasco ha anunciado recientemente un nuevo marco de fiscalidad para estas entidades. Una fiscalidad incentivadora que complemente a la ya existente en el marco estatal. Debe ser bienvenida. Porque el 'diferimiento fiscal' (descripción más propia que incentivación) es una palanca decisiva en todo el mundo para una completa eficacia de estos esquemas previsionales que rinde, a la postre, mayores recursos para los trabajadores y para las propias autoridades fiscales. Además de ser la mejor manera de lo que, en su ausencia, sería un caso de doble imposición de las rentas del trabajo y, por lo tanto, de pura y llana confiscación de las rentas de los trabajadores.

La 'mochila vasca' existe, conviene cuidarla y emularla mucho más allá de Euskadi. Los trabajadores lo agradecerán… y también los empleadores.

 

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