Por qué no voy a hacer huelga el 8-M

Guillermo Dorronsoro
GUILLERMO DORRONSORO

Escuché hace unos días al presidente de Confebask en una entrevista por la radio, en la que hacía compatible el respeto por la huelga convocada el 8M con la idea clara de que reivindicar la igualdad por este procedimiento no era el mejor camino.

Comparto mucho su reflexión, y le agradezco profundamente que tenga el coraje de hacerla pública. Y no porque la causa de la igualdad no me parezca suficientemente importante, y específicamente la igualdad en el ámbito laboral, sino porque defenderla por el procedimiento de la huelga me parece que despista más que ayuda.

A estas alturas, no tengo duda de que el 8M va a ser un éxito en términos de movilización, y que ayudará al conjunto de la sociedad a interiorizar que es preciso tomar decisiones cuanto antes para reducir la brecha salarial y la discriminación que sufren las mujeres en el trabajo. Y ese fin me parece muy correcto, lo suscribo sin reservas.

Que el medio para lograr este fin sea una huelga, lanza una señal incorrecta, o al menos incompleta. Porque puede trasladar la idea de que esta situación es responsabilidad exclusiva de los empresarios y las empresarias, y porque puede dejar también la idea en la sociedad de que el mejor mecanismo para hacer avanzar un derecho es que la ciudadanía y sus líderes dejen de producir un día invocando ese principio. Y ninguna de esas dos ideas me parece afortunada.

Por supuesto que se puede hacer más por parte de la propiedad de las empresas para hacer avanzar la igualdad. Pero no es menos cierto que se puede hacer más también en el ámbito de la educación, de la política, de los sindicatos, de la cultura, de la publicidad y los medios de comunicación… Es cómodo, en esta y en otras cosas, echar la culpa a las empresas, pero en este caso es profundamente injusto: todos tenemos que hacer más para que la igualdad avance.

Y luego está la generalización de la huelga como expresión de la voluntad de la mayoría social. Dejemos de producir un día para demostrarnos lo convencidos que estamos de algo. Bueno, no exactamente, en este caso los que convocan la huelga proponen que los hombres facilitemos en el ámbito laboral y familiar el que las mujeres puedan dejar sus tareas durante 24 horas. Bueno, tampoco exactamente eso, porque eso sería discriminar por razón de sexo, y no se puede convocar una huelga que discrimine a unos trabajadores frente a otros.

Creo y defiendo que la sociedad y sus derechos están por encima de la economía y sus necesidades. Pero no son cosas contrarias. Gozamos de muchos derechos, porque trabajamos duro para poder sostenerlos económicamente. Y si dejamos de hacerlo, el Estado de Bienestar por el que tanto trabajaron quienes nos precedieron, será insostenible.

Derechos y trabajo no están enfrentados, derechos y empresa no están enfrentados. Y una huelga, por definición, va contra la empresa. Y si queremos mantener nuestros derechos, necesitamos a las empresas (igual que necesitamos los sindicatos, o las instituciones).

Si a este cóctel de confusión, le sumamos la doble campaña electoral que tenemos encima este 2019, el despiste de la ciudadanía puede ser formidable…

En fin, no haré huelga el 8M (tampoco está claro que esté llamado a ello, como explicaba antes). Respeto, por supuesto, a quienes la han convocado y a quienes la respalden. Y me alegraré de que el fin de la igualdad sea impulsado por la movilización que veremos ese día.

Pero me entristecerá ver a una sociedad que confunde los fines con los medios. Y a todos los líderes que, teniendo una ocasión para defender a nuestras empresas, decidan que es mejor tomar la opción más popular de sumarse o incluso llamar a la huelga contra ellas. Es momento de defender la empresa, más que nunca.

Hay otros medios, y desde luego, la causa de la igualdad no se va a ganar en un día.