Luces y sombras del sector alimentario vasco

Luces y sombras del sector alimentario vasco

El 10,6% del PIB vasco y 96.000 empleos dependen de las actividades vinculadas a la alimentación. El reto es incrementar las cifras

IRATXE BERNAL

Desde la flota pesquera de altura que faena lejos de nuestras costas a la de reparto que nos trae a casa el pedido del súper, pasando por quienes desarrollan variedades de pasta sin gluten o visten de pintxos las barras de los bares. Despiezado, actividad por actividad, con aportaciones al Producto Interior Bruto vasco que individualmente no superan el 2%, puede parecer poca cosa, pero si agrupamos todos los agentes implicados en su cadena de valor, el sector de la alimentación supone el 10,6% de la economía vasca y da empleo a 96.000 personas.

Aunque en clave local, estas cifras, publicadas hace un año por el Gobierno vasco, evidencian lo que ya dicta la lógica: la alimentación es un sector estratégico para cualquier economía. Y lo será aún más a medida que se vayan cumpliendo las previsiones sobre el cambio climático y el aumento de la población mundial, factores que dibujan un futuro caracterizado por la escasez y encarecimiento de las materias primas.

A esas preocupaciones globales hay que sumar las propias. Desde la atomización generalizada del sector, la falta de profesionalización en algunas de sus actividades y las dificultades para lograr financiación en otras, a la imposibilidad de incrementar los recursos por las limitaciones propias de un territorio pequeño como Euskadi y de condiciones orográficas poco favorables.

En el primer eslabón de esa cadena de valor, en el sector primario, la agricultura y la ganadería se caracterizan por su poca competitividad –sólo el 21% de las explotaciones agrarias son profesionales, unas 3.500– y el predominio de pequeños productores que basan su oferta en la calidad y, por tanto, en precios altos. Preocupa además su escaso relevo generacional: únicamente un 10% de las explotaciones tiene titulares con menos de 40 años, mientras que el porcentaje de las que cuentan con propietarios que ya han cumplido los 65 alcanza el 33%.

En el mar, la flota pesquera vasca ha perdido un tercio de sus barcos en la última década –de 300 embarcaciones con 2.900 arrantzales, a 195 con 1.900–, aunque ésta ha incrementado capacidad por buque en un 20,8%. En la actualidad, el sector primario en su conjunto aporta un 0,84% del PIB –una cuarta parte pertenece a la pesca y el resto, al sector agroganadero y forestal– y emplea a 17.400 personas, el 2% de los ocupados de Euskadi.

Récord de la industria

El segundo eslabón, el de la transformación de las materias primas, presenta una industria alimentaria que si bien en 2015 –último año contabilizado– alcanzó su récord de facturación con unas ventas netas de 4.469 millones –un incremento del 1,54 % respecto al ejercicio anterior–, presenta una estructura muy atomizada. Cuenta con 1.500 empresas, pero más del 85% de ellas tiene menos de 20 empleados.

En su conjunto, según el Clúster Vasco de la Alimentación, da trabajo a más de 14.600 personas: el subsector del pan y molienda cuenta con casi 5.000 trabajadores; el de bebidas, con 3.200; el de otros alimentos, con 2.422; las conserveras emplean a 1.700; la industria cárnica, a 1.170, y la láctea, a 1.125.

En su totalidad, la de la alimentación y bebidas está entre las cinco ramas industriales de mayor contribución al PIB vasco –el 6,5%, con el 7,5% de las ventas y el 7% del empleo–, pero tiene aquí menos peso que en los países de nuestro entorno y exporta sólo el 12% de su producción, frente al 25% de la industria alimentaria del conjunto de España.

En la parte de la distribución y comercialización conviven los grandes grupos comerciales –las cinco primeras cadenas en el País Vasco concentran el 75% de los puntos de venta– con micropymes que suponen el 97% del tejido empresarial. Las grandes cadenas ganan además terreno como 'productoras', con el incremento de consumidores que adquieren marcas comercializadas por distribuidores.

Cerrando la cadena –aunque también habría que hablar de la logística y la investigación, que están presentes en todas las actividades– queda el eslabón del consumo en el llamado canal horeca, acrónimo de hoteles, restaurantes y cafeterías. Éste ha reducido su peso tanto en su aportación al conjunto de la economía como en el número de establecimientos, debido al recorte del gasto de los hogares en ellos, que cayó en casi un 17% entre 2008 y 2014. Así, Euskadi cuenta hoy con 13.034 establecimientos vinculados a la restauración –sin contabilizar los que también ofrecen alojamiento–, un 8% menos que antes de la crisis. Hoy suponen un 3,81% del PIB frente al 3,94% de 2009.

Sin embargo, un 21% de los casi 2,5 millones de turistas que nos visitan lo hace por nuestra gastronomía y el 41% de su gasto –cerca de 50 euros diarios– está relacionado con la alimentación. Ahí empiezan las fortalezas del sector, que también las tiene.

La primera, la reputación tanto de los productos como de la cocina vasca, que hacen que la gastronomía sea entendida como una seña de identidad y son una buena carta de presentación en otros mercados. Ligado a ellos, el sector cuenta por un lado con un sistema de certificación de origen asentado: las marcas gestionadas por Hazi Eusko Label, Euskal Baserri y Conservas del Cantábrico del País Vasco incrementaron su facturación en un 7% en 2017.

Y, por otro, donde la disponibilidad de recursos no da para más y hay que echarle innovación, Euskadi ofrece un tejido investigador puntero con centros tecnológicos y formativos especializados, empresas tractoras en todas las ramas de actividad y, desde hace seis años, un clúster empeñado en crear una necesaria visión de conjunto.

Segura, saludable, singular y sostenible

En 2017 el Gobierno vasco decidió unir los eslabones de la dispersa cadena de valor del sector alimentario y presentar el conjunto como un único campo en que no sólo hace falta incrementar la competitividad e innovación en todos los niveles, sino como un área en el que además hay oportunidades para hacerlo. Tantas que permitirían que su aportación al Producto Interior Bruto vasco pase del 10,6% al 12% en tan sólo tres años, para 2020.

Para alcanzar esa cifra –o sea, dinamizar a todos los agentes implicados–, puso en marcha el Plan Estratégico para la Gastronomía y la Alimentación de Euskadi, una iniciativa englobada en la misma estrategia de especialización inteligente –incluida a su vez en el Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación 2020– con que está potenciando los proyectos emprendedores en los ámbitos de la fabricación avanzada –la llamada Industria 4.0–, la energía y la salud. De hecho, en septiembre anunció que la aceleradora BIND 4.0 –que pone en contacto 'startups' con empresas tractoras– tendrá en su próxima edición una nueva especialización en el ámbito de la alimentación.

Junto a la aplicación de las tecnologías de la información a los procesos productivos, logísticos y de comercialización, el Ejecutivo planteará líneas de actuación para la mejora de la competitividad de las empresas del sector primario, potenciar los productos locales y sostenibles, facilitar la internacionalización, mejorar la capacitación de sus trabajadores y reducir el despilfarro alimentario. Líneas de actuación que resumió en «las cuatro S de la alimentación y gastronomía»: segura, saludable, singular y sostenible social, cultural, económica y medioambientalmente.

El plan supone una inversión de 2.457 millones de euros, de los que 2.100 millones procederán de la inversión privada y el resto, de los Presupuestos del propio Gobierno de Vitoria.

 

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