Los que limpian la escena del crimen

Los que limpian la escena del crimen

En Euskadi operan al menos dos empresas especializadas en limpiar casas en las que ha habido muertes de personas desatendidas, asesinatos, suicidios o 'Diógenes'

JORGE MURCIA

Escenarios de crímenes, suicidios de carácter violento, de muertes de personas desatendidas, víctimas del 'síndrome de Diógenes'... Lugares frecuentados por policía, jueces y forenses, los que por fuerza han de dar testimonio de estos horrores. Pero también por otros trabajadores, los que se encargan de borrar el rastro de sangre y otros restos humanos, putrefacción y toda serie de inmundicia. Los que limpian lo que nadie quiere, o se atreve. Las empresas empiezan a llenar el vacío que hasta hace poco existía en el mercado de las llamadas 'limpiezas traumáticas'. En Euskadi hay al menos dos que aceptan realizar este tipo de trabajos.

Una de ellas es Amalur Limpiezas Especiales. Surgió hace seis años en Vitoria, cuando Víctor Goñi, heredero de una empresa de desinfecciones con 30 años de andadura, se dio cuenta «de que había una carencia en este campo. Los trabajos se hacían un poco según cada uno intuía que había que hacer. Pero no existía ningún tipo de técnica y control». Goñi tiene a dos empleados a su cargo, aunque suele tirar de colaboradores a los que ha formado anteriormente «y a los que no puedo contratar de forma continuada».

Se trata de trabajadores capacitados para llevar a cabo tareas que, lógicamente, no son plato de buen gusto y «para las que no vale cualquiera». Además, añade Goñi, han de ser personas «con un nivel de honradez máximo, porque muchas veces hacemos guarda y custodia de objetos de valor, no sólo económico sino también sentimental». Acuden, por lo general, a la llamada de familiares o dueños de viviendas donde ha ocurrido algún hecho traumático.

Los casos más habituales a los que se tiene que enfrentar Amalur son los derivados del 'síndrome de Diógenes', un trastorno del comportamiento que lleva a ciertas personas a abandonarse en todos los sentidos (física y socialmente) y que se suele conllevar una acumulación de grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos. Otras situaciones más o menos frecuentes son las de personas que mueren en la soledad de su hogar y que a menudo permanecen días, semanas o meses fallecidas sin que nadie se dé cuenta. También trabajan en escenarios de suicidios y otras muertes violentas, siempre claro está con mucho cuidado de respetar los procedimientos policiales y judiciales que rodean a estos casos.

El servicio que ofrecen estas empresas «no es barato», aunque depende de muchos factores. «Miramos las condiciones en las que tenemos que trabajar. Incluso dos pisos en los que el escenario puede ser parecido el precio puede variar en función de si, por ejemplo, se puede subir y bajar material por el ascensor, si hay o no escaleras, de su anchura. O de dónde esté colocado el punto de reciclaje de contenedores más próximo».

Desinfectantes y máquinas de limpieza de aire

Las 'limpiezas traumáticas' no entrañan un especial nivel de dificultad, al menos de carácter técnico. «A estas alturas del negocio en las que estamos difícil no hay nada», reconoce Goñi. El producto base con el que se trabaja son los desinfectantes. «Aparte de eso, hay que generar ozono, mediante una máquina especial, para eliminar las bacterias del habitáculo. Son capaces de depurar hasta el 90% del aire», explica Iñaki Gutiérrez, director de marketing de Limpiezas Abando.

La empresa vizcaína ofrece todo tipo de servicios integrales de limpieza, y en ellos se incluye las especiales. «Llevamos tiempo atendiendo casos de este tipo. Lo casos de 'síndrome de Diógenes' no son nuevos para nosotros», asegura. Para estos trabajos echan mano de trabajadores de la plantilla sin reparos para enfrentarse a tareas mucho más desagradables que las habituales de limpiar oficinas o portales, «como por ejemplo sacar a golpe de espátula el cadáver disecado de un gato, como nos ocurrió en una casa donde habían desahuciado a sus inquilinos». Gente que entra donde otros no se atreven ni a cruzar el umbral de la puerta. «Y a los que por supuesto, se les paga un plus», dice Gutiérrez.