Larga vida al dinero en efectivo

Larga vida al dinero en efectivo

Muchos países tratan de limitar el uso de billetes o monedas, pero hay razones de peso para pensar que el 'cash' no tiene aún los días contados

Jorge Murcia
JORGE MURCIA

El auge del comercio electrónico, la lucha contra el fraude fiscal y la economía sumergida, la eliminación de costes, la seguridad... Hay muchas razones para pensar que las monedas y billetes tienen sus días contados como medio de pago. Pese a todo, también hay motivos que llevan a concluir que el dinero en efectivo aún tiene una larga vida por delante. Y que actualmente goza de bastante buena salud. La última encuesta periódica realizada por el Banco de España y un reciente estudio publicado por el BCE sobre el uso del efectivo por hogares en los países de la zona euro, señalan que la utilización de monedas y billetes creció un 6,8% en 2017 en España. Además, para un 53% de la población española supone el principal medio de pago, seguido de las tarjetas (41%) de débito.

¿Por qué? Según esas mismas fuentes, por su comodidad, porque es aceptado en cualquier sitio y, además, ayuda a controlar el gasto. «Te hace tener la perspectiva de lo que estás pagando. Y también está demostrado que hacerlo con tarjeta aumenta el gasto», considera Massimo Cermelli, doctor en Economía y Dirección de Empresas por la Universidad de Deusto. «Además, en España existe una extensa red de cajeros que posibilita el acceso al efectivo. Y no podemos obviar el hecho de que mucha gente aún desconoce o no se fía de muchos de los nuevos medios de pago», comenta Nerea San Martín , profesora del Departamento de Economía Financiera de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la UPV/EHU.

Esta profesora advierte no obstante sobre «significativas diferencias» en relación a los estudios sobre de medios de pago y su uso. «Los datos sobre preferencias, percepciones y realidad en el uso de efectivo y del resto de medios difieren sustancialmente en el conjunto de la literatura sobre el tema», dice. Puede deberse a que «los gastos que hacemos con billetes y monedas son muy pequeños y recurrentes, por lo que en muchas ocasiones no los computamos y tenemos la percepción de usar más la tarjeta o el monedero electrónico».

San Martín asegura que existe un consenso respecto «a la necesidad de transitar hacia economías menos dependientes del efectivo». Las razones que impulsarían este cambio de paradigma son «que se lograría disminuir el fraude fiscal y la corrupción, la evasión de impuestos y la economía sumergida. Además, se evitarían los costes que tiene la gestión física».

Sin embargo, esta tendencia admite varios matices. Por ejemplo, los de carácter geográfico. En el Norte de Europa cada vez más países están limitando el uso de efectivo. Suecia, por ejemplo, pretende digitalizar todos los pagos, incluidos los de los baños públicos. La gran mayoría de los ciudadanos suecos admite que usa la tarjeta incluso para pagos inferiores a los 10 euros. Dinamarca también contempla cambiar la legislación para reducir el uso de dinero físico. Por su parte, Finlandia, Bélgica y Holanda han eliminado las monedas de uno y dos céntimos de euro porque el coste de producirlas es superior a su valor.

Según explican en Self Bank, «esto conllevaría una serie de ventajas como la reducción de los costes de emisión de moneda, ya que algunos billetes cuentan con sistemas de seguridad muy sofisticados que hay que reponer si se deterioran, además del alto coste que supone la custodia del dinero».

Diferencia entre países

Se habla en todo caso de países «en los que la economía sumergida es bastante pequeña, al contrario de lo que sucede en el sur de Europa, en países como España, Italia o Grecia«, dice Cermelli. «Y a estos países tampoco les interesa que la economía sumergida se elimine totalmente, porque afloraría mucho desempleo y desigualdad que permanecen ocultos», añade el profesor de Deusto. Por eso, «el pago en efectivo no se acabará, bajo ningún concepto, porque seguirá siendo una forma de hacer transacciones».

La prevalencia de monedas y billetes se da, según una encuesta del BCE, en los pagos inferiores a 45 euros y en compras realizadas en el punto de venta físico. Y el valor medio de las transacciones en efectivo en el conjunto de la zona euro fue de 12,38 euros (8,8 euros en España).