'Ka-Ching!', el hermoso tintineo de la caja registradora

Shania Twain en 2002./AP
Shania Twain en 2002. / AP

En este tema de 2002, Shania Twain planteó una crítica del consumismo desatado e inconsciente de los años previos a la crisis financiera: «Nuestra religión es ir y pulirnos todo el dinero»

CARLOS BENITO

Probablemente nadie piense en Shania Twain como denunciante válida de los vicios de nuestra economía. De hecho, con una fortuna estimada en unos cuantos cientos de millones de euros, se podría disculpar que la cantante canadiense habitase un despreocupado limbo donde no existen conceptos como la escasez. Y, sin embargo, en uno de sus éxitos de 2002, Shania alertó sobre la temeraria obsesión de la sociedad por el gasto, que estaba llevando a muchas personas a despilfarrar lo que tenían e incluso lo que nunca iban a tener. 'Ka-Ching!' (onomatopéyico título que pretende imitar el sonido de una caja registradora) es una de esas canciones que adquieren pleno sentido al cabo de un tiempo: cinco años después, se desató la crisis financiera global y llegó eso que la Biblia llama el llanto y el rechinar de dientes, como un castigo por no haber prestado atención a la profeta Shania.

La canción está compuesta a medias por la intérprete y su entonces marido, el mítico productor Robert John 'Mutt' Lange (un tipo que ha trabajado con AC/DC, Céline Dion, Muse, Lady Gaga o The Cars, por citar un surtido de cinco), y su letra deja las cosas claras desde el principio. «Vivimos en un mundo codicioso / que enseña a todos los niños y niñas / a ganar tanto como puedan / y entonces darse la vuelta y gastarlo tontamente. / Nos hemos creado un lío de tarjetas de crédito, / gastamos el dinero que no poseemos, / nuestra religión es ir y pulírnoslo todo», plantea la primera estrofa, tras un arranque que homenajea al 'Money' de Pink Floyd. El irónico estribillo se refiere al tintineo de la caja como «la cosa más hermosa» y, a continuación, Shania profundiza en la consistencia engañosa de nuestro consumo, con una crítica a la fantasía colectiva en la que entonces germinaba ya el desastre: «Cuando te quedes sin nada, ve y consigue un préstamo, / rehipoteca tu casa, / consolida la deuda para poder permitirte / el salir y gastar algo más».

Lo cierto es que Shania Twain siempre ha sabido perfectamente lo que es la escasez, porque sus orígenes, mucho antes de triunfar en el country y reinventarse como diva pop, fueron humildes hasta lo miserable. Con un padre ausente, una madre depresiva y un padrastro alcohólico y con problemas mentales, su infancia estuvo marcada por las privaciones, la violencia y los abusos psicológicos y sexuales. En los años posteriores a 'Ka-Ching!', la vida le reservaba otra tanda de desventuras. Primero, durante la gira de este álbum, sufrió la picadura de una garrapata que le transmitió la enfermedad de Lyme. En su caso, uno de los síntomas fue una grave disfonía que le impidió cantar y la mantuvo apartada de estudios de grabación y escenarios durante quince años. A eso se sumó, en 2008, su complicado divorcio de 'Mutt' Lange, que mantenía una relación clandestina con la secretaria y mejor amiga de la cantante.