¿Por qué algunos inversores pagan por prestar dinero?

¿Por qué algunos inversores pagan por prestar dinero?

Las rentabilidades negativas de la deuda pública se ha intensificado en los últimos tiempos. A veces se compra por obligación, otras como refugio seguro

JORGE MURCIA

Los fundamentos más básicos de la economía dicen que cuando alguien presta una cantidad de dinero espera que le sea devuelta con una prima añadida en concepto de intereses. Sin embargo, cada vez son más los inversores institucionales (fondos de inversión, aseguradoras, bancos, etc.) que optan por comprar deuda pública con rentabilidad negativa. No hay más que mirar las últimas subastas en España de Letras del Tesoro y bonos del Estado. Este mismo martes los títulos con vencimiento a 12 meses se colocaron con un tipo de interés marginal del -0,463%.

Pero lo más curioso es que los valores a más largo plazo también ofrecen rentabilidades negativas: los bonos a 5 años se vendieron con un cupón del -0,087%. Hay que ir buscar en los títulos que vencen a siete años o más para alcanzar intereses en positivo. De hecho, más del 60% de la deuda pública española en circulación (letras, bonos y obligaciones) ofrece rentabilidades negativas. Y en Alemania sólo los inversores que adquieran obligaciones a 20 años habrán obtenido al cabo de esas dos décadas réditos en positivo.

Son varios los factores que explican este comportamiento, un poco a contrapelo de lo que dicta la lógica económica. En primer lugar, por la política expansiva del Banco Central Europeo (BCE), que amenaza con perdurar durante una buena temporada. En ocasiones, para combatir los escenarios de baja inflación como ocurre en Europa desde hace años, los bancos centrales sitúan en negativo los depósitos con los que remuneran a las entidades financieras. Es lo que se llama facilidad de depósito, y que en la actualidad está situada en un -0,40%. Quiere decir que los bancos pagan un 0,40% por aparcar su dinero en la ventanilla del BCE.

«Por lo tanto, hay muchas entidades que están dispuestas a comprar bonos con rentabilidades que, si bien son negativas, ofrecen más que el banco central», explica Felipe López-Gálvez, analista de Self Bank. A esto hay que añadir que en momentos de turbulencias de los mercados financieros «los inversores buscan seguridad en activos refugio, como bonos de países solventes, sin importarles que coticen con rentabilidad negativa».

Además, a muchos inversores les resulta más caro tener ese dinero en 'cash', ya que supone almacenarlo en cámaras acorazadas con los costes logísticos que conlleva (locales, seguridad, custiodia..) y prefieren adquirir deuda pública, que se considera mucho más segura, y con una gran liquidez.

López-Galvez aclara que en muchos casos estos inversores (fondos de inversión, planes de pensiones) «se ven obligados a comprar la deuda que hay en el mercado, independientemente de su rentabilidad» por su propia filosofía de inversión. Lo mismo les sucede a las aseguradoras, que tienen que invertir a largo plazo las primas que pagan los clientes por sus pólizas. Los bancos también adquieren este tipo de activos «para sus balances y carteras de renta fija. De hecho, la deuda soberana apenas les consume capital, por lo que siguen invirtiendo en ellas. El dinero que invierten en bonos es un dinero que de otra forma lo han de depositar en el BCE a un tipo del -0,40% o dejarlo en otra entidad».

Esto último no deja de suponer un riesgo, a su juicio. Porque si algo nos ha enseñado la última crisis financiera es que los bancos, incluso los grandes, también pueden caer. «La quiebra de Lehman Brothers o la quita que se realizó a los depósitos en el Banco de Chipre sentaron un precedente difícil de olvidar», recuerda el analista de Self Bank.

Negociar en el mercado secundario

Hay que tener en cuenta también que hay inversores que compran deuda con rentabilidad negativa esperando que baje aún más y, por consiguiente, el precio de los bonos suba. Porque un inversor que, por ejemplo, adquiera bonos a cinco años, no tiene por qué esperar a que se cumpla el plazo para reembolsarse el principal más los intereses. Hay un mercado secundario en el que se pueden negociar esos títulos de renta fija. Y si el BCE cumple con las previsiones de que seguirá comprando deuda pública durante algún tiempo más, el precio de los bonos podría volver a subir y dar beneficios a aquellos inversores que compran para vender antes del vencimiento.

Por último, existen inversores extranjeros que apuestan por la depreciación de su divisa de referencia frente a otra, así que les puede compensar adquirir deuda con rentabilidad negativa. «Por ejemplo, un español que espera que el dólar se aprecie frente al euro puede comprar bonos americanos denominados en dólares que coticen en el mercado con una rentabilidad negativa. Si la jugada sale bien, la subida del dólar compensara el efecto adverso de la rentabilidad negativa del bono en sí», sostiene López-Gálvez.